Infiltrado en el KKKlan (Black Klansman: Race, Hate, and the Undercover Investigation of a Lifetime, Ron Stallworth, 2014, Capitán Swing, 2018)

Spike Lee tiene película nueva. Se titula Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman) y seguro que habéis oído hablar de ella, entre otras cosas porque ha ganado el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. Se basa en una historia real y traslada a imágenes un libro escrito por el propio protagonista del caso original y editado en España, por Capitán Swing, hace bien poco con el mismo título que la película.

El nombre original de la obra quizás sea más clarificador en cuanto a su contenido: Black Klansman: Race, Hate, and the Undercover Investigation of a Lifetime (2014). Aunque a estas alturas todos sabemos de qué va la cosa: de un policía negro infiltrado en el Ku Klux Klan en la década de los 70. Los trailers y las críticas nos lo han contado ya. Pero en el libro hay mucho más que ese punto de partida estrafalario y que podría haber dado pie a una simpática comedia de acción, algo que llamó la atención de Spike Lee y que le llevó a adaptarla en su regreso triunfal al cine más combativo (tras unos años perdido en cintas comerciales de desigual calidad). Esta biografía parcial del detective Ron Stallworth habla principalmente de la raza y de la manera que tenemos de enfrentarnos a los prejuicios y a la intolerancia.

Portada de la edición original el libro, editado en el 2014 en EEUU.

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El libro arranca en 1978, cuando Ron Stallworth (el primer detective negro del Departamento de Policía de Colorado Springs) encontró un anuncio clasificado en un periódico local pidiendo a todos los interesados en unirse al Ku Klux Klan que se pusieran en contacto a través de un apartado de correos. Al contestar sólo esperaba que le mandaran un folleto con el que tomar conciencia de la infraestructura que el Klan tenía en la ciudad, por eso ni se molestó en dar un nombre falso. Unos días después lo llamaron por teléfono y comenzó así una de las investigaciones encubiertas más extrañas e increíbles de la historia, mantenida en secreto hasta hace unos años, cuando el jubilado detective concedió una entrevista a un periódico de Utah.

La historia de este policía, su entrada en el cuerpo, sus primeras misiones, su relación con sus compañeros (blancos) y los pormenores de la infiltración en el Klan están escritos (de manera clara y amena) con la loable finalidad de demostrar que los que odian son estúpidos y que quienes los combaten no. Así planteado, la lucha contra la segregación, el racismo y la intolerancia no es una cuestión de poder, sino de querer, de tener la voluntad de que el mundo sea un lugar mejor para vivir.

Los que odian son imbéciles. Esa es posiblemente una de las razones que llevaron a Spike Lee a adaptar este maravilloso libro, porque esta idea sacada de lo que pasó en 1978 sigue siendo igual de válida hoy en día en la América de Trump. Y también en nuestra vieja y reseca Europa.

Portada de la edición española, publicado por Capitán Swing en el 2018.

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El libro abre un debate jugoso y actual: ¿está bien reírse del fascismo? El hecho de colocar a racistas y locos de as armas en el centro de la diana les da una notoriedad que en ocasiones puede ser peligrosa (y ahí está el argumento de que Donald Trump empezó a subir en las encuestas gracias a las burlas e imitaciones que recibía en el Saturday Night Live). Que unos snobs urbanitas se rían de ti, no sólo no daña la opinión que los que no son snobs urbanitas tienen de ti, sino que ayuda a que te identifiquen como lo contrario de lo que ellos representan y eso te de popularidad y finalmente poder. La tesis de Stallworth es otra: si se comportan como payasos, llámales payasos; durante años te hubieran matado por hacerlo, no es bueno vivir con miedo.

En un momento de la investigación, cuando el detective negro habla con el Gran Mago del Klan por teléfono haciéndose pasar por otra persona, el autor reconoce que “era complicado aguantarse la risa al hablar con David. También me costaba callarme mis verdaderas opiniones. No era fácil tomarse en serio un racismo tan flagrante. Sonaba demasiado tonto”. En otro momento describe al grupo diciendo que “era como si Daniel el Travieso dirigiera un grupo racista”, por el hecho de tener saludos secretos o que se copiaran los métodos para quemar cruces de las películas de 007.

Uno de los carteles publicitarios de la película de Spike Lee.

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En 1978 el KKK empezaba una reconstrucción altamente significativa: dejaba de ser un grupo violento y aspiraba convertirse en un partido político. Otra de las brillantes tesis de este Infiltrado en el KKKlan es que el poder es un factor importante en las relaciones raciales, sin él no puedes hacer nada y, por muy fuertes que sean tus convicciones, estás a merced del que está en una posición de poder (ya seas miembro de las Panteras Negras o del Partido Nazi Americano). La placa que lucía Ron Stallworth le daba una autoridad sobre todos los miembros del KKK a los que se enfrentaba que no poseería si los atacara desde fuera de la legalidad. A partir de esta fecha la lucha contra el racismo se transformó en una carrera por ver quien se situaba más alto en el escalafón político y administrativo de los EEUU. El libro es una obra desde el Sistema, pero no complaciente con él. Señala sus taras e irregularidades, pero pretende ser una muestra de que dentro de él se puede combatir contra el MAL. No se trata de hacer un Tío Tom, pero el propio Stallworth reconoce que es importante saber qué batallas emprender. Spike Lee seguro que tiene mucho que decir sobre esto y, aquí, libro y película difieren y comienzan una pequeña dialéctica necesaria y, sobre todo, actual.
Quizás lector y espectador tengan que elegir un bando y, sin embargo, todos sabemos que, más allá de lo que decidan, un payaso que haga payasadas seguirá siendo un payaso, aunque llevé una túnica blanca y el rostro tapado.

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No hay muchas cruces ardiendo en este libro. Ni armas, ni actos criminales. Sólo el repaso a una investigación de inteligencia antigua y una reflexión final aterradora: hubo pequeñas victorias, pero la guerra continúa. La alt-right contemporánea es la heredera espiritual del Klan, el pensamiento de Trump hermana con el de los líderes nazis de 1978, y es necesario seguir luchando dentro o fuera del Sistema.

Y recordad que si veis a un payaso haciendo tonterías…

Daniel Lasmarías

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