Emociones baratas # 8- Mato mucho porque no me queda otra

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¡Baratos saludos! El olor a pólvora flota por las oficinas de EPB y eso quiere decir que toca volver a ese género tan visceral y masculino como es el de los justicieros y sus derivados anti terroristas. Pese a ser un género tan netamente anglosajón, hoy en Emociones baratas retomamos a un peculiar personaje del país vecino y descubrimos un nuevo anti héroe de factura patria. ¡Rezad lo que sepáis, mindundis!

Coburn (Pablo García Naranjo, 2015, Tyrannosaurus Books)

290-thickbox_leobookQuién iba a decir que las listas automáticas de recomendaciones de algunas redes sociales a veces funcionan. Por cada quinientas veces que Spotify te recomienda escuchar alguna tonadilla de Don Omar (gracias, pero nein) , hay una en la que Goodreads te sorprende con cosas como esta obra. La gente de Tyrannosaurus Books ya deja clara desde la portada las intenciones de este libro, el cual describen como “una electrizante novela deudora del mejor cine de vigilantes”. En fin, lo que ya sabíamos de siempre; al final los círculos se cierran, y si Mack Bolan y Don Pendleton inspiraron a varios justicieros cinematográficos, Coburn viaja por el camino inverso llevándose por delante a quien haga falta.

Leer ésta novela ha sido una gozada; en sus ajustadas doscientas y pocas páginas se desarrolla una historia simple pero muy bien contada. Nuestro protagonista homónimo, un asesino cincuentón que trabaja para un mafioso judío en la Nueva York de finales de los 70, se ve traicionado por su jefe y decide poner tierra de por medio huyendo a la costa oeste. Pero un desafortunado encuentro le hace cargar con un nuevo y dudoso trabajo; encontrar a la hija extraviada de una mujer moribunda y vengar su muerte si hace falta. La chica acabó dando con sus huesos en una productora de cine porno extremo que vende películas snuff a ricachones aburridos y que tiene en nómina a dos policías corruptos apellidados Voight y Buchinsky (si os gusta el género ya habréis el obvio guiño del segundo) que son tanto o más peligrosos que Coburn.

El autor mantiene un tono sombrío y sórdido durante toda la novela salpicado por referencias bien medidas que, por suerte, no la convierten en un campo de minas de guiños postmodernos, una cosa de la que a veces la ficción retro abusa sin misericordia. Y para falta de ídem, la de sus escenas de acción, muy violentas y con todo lujo de detalles (huesos crujiendo, chorretones de hemoglobina, gente meándose y cagándose encima) y en las que el autor sabe guiarnos hábilmente con la economía justa de recursos y sin que la cosa se salga de madre. Y en resumen, creo que eso es lo mejor de Coburn; su fluida, compacta y eficaz narración, totalmente bien engrasada y que lleva de un punto a otro sin ningún descanso, pero con las suficientes pinceladas de caracterización en sus personajes principales para que estos no se conviertan en meros monigotes de galería de tiro para su protagonista. Si hay que firmar en algún sitio para leer una segunda aventura del personaje, podéis contar con mi pluma.

The Beast (TNT # 2, Doug Masters, 1985, Charter Books, 1978, Edición original francesa)

TNT BeastQuién sí tiene una segunda aventura es nuestro inefable Tony Nicholas Twin, y no puede empezar de manera más inmediata y loca. Drogado y atado, TNT despierta dentro de un avión en piloto automático que se va a estrellar en Kazajistán. Arnold Benedict, su malvado “jefe a la fuerza” ha vuelto a raptar a su hija October y le obliga a llevar a cabo una peligrosa misión encomendada por el gobierno Chino; liberar a un terrorista anti-soviético de una impenetrable prisión kazaja, llamada “el corazón”. Pero Benedict se marca un “dos por uno” y acepta otro trabajo de la CIA; extraer a un científico ruso, Vilunskhas, que ha creado una especie de super aleación metálica indestructible. No os creáis que Benedict pide mucho por este trabajo; con la CIA no concretan, pero de los chinos solo quiere un jarrón de la dinastía Ming para su apartamento.

Después de que TNT aterrice aparatosamente se reúne con un grupo de forzudos capitaneados por un ruso de barba teñida, Valka, cuyo desconocimiento del inglés provoca hilarantes momentos de diálogo, así como con una sexy revolucionaria llamada Arkady (hermana del guerrillero a rescatar) que enseguida se siente loca por los huesos de, cómo no, nuestro protagonista. Aunque lo de protagonista es más bien discutible; TNT anda por las escenas sin pronunciar muchas frases, dejando que sus hostias hablen por él, ya que los autores (recordad que Doug Masters es un pseudónimo de dos escritores franceses, Pierre Rey y Loup Durand) deciden que los secundarios y villanos son más interesantes que ellos.

Y está en lo cierto, porque menudo plantel; encabezado por el jefe de la prisión, “El murciélago”, un coronel ciego de la KGB que puede ver las auras gracias a sus gafas de alta tecnología (¿Sandro Rey leyó esto?) con unas manías necrófilas algo desagradables. De hecho, en una de las salas del “corazón” tiene colgados los cadáveres de sus cientos de víctimas anclados a montones de cables de aluminio, por lo que si alguien pasa por allí tiene que andar agachado y procurar no mover a esa multitud de cuerpos pestilentes. Este es un momento como cualquier otro para decir que justo en esa sala, después de haber superado algunas trampas como es habitual en esta serie de novelas, TNT le echa un polvo a Arkady ya que ésta reconoce no haber catado varón y, bueno, por si acaso, ¿no?

Otro de los magníficos secundarios es Vilunskhas, el científico loco ruso cuyos manierismos me recuerdan a un Donald Pleasance enajenado y que durante su cautiverio ha usado su super aleación (de un chillón color rosa) para rodear un reactor nuclear y crear algo a lo que llama “La bestia”, una especie de tanque con un colchón de aire que el equipo de Twin acaba usando para escapar de la prisión. Los capítulos posteriores son una locura, con montones de efectivos del ejército soviético intentando detener a la bestia sin ningún éxito, ya que ese mamotreto flotante de color rosa es, recordemos, indestructible, y Vilunskshas ríe como un maníaco conduciéndolo por el desierto mientras lo destruye todo y a todos. Quizá esta parte, pese a lo divertida que es, elimine un poco de emoción del asunto al no mostrar ninguna oposición a los protagonistas, pero la gracia de las novelas de TNT son estos momentos tan surrealistas netamente europeos y que remiten muchas veces al comic franco-belga más loco de los 70 y 80. Y con un estúpido giro de guión -TNT fastidia a Benedict intercambiando a Vilunskshas por Valka sin ningún motivo aparente- todos felices y contentos hasta la próxima misión que le obliguen a hacer a nuestro héroe, que por cierto aquí utiliza sus poderes extrasensoriales (y sexuales) más bien poco. Lo pillaron en un día flojo.

Víctor Castillo

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