El caso del anillo de los filósofos (The Case of the Philosopher’s Ring, Randall Collins, 1978)

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Para que un pastiche sobre Holmes y Watson de resultado, tengo la sospecha de que lo primero que debe hacer el autor es interiorizar al máximo posible las actitudes y características principales de sus dos protagonistas. No vale solo que Holmes repte por el suelo para encontrar una pista, exclame “¡eureka!” y que el buen Doctor le responda con una teoría equivocada: las claves de su éxito radican en la fuerte personalidad de ambos, muy por encima de los tópicos que todos conocemos. En ese sentido, existen varias novelas y relatos que usan a los dos personajes al servicio de la historia que quiere contar el autor, pero pasan por alto ciertas particularidades básicas de sus dos protagonistas o de su background. Sucedía en El caso del secretario italiano, de Caleb Carr –por citar una reciente y popular-, que tiene problemas ya en su propio título (vamos a ver, ¿no sería más lógico, tratándose de Holmes, llamarla “La aventura del…”?) pero que al menos la salvaba el interés de su trama, con altibajos, eso sí.

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Randall Collins

Por desgracia, en la novela que nos ocupa, ninguno de los dos aspectos mencionados funciona. Holmes y Watson parecen dos imitadores de si mismos intentando esclarecer una liosa, absurda y sobre todo aburrida trama en torno a los secretos de las eminencias científicas que da que pensar, incluso, en qué mala hora los editores de esta colección de Valdemar decidieron empezarla con títulos de este calibre que debieron suponer veneno para las ventas. En este mundillo el boca a boca es importante, coleccionistas de Holmes en España no somos tantos, y yo todavía no conozco a nadie a quién esta novela le haya gustado…

Pero sí existe un cierto valor en la novela: Randall Collins, doctor en filosofía, da la sensación de que haya escrito el libro en pos de su alumnado, como esperando en convertir en livianas, entretenidas, y llenas de acción, farragosas y teorías filosóficas difíciles de seguir salvo que uno sea un entendido del tema: esta es una de las claves, sospecho, para disfrutar de El caso del anillo de los filósofos, ser un conocedor de los Keyes o los Russell del libro, obviando el topicazo del villano final (empiezo a estar harto de tener a Crowley como villano, ya sea en Holmes o en otros libros y cómics).

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Pero el firmante, por desgracia, no lo es. Si estuviera bien escrita y bien llevada, quizá despertaría mi interés saber más sobre dichos personajes, pero consigue el efecto contrario: el sopor (por no mencionar el ridículo en la escena del homenaje a Alicia en el país de las maravillas que es para llevarse las manos a la cabeza y dejar caer el libro cuando uno la lee).

Mucho mejor lectura resulta como siempre, el complemento de relatos cortos humorísticos de Enrique Jardiel Poncela que completan la edición: Mi encuentro con Sherlock Holmes, La serpiente amaestrada de Whitechapel y El hombre de la barba azul marino. Divertidísimos, como siempre.

(Editado en España por la editorial Valdemar dentro de la colección Los archivos de Baker Street, nº4).

Javier J. Valencia

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