La extraordinaria familia Telemacus (Spoonbenders, Daryl Gregory, 2017, Blackie Books, 2018)

Hubo un tiempo en el cual la familia Telemacus estuvo en la cresta de la ola. Maureen era la vidente más poderosa del mundo, su hija Irene un detector de mentiras humano, su hijo Frankie poseía habilidades telekinéticas. El pequeño, Buddy, parecía haber adquirido el don de adivinar el futuro. Y su padre carecería de dones,  pero Teddy era el rey del as en la manga. Tuvieron su momento de gloria, y con sus poderes no solo encandilaron en las televisiones de Estados Unidos, sino a los propios servicios de inteligencia del país.

Pero veinte años después, en 1995, las cosas son muy diferentes. A raíz de la muerte de Maureen la familia entró en un perpetuo estado de desestabilización que les ha llevado por senderos poco halagüeños. Frankie tiene una deuda con el crimen organizado, Irene ve como todas sus relaciones se van al traste debido a su don y pierde su último trabajo, viéndose obligada a volver a vivir a casa de su padre para poder mantener a su hijo Matty. Y Buddy lleva años encerrado en sí mismo, actuando de manera que parece errática y misteriosa. Pero el descubrimiento de Matty de poseer el don de viajar astralmente, paralelamente a la aparición de un nuevo amor en la vida de Teddy, llevará a la familia Telemacus a toparse de nuevo con la CIA, con la mafia, con inquietantes visiones del futuro y con encuentros surgidos de los recién nacidos chats de internet…

Ah, los 70. La edad dorada de los poderes de la mente. Uri Geller era una estrella que presumía de presuntos dones telekinéticos  (de ahí la referencia en su título original, doblacucharas) a lo largo y ancho de las teles del mundo. Novelas como The Mesmerist (Felice Picano, 1978) o The Nightmare Candidate (Ramona Stewart, 1980), películas como Carrie (Brian DePalma, 1976, adaptando una novela de Stephen King) o La furia (mismo director en 1978, adaptando a otro popular escritor de novelas de terror, John Farris) o telefilmes como Control mental (“The Spell”, 1977) o Jennifer (Brice Mack, 1978) se aprovechaban de una moda que hizo furor. En la sección de anuncios de los cómics aparecían anuncios de objetos o incluso cursos que servían para mejorar las habilidades telepáticas. Volar o tener súper-fuerza estaba pasado de moda: ahora lo que se pretendía era mover objetos con la mente, doblegar la voluntad de los otros o conocer sus más íntimos secretos… Es en esa década –en absoluto dejado al azar- donde se sitúa el momento de gloria de la familia Telemacus, una unidad familiar de los cuales el 80% tiene verdaderos poderes y el que no lo sustituye con otros particulares talentos.

Pero es un breve destello al que solo se nos permite acceso mediante flashbacks, y a decir verdad del auge de los Telemacus se nos muestra más bien poco: será prácticamente lo opuesto, el inicio de una serie de desgracias que llevará a la familia a una suerte de caos (económico para algunos, emocional para todos) a mediados de los 90. Tampoco es casual la elección de esta época para narrar la historia en presente: una nueva generación (la X), aparentemente desinteresada de todo, la era del descreimiento, donde la teatral magia ha quedado reducida a un proverbial eco del pasado y donde su sustituta es la fría tecnología. Al menos en apariencia, ya que la entrada de nuevos sistemas de comunicación traerá consigo también la esperanza de nuevos romances. La extraordinaria familia Telemacus es también extraordinaria como lectura, al mostrar a una familia disfuncional, herida por los golpes de la vida y arrastrando el anhelo de sueños que nunca consiguieron, pero verdaderamente tierna –probablemente ha sido el libro con el que emocionalmente he conectado más rápido en los últimos meses-, adictiva, y muy, muy divertida –sí, hay tristeza en sus páginas, pero también una maravillosa comedia de personajes digna de leerse-. Oh, sí, tienen super-poderes. Pero realmente no parecen servirles de mucho. ¿Realmente alguien podría estar emocionalmente estable sabiendo constantemente cuando le mienten? ¿Podría alguien no ser visto como si le faltara un tornillo si su percepción del tiempo –uno de los aspectos más brillantes de la novela, por cierto- implicara percibir pasado, presente y futuro de manera intermitente?

Portada de la edición española (Blackie Books, 2018)

La extraordinaria familia Telemacus es la primera novela editada en España del autor Daryl Gregory (1965, EEUU), el cual ya lleva más de una década en su país ganándose una merecida fama como uno de los grandes escritores de ciencia ficción y fantasía norteamericanos del siglo XXI gracias a títulos como Pandemonium (2008) o The Devil’s Alphabet (2009) y recolectando premios gracias a sus cuentos y novelas cortas como el Shirley Jackson Award o el World Fantasy. Esperemos que esta primera traducción al castellano de su obra por parte de Blackie Books sea la primera de una larga lista… Si que se han visto en nuestro país sus incursiones en el mundo del cómic, tanto su colaboración con Kurt Buskiek Drácula: La corporación del mal (Norma, 2012) o sus expansiones en el mundo de las viñetas del universo de El planeta de los simios (Aleta, 2015-?), muy bien consideradas por la crítica comiquera y que reconozco que después de haber leído Telemacus pasan a subir casi a la cima de mi lista de lecturas prioritarias.

Conozcan a los Telemacus. Son tan parecidos a gente que conocen que empezará a pensar que tal vez tengan superpoderes. Si es así, tenga mucha paciencia con ellos, y aplíqueles una especial ternura. A lo mejor a cambio les devuelven una serie de vivencias tan extraordinarias, intensas y adictivas como la novela de Gregory.

Javier J. Valencia

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