El dios asesinado en el servicio de caballeros (Sergio S. Morán, 2016, Fantascy)

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Verónica, alias Parabellum, es detective paranormal y debe enfrentarse a todo tipo de criaturas en su trabajo. Pero detener una guerra entre dioses griegos y nórdicos puede ser demasiado incluso para ella.

Verónica Guerra se acaba de encontrar el cadáver de un dios griego en el maletero del coche y no recuerda qué hace ahí. Pero Verónica es detective paranormal y eso no es lo más raro que ha visto.

Todo apunta a que ha sido apuñalado en un caso más de peleas de bandas entre panteones mitológicos y mucha gente parece interesada en que no lo remueva más de lo necesario. A Verónica le gusta su trabajo y un misterio así puede ser difícil de ignorar; aunque quizá no tanto cuando hay facturas que pagar y otros casos que resolver.

El problema es que tras el descubrimiento del cadáver los acontecimientos se precipitan, con el riesgo de que dos facciones divinas acaben declarándose la guerra en pleno centro de Barcelona. Verónica tendrá que vérselas con valkirias, vampiros, fantasmas y duendes irlandeses y evitar acabar siendo convertida en piedra si quiere resolver el caso. Y todavía debe sacar tiempo para llevar su coche a pasar la ITV.

No es una semana fácil para Verónica. Pero nadie dijo que ser detective paranormal fuera un trabajo fácil.

Sergio S. Morán (Reus, 1984). Asturiano de adopción, estudió Ingeniería Informática aunque pronto cambió el mundo de los ordenadores por el de los dibujos. Ha trabajado como guionista de cómic en las revistas El jueves y Orgullo y Satisfacción. Es uno de los pioneros del cómic online en España y creador de ¡Eh, tío!, que cuenta con más de diez años de trayectoria. También es guionista de El Vosque, una historia sobre hadas borrachas y asesinatos que ha enganchado a miles de lectores tanto en digital como en papel.

Lo primero que llama la atención de la novela es el inicio. El cadáver de un dios en el maletero, y una protagonista con amnesia. Esto da paso a una trama típica y tópica de novela negra, que involucra la búsqueda del asesino, lo que lleva a una nueva subtrama, que a su vez lleva a un mega-villano recurrente. Sin sorpresas por esta parte, pero nada malo ni grave, ya que muchos de los grandes hacen esto. Dan a su lector lo que su lector busca, sin innovar porque es algo que funciona.

La narradora en primera persona, Parabellum, funciona la mayor parte del tiempo como una parodia de los típicos detectives noir. El autor juega con los clichés, aunque los retuerce para matizar a la protagonista. Durante la primera mitad de la novela resulta muy amena, ocurrente y graciosa, con su humor ácido y cínico. Pero conforme la trama se vuelve más seria, y se nos intenta convencer de la gravedad del asunto, Parabellum se vuelve un poco intrusiva, constantemente acotando lo que ocurre con sus ocurrencias personales que van perdiendo gracia, por saturación. Recuerda al Spiderman de los comics, que mientras esquiva las embestidas del villano de turno, hace comentarios graciosos sobre su madre. El autor lo hace con conocimiento de causa, no lo dudo, pero el intrusismo y el humor acaban cansando y volviéndose repetitivos. Si estuviera mucho más dosificado sería mejor, ya que en ocasiones hay un chascarrillo en cada párrafo.

Es una novela orientada a la investigación y a la acción, con escenas y combates muy visuales, que son trasladados a la imaginación del lector con claridad. El autor es preciso en sus descripciones de combate, aunque ahorra mucho en adjetivos cuando tiene que describir personajes o lugares.
Una nota personal: Sr. Morán, si saca un centauro hindú con poderes de magnetismo sexual frente a una detective, yo espero al menos el inicio de algo “hardcore”, al estilo de esas entretenidas películas con títulos como “Mi Husky y yo”. Ha frustrado mis expectativas.

Sergio Sánchez Morán

Sergio Sánchez Morán

Al margen de la imperdonable ausencia de bestialismo, es una novela que se deja leer, amena y de lectura rápida. No pasará a la historia, ni ganará ningún gran premio, eso que quede claro, pero tiene cierta cualidad “cinematográfica”: es palomitera y muy visual. A nivel literario es correcta. Propone ocio ligero, y es lo que da.

Mis conclusiones “picaditas”:

Lo bueno:
– Buen ritmo. La trama se desarrolla de forma fluida, y comienza fuerte, con el cadáver de un dios asesinado en un lavabo. La novela engancha rápido, y mantiene el interés, saltando de escena en escena con agilidad.

– El narrador en primera persona (Parabellum) es un personaje con mucha personalidad. Absorbe toda la atención con comentarios ingeniosos y abundantes bromas, aunque en ocasiones son demasiado “de comic” y el tono se vuelve paródico, lo que hace que la verosimilitud interna se resienta, si lo que se busca es algo un poco más serio. Aún así, es el responsable de mantener atrapado al lector, y lo hace con solvencia.

Lo malo:

– Escasa originalidad y desarrollo previsible. Parece un episodio o un comic de una serie de detectives sobrenaturales, tipo “Supernatural”, “Hellblazer”, la saga de “Anita Blake”, etc. No hay ninguna sorpresa y el desenlace se ve venir desde lejos. No es grave, dado el género, igual que nadie se sorprende en los desenlaces de los ejemplos antes mencionados.

– Poca ambientación. Desaprovecha Barcelona como localización, y la mitolog-ía ibérica para la novela. Salvo un bar donde acuden los sobrenaturales, y el estadio de fútbol del final, no se nos describe prácticamente nada de la ciudad condal. Hubiera sido interesante aprovechar diferentes rincones de Barcelona y jugar con los seres mitológicos autóctonos, o presentar seres de fantasía de otros rincones más cercanos. Yo soy de Cantabria, y se me ocurren decenas de allí, entre dragones, hadas, faunos y cíclopes… (respectivamente: culebre, anjana y trastolillos, ojáncano…). O si nos queremos poner conflictivos y me-diáticos, una guerra entre mitologías hispánicas y catalanas.

Ni bueno ni malo:

– La narradora es un punto fuerte, en su justa medida. Las primeras cien pági-nas resultan ocurrentes e interesantes, las cien siguientes empieza a hacerse repetitivas, y al final es mejor pasar de ella, porque se vuelve incluso molesta, y rompe el ritmo con sus acotaciones. Es muy subjetivo, y habrá a quien le encante, pero personalmente me hubiera gustado más contención en determinadas escenas.

En resumen, ritmo de comic y lectura ligera. Que cada cual juzgue si es lo que busca, y no hay forma más fácil que echar un vistazo. Aquí tenéis un extracto gratuito para descubrirlo.

Carlos J. Díaz

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