15 viajes en el tiempo que debes leer (II)

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Con esta segunda entrega de 15 viajes en el tiempo que debes leer, concluye este ranking de novelas y relatos de ciencia ficción. Pasen y vean que libros lideran esta carrera fantástica por lo más representativo del subgénero. Espero que se lo hayan pasado tan bien leyéndolo como yo escribiéndolo y si he podido descubrirles o refrescarles alguna que otra joya me doy por satisfecho. Recuerden que pueden repasar la primera parte de este top 15 pinchando sobre el siguiente enlace: 15 viajes en el tiempo que debes leer (I)

8- VOLVER A EMPEZAR (Replay, Ken Grimwood, 1987)

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El viejo dilema. Si volvieras a empezar tu vida desde, pongamos, la universidad o tu primer trabajo, recordando todo lo acontecido a posteriori ¿harías exactamente lo mismo? ¿Y si la pudieras repetir una y otra vez acumulando toda esa experiencia? Tal vez en la primera repetición aprovecharías para hacerte rico invirtiendo en google, en la segunda tratarías de evitar el atentado a las torres gemelas y en la tercera te alcoholizarías en Las Vegas. No es exactamente lo que sucede en esta novela –es lo primero que se me ha ocurrido a mi–, pero por ahí van los tiros. La historia empieza en 1988. Jeff Winston es un tipo que muere de un ataque al corazón a los 43 años y despierta con 18 en plena etapa universitaria, en 1963. Esta novela juega en la liga de En algún lugar del tiempo, de Richard Matheson. Aquí no hay máquina del tiempo y estamos tan perdidos como el protagonista. Imaginen un episodio de Twilight Zone ampliado y que va más allá de la simple anécdota, deteniéndose en la reflexión y buscando el sentido a la vida. Es muy amena y colosal en su sencillez. Una pequeña obra de arte en la cual se habla mucho de la soledad y de los anhelos del hombre, pero también del sexo y del amor, del mortal y del que trasciende el tiempo (si leen o han leído la novela me entenderán perfectamente). Y no se crean, pese a que las cosas se “repitan”, la forma en que está escrita tiene miga. Grimwood narra diferentes etapas en la vida de Jeff Winston y solo revisitaremos algunos pasajes muy concretos y necesarios. La impresión final es la de una vida de más de un centenar de años que transcurre siempre en el mismo periodo de la historia que abarca unos 25 años. El día de la marmota en una versión más seria –por supuesto la película Atrapado en el tiempo le debe mucho a esta novela–. Resumiendo mucho: Volver a empezar es ese libro de ciencia ficción que le recomendarías a alguien que no le gusta la ciencia ficción y que a la vez satisfará a los fans más acérrimos de la misma.

7- LOS HOMBRES QUE ASESINARON A MAHOMA (The Men Who Murdered Mohammed, Alfred Bester, 1958)

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Un científico loco –tiene que estar bastante loco para hacer lo que hace– encuentra a su mujer en brazos de otro hombre. Su ataque de celos le impele a inventar y construir una máquina del tiempo para viajar hacia el pasado y asesinar al abuelo de su esposa en un intento de alterar el presente. Pronto descubrirá que su homicidio no ha servido de nada y que sigue llevando cuernos. Tal vez tenga que retroceder un poco más y matar a algún otro tipo. Y si eso tampoco funciona, habrá que seguir viajando y quitar de en medio a mucha más gente. Un buen científico –y más si es un genio loco–, debe estudiar la causa y el efecto empíricamente y cuantas veces sean necesarias. Alfred Bester es uno de los nombres clave de la literatura de ciencia ficción. Autor de las rotundas El hombre demolido y Las estrellas mi destino –dos de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos–, traza con este relato corto un pequeño juego que se convierte en su tesis sobre las paradojas temporales y en una de sus historias más divertidas y alocadas. Todo en uno. Con pocas descripciones y muchos diálogos el relato se va construyendo en torno al desconcierto del científico, capaz de ir cada vez a más en su furia “cronicida”, ya no por la venganza, sino por descubrir porque diantres no hay manera de cambiar la historia por más que se empeñe en ello. Y todo esto lo hace en 15 páginas desternillantes, con su particular estilo a la hora de escribir relatos –más pulp que el de sus novelas pero igual de interesante–. Lo bueno del caso es que a este señor le encantaban los viajes en el tiempo y se dedicó a escribir mucho más sobre el tema. Los hombres que asesinaron a Mahoma está en la cima, pero La opción de Hobson, El orinal floreado, Acerca del tiempo y la Tercera Avenida, El tiempo es el traidor o La presión de un dedo le van a la zaga (muchos de estos relatos, incluido el que nos ocupa, se pueden leer en la antología Irrealidades Virtuales publicada en 2003 por la editorial Minotauro).

6- HE AQUÍ EL HOMBRE (Behold the Man, Michael Moorcock, 1969)

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Tal vez a muchos les suene a herejía, pero he leí algunos de los libros más renombrados de Moorcock y nunca me parecieron nada del otro jueves. No me interesó demasiado el famoso Multiverso que construyó con esmero en sus obras de fantasía heroica y tampoco entendí las alabanzas que le dedicaba continuamente Alan Moore, más allá de que sean buenos amigos. Hasta que leí este libro. Entonces todo cobró sentido. Karl Glogauer es un señor introvertido, con importantes y justificados traumas infantiles y cierta tendencia al misticismo que decide viajar atrás en el tiempo –concretamente al año 29– para conocer a Jesucristo y ser testigo de su ejecución. Le obsesiona de una manera casi perversa la crucifixión en sí misma, pero también desvelar los misterios y tergiversaciones que plantea el nacimiento del cristianismo; todo ello unido a un intenso sentimiento de culpa inherente a su educación católica y a una vida sexual más bien triste. Atacar esta potente premisa tiene mucho riesgo, pero Moorcock lo supera con creces gracias a una prosa sencilla y a un discurrir equilibrado de los acontecimientos. Se puede acusar a la historia de tener un final predecible, o de no hacer especial hincapié en el aspecto científico o técnico del viaje en el tiempo de nuestro protagonista, pero eso es en verdad lo de menos. El lector se sentirá en todo momento interesado en los planteamientos filosóficos y religiosos que se debatirán ante sus ojos gracias a lo que Karl Glogauer vivirá en la Galilea del siglo primero, pero también gracias a los flashbacks que le permitirán conocer más a fondo al personaje y su vida en el Londres del siglo XX. La sencillez entre estas transiciones, que discurren aleatorias pero fluidas a lo largo de toda la narración, hacen que el lector sepa en todo momento en qué momento temporal se encuentra y comprenda mejor las motivaciones del personaje. A su vez, también encontramos pequeños versículos del Nuevo Testamento que aparecen para reforzar algunas escenas clave. Pese a toda la carga new wave que la impregna, He aquí el hombre mantiene plenamente vigente el espíritu de controversia con que fue concebida a finales de los sesenta. No se qué se habría fumado Moorcock el día que escribió la escena en la que Karl Glogauer conoce por fin a Jesucristo, pero es de lo mejorcito que he leído nunca. En otros tiempos se habría ganado una horrenda ejecución en la plaza pública.

5- EL FIN DE LA ETERNIDAD (The End of Eternity, Isaac Asimov, 1955)

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La Eternidad es una organización exclusivamente masculina que tiene por misión controlar el flujo temporal. Sus miembros son los Eternos y Walter Harlan es uno de ellos. Dicho grupo está formado por agentes de diferentes países y épocas de la humanidad que pueden viajar al pasado o al futuro practicando pequeños cambios para asegurar un mayor bienestar al género humano. Estos cambios mínimos necesarios (llamados CMN) deben llevar a un cambio máximo deseado (CMD) que puede llegar transcurridos varios siglos. Todo está estudiado y calculado por potentes ordenadores llamados computaplex y sujeto a férreas normas. Harlan se arriesgará a incumplir las directrices cuando entre en juego Noys Lambert, una mujer del siglo 482 de la que se ha enamorado. Asimov logró con El fin de la eternidad una de sus mejores novelas –a la altura de La saga de la Fundación o Los propios dioses– y una de las más completas en cuanto a viajes y paradojas temporales. Ha envejecido un poco más que otros relatos de viajes en el tiempo de la misma época precisamente por hablar con mucho más rigor científico que sus coetáneos (varias de las teorías y divisiones jerárquicas científicas y militares en las que se apoya la novela han sido ampliamente superadas). A pesar de ello la historia tiene fuerza y plantea los suficientes interrogantes para funcionar completamente ajena a ello. Aquí lo que vamos a ver son paradojas explicadas y analizadas al detalle, debates sobre los limites del control humano sobre la sociedad y una reivindicación de la libertad al viejo estilo Asimov. Tienen razón los que acusan al autor de no profundizar en sus personajes y de olvidar la parte artística de la obra. Asimov no pule las aristas. Pretende divulgar ideas y conceptos y todo lo demás es una excusa, un mero vehículo al servicio de la trama. La mayoría de las obras que reseño en este ranking utilizan el viaje en el tiempo como excusa para contar una gran historia sobre la condición humana pero en esta se habla de viajes en el tiempo per se. El fin de la eternidad es ciencia ficción dura pero muy sencilla de leer, un verdadero tratado sobre viajes en el tiempo camuflado como novela. A pesar de sus carencias me resulta apasionante y uno de los mejores libros sobre paradojas temporales que se han escrito jamás.

4- PUERTA AL VERANO (The Door Into Summer, Robert A. Heinlein, 1956)

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Y por fin llegamos a Heinlein, el único escritor que aparece dos veces en este ranquing. Uno de los grandes de la ciencia ficción –sino el más grande– y tan versado en el subgénero de viajes en el tiempo como Fredric Brown, Alfred Bester o Isaac Asimov. Escribió varias novelas y relatos de viajes en el tiempo brillantes, siempre jugando con la paradoja y el ingenio. En Puerta al verano, una de sus mejores novelas, encontramos al Heinlein más cercano e intrascendente, alejado de las grandes polémicas y provocaciones en las que le gustaba nadar a menudo. Esta novela es puro entretenimiento, sin más, pero es muy satisfactorio. Dan Davies es un prometedor ingeniero de 1970 (el libro está escrito en los 50) que inventa algunos robots especializados en tareas domésticas. Tras ser traicionado por su novia y su socio entra en depresión y se hace criogenizar 30 años por una empresa (en el 1970 de Heinlein ya existe tal tecnología) en espera de tiempos mejores. Cuando despierta descubre un mundo futuro y cibernético en el cual no tiene cabida y en el que todo parece haberse desarrollado a partir de sus antiguos diseños. No tardará en conseguir una máquina del tiempo inventada por un científico todavía desconocido para viajar al pasado y arreglar el entuerto. A partir de ahí Heinlein empieza a jugar con el tiempo y las paradojas con su mejor estilo y un fino sentido del humor. También hay un gato –casi siempre hay un gato en las novelas de Heinlein–, llamado Petronius Arbiter, que es un personaje más de la historia y además le da el título a la misma. No les contaré qué significa, eso ya lo descubrirán cuando lean esta simpática novela, pero les diré que el gato busca su puerta al verano y el protagonista le va a la zaga. Y yo también. Todos buscamos nuestra puerta al verano.

3- LA FLOTA VENGADORA (Vengeance Fleet, Fredric Brown, 1961)

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Fredric Brown escribió mucho y muy bien. Se dedicó a experimentar con la literatura popular y nos dejó un buen puñado de novelas negras que son para enmarcar (en estas mismas páginas les hablé de la imprescindible La noche a través del espejo). También se dedicó profusamente a la ciencia ficción, siempre con mucho ingenio y grandes toques de humor. Algunos de sus relatos derrochan imaginación por los cuatro costados y casi todos son una delicia. Escribió muchos sobre viajes en el tiempo (les recomiendo encarecidamente los cuatro volúmenes que editó Gigamesh con sus obras completas de ciencia ficción para que lo comprueben) pero La flota vengadora me parece de traca. Es un micro-relato que no llega a las dos páginas –lo pueden leer de pié en el FNAC si mucho me apuran– y en el cual habla de viajes espaciales, el fin del mundo, el universo y un viaje en el tiempo. Y todo muy circular y muy bien apañado. Imposible aburrirse. Si hacemos un loop con el relato podremos conocer el infinito y acabar como en el día de la marmota. Me he pasado, pero es que Fredric Brown me gusta mucho y este relato –aunque hoy en día resulte un tanto previsible– es un buen ejemplo de su prosa y su talento. Otro buen ejemplo sería Juego de espejos, uno de los relatos más “realistas” sobre viajes en el tiempo que he leído. Sin paradojas de ningún tipo. Hay muchos más, pero no terminaríamos hasta pasado mañana. Nunca me cansaré de reivindicar a este autor.

2- LA MAQUINA DEL TIEMPO (The Time Machine, H. G. Wells, 1895)

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Todo empieza con una cena. En ella, un científico de finales del siglo XIX les cuenta a sus escépticos comensales que ha construido una maquina capaz de viajar en el tiempo y que ya la ha probado. Ha viajado hacia el futuro para descubrir el ocaso de la humanidad. Varado en el año 802.701 de nuestra era ha conocido a los Eloi y a los Morlocks. Los primeros son bellos y gráciles y viven en una aparente utopia sobre la superficie de la tierra. No les falta comida, ropas ni diversión y muestran signos evidentes de debilidad mental. Los segundos son monstruosos y zafios y habitan en las entrañas de la tierra cebando y alimentándose de los Eloi. Nuestro viajero del tiempo todavía va más lejos en el futuro cuando recupera la máquina y huye de los salvajes Morlocks, para acercarse peligrosamente al final de la humanidad. Aquí tenemos por fin a H. G. Wells, uno de los padres fundadores de la ciencia ficción. Esta novela inaugura el subgénero tal y como lo conocemos actualmente, por más que existan algunos ejemplos anteriores de vagos viajes en el tiempo. Aquí tenemos científico y tenemos máquina. Tenemos además una grandísima novela de aventuras de esas que hay pocas y de esas que hay que leer. Wells era un progresista, un señor avanzado a su tiempo que en todas sus obras nos quiere contar algo con un objetivo moralizante. Aquí la cosa va de lucha de clases llevada al extremo. Los Eloi y los Morlocks. Unos descienden de las clases acomodadas y los otros de la clase obrera. La utopia de los idiotas en la superficie y la dictadura del lumpen proletariado bajo tierra. Nos puede interesar o no, pero por encima de todo está el sentido de la maravilla, el ansia de conocimiento y la aventura por la aventura. No se crean que Wells no sabía vender su producto.

1- TODOS VOSOTROS, ZOMBIES (All Yoy Zombies, Robert A. Heinlein, 1959)

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Es muy difícil hablar de este relato corto sin hacer spoilers a tutiplén. Si no lo han leído les recomiendo que no sigan adelante con esta reseña, el cuento solo tiene 15 páginas y es muy fácil de encontrar. Ya saben que San Google es divino en su misericordia. Nuestro protagonista es un agente del tiempo camuflado de barman que solo tiene una misión en 1970: debe escuchar la historia que le cuenta un vagabundo alcohólico y después trasladarlo al pasado (1964) para que este pueda establecer una relación con una chica huérfana a la que dejará embarazada de una niña. En este punto, el agente temporal tendrá que trasladarse unos meses hacia el futuro (1964) con la finalidad de secuestrar a la niña recién nacida y tras viajar un poco más lejos al pasado (1945) dejarla al cuidado de un orfanato. Hay algún cambio de sexo en medio de todo el proceso y básicamente el vagabundo que entra al bar en 1970 es su propio abuelo y su propia abuela. Y también es el agente especial. Y todos los personajes son él. Y todos vosotros… ¡zombies! Madre mía, que dolor de cabeza. Necesitaría saber dibujar para mostrar tamaña paradoja en un árbol genealógico y que resultara comprensible para mí mismo. Y ese es el quid de la cuestión, la Gran Paradoja, así con mayúsculas. Y por eso el protagonista de la historia lleva un anillo con la serpiente Uróboros –la serpiente del mundo que se muerde eternamente la cola–. Y por eso en el bar suena la canción country Yo soy mi propio abuelo. Desde el principio Heinlein nos conduce hasta ahí, diseminando sus pistas con humor y mala leche. Podemos acusar al relato de tener un cierto tufo a misoginia, e incluso de utilizar un humor y un tono un poco desafortunados –se trata de Heinlein, esa paradoja en si mismo, cargado de prejuicios y a la vez tan abierto de mente–, pero estamos sin duda ante uno de los mejores relatos de la edad de oro de la ciencia ficción, y eso no es ninguna broma. La paradoja definitiva en apenas 15 páginas.

Dani Morell

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