Una princesa de Marte – Edgar Rice Burroughs (1912)

En estos tiempos que corren, donde la furibunda cruzada de lo políticamente correcto se cuela en todos los ámbitos de nuestra sociedad sin que sus propios adalides sepan muy bien de lo que hablan o adonde pretenden llegar, resulta prácticamente imposible acercarse a esta novela, primera de una larga saga, sin tachar a su autor Edgar Rice Burroughs de reaccionario, machista o directamente racista. Lo enrevesado del caso es que efectivamente toda la literatura de este señor, nacido en Chicago a segunda mitad del siglo XIX, rezuma cierto tufillo retrogrado del cual el sofisticado lector actual no podrá abstraerse totalmente. Sin ser mi intención justificarlo, debemos situarlo en su contexto.

Una princesa de Marte fue la opera-prima de Edgar Rice Burroughs, y la que lo lanzó a la fama en un primer momento (posteriormente alcanzaría un mayor grado de reconocimiento por la saga de Tarzán). A su vez, fue lo que le sacó a él y a su familia de la situación de precariedad económica en la que se encontraban desde hacía más de una década (1). La novela, que en un primer momento apareció publicada por entregas bajo el título Under the Moons of Mars (Bajo las lunas de Marte), nos cuenta la historia de John Carter, un soldado del bando sudista en la guerra civil norteamericana que se ve obligado a buscar refugio en una cueva al ser acosado por un grupo de indios furiosos en el desierto. En su improvisado escondite sufrirá una suerte de desdoblamiento astral que lo llevará directamente a un planeta llamado Barsoom por sus habitantes y que más tarde identificaremos como Marte. Poco a poco Carter experimentará la fuerza sobrehumana que le confiere la menor gravedad del planeta, lo cual le permite saltar decenas de metros entre muchas otras proezas. Asimismo conocerá a la raza predominante de la sociedad marciana, los llamados Tharkianos, que pronto se revelaran como sus contumaces enemigos. Dicha especie, formada por indómitos humanoides verdes provistos de cuatro brazos, rinden culto a su líder Tars Tarkas, acaso el más villano entre los villanos a los que se enfrentará John Carter. Por supuesto, en su periplo conocerá a Dejah Thoris, la bellísima princesa que da nombre al libro y digna representante de la raza de los Hombres Rojos, una especie prácticamente idéntica a la humana si exceptuamos el color de su piel y su pasmoso sistema de reproducción ovíparo (habéis leído bien), con quienes nuestro protagonista se alineará de inmediato (2).

A partir de aquí, Burroughs se erige en creador absoluto de un universo desbordado y maravilloso, más cercano a la fantasía que a la ciencia ficción, y precursor de un género que en ocasiones se ha dado en llamar “Sword and Planet”. La deliciosa mezcla entre lo tecnológico y lo bárbaro, tanto en los ropajes como en los vehículos, y sobretodo en las siempre presentes armas, fueron referentes determinantes que inspiraron obras posteriores como el Flash Gordon de Alex Raymond, al Almuric de Robert E. Howard e incluso al Superman de Jerome Siegel y Joe Shuster (3). Los personajes de esta primera novela de Burroughs son sencillos pero están solidamente descritos y se desenvuelven de forma coherente y meditada. La trama es también muy simple pero se mantiene, a menudo, por encima de la media en este tipo de literatura de la época. No nos vamos a engañar, Burroughs solamente pretendía entretener y lo que de verdad prima en su obra es la aventura por la aventura, los duelos para preservar el honor, castigar al malvado o conseguir a la princesa, y las descripciones fabulosas de razas y lugares crueles y remotos que se muestran ante nosotros como perfecta válvula de escape ante la monotonía del día a día. Si a eso le sumamos un sentido del ritmo envidiable y una pericia aceptable en el manejo de la letra el objetivo de su artífice, uno de los primeros que nos hizo viajar a Marte en la ficción contemporánea, se ve más que cumplido.

Pero no es oro todo lo que reluce y pese a que, realmente el peso de la obra lo constituye la aventura y el sentido de la maravilla, Burroughs se empeña en mostrarnos una concepción de la naturaleza de su universo particular basada en la fuerza física y la separación racial. También es difícil pasar por alto la ideología militarista del autor, que aplaude y promueve el carácter violento e invencible del protagonista, convirtiéndolo en portavoz absoluto de la razón por el mero hecho de ser superior físicamente a los demás actantes. Personaliza así al perfecto prototipo de superhombre, portador de la supremacía definitiva, capaz de subyugar él solo todo un planeta y erigirse caudillo del mismo en perfecta tradición con los héroes de las sagas nórdicas. Tozudo, fuerte como el acero, arrojado y tenaz, Carter no se detiene ante nada ni nadie y extermina por igual a hombres y bestias apoyándose en su condición, en última instancia tramposa (baja gravedad de “Barsoom-Marte”), para mayor prestigio de su persona. En otras palabras, Carter pese a actuar caritativamente y llegar a considerarse uno más en algún momento de la novela, impide a su pueblo adoptivo en Marte (los Hombres Rojos) progresar por su propio pié al considerarles de facto inferiores. Ni que decir tiene que la duda ni se plantea ante los malvados Tharkianos y su sistema de organización social colectivista (¿otra referencia política?) (4). En resumidas cuentas, nuestro protagonista, pese a actuar pretendidamente de buena fe, se niega a si mismo como héroe, convirtiéndose en claro ejemplo del Emperador de todas las cosas descrito por Norman Spinrad (5) en su imprescindible artículo de mismo nombre.

Sobre este tema, el genial guionista y escritor Alan Moore agita nuestras conciencias en su articulo La marca de Batman (6)

“Si bien la mayoría de nosotros preferiría divertirse con las aventuras de los caballeros mencionados, sin estropear las cosas, considerando que las consecuencias sociales no vienen al caso, el hecho es que hemos cambiado al mismo tiempo que nuestra sociedad y que si dichos personajes fueran creados hoy serían motivo de grandes recelos y críticas”

En mi opinión, eso es precisamente lo que le sucede a esta novela y su aguerrido personaje principal, John Carter de Marte, si pretendemos acercarnos a él desde una óptica exclusivista. Así como el misógino James Bond, otro de los personajes surgidos de la pulpa de papel, necesitó una pequeña revisión para adaptarse a su ambiente contemporáneo en la excelente Casino Royale (Casino Royale, Martin Campbell, 2006) sin que por ello reneguemos de la serie original, lo mismo ha sucedido con Carter en sus dos versiones cinematográficas (7) sin que ello signifique que debamos repudiar toda la serie anterior del personaje. Antes al contrario, atacarla sin timidez puede resultar una estimulante experiencia.

Notas:

(1) No puedo resistirme a hacer un pequeño apunte sobre la vida privada de Burroughs. Parece ser que se le consideraba un personaje turbulento en su juventud, conocido bebedor, expulsado de diversas escuelas militares, y con un currículum de lo más variopinto en su haber. Policía, vaquero, buscador de oro y taxista fueron hasta 1912 algunos de sus empleos más duraderos.

(2) En entregas posteriores de la saga harán su aparición otras razas como los Therns,
los hombres amarillos o los piratas negros.

(3) Las sagas marcianas de Burroughs también influyeron o han sido mencionadas por diversos escritores y guionistas de renombre, tales como Ernst Hemingway, Ray Bradbury, Carl Sagan, Michael Moorcock, Alan Moore o J. Michael Straczynski.

(4) Para adentrarse en el debate ideológico alrededor de Burroughs existe un interesante artículo en castellano: La ideología política de E.R. Burroughs por Pedro Cañas Navarro (publicado en dreamers.com) así como uno de signo totalmente opuesto Una princesa de Marte: alegato contra el racismo de Carlos Ratés (publicado en Pasadizo.com).

(5) Norman Spinrad es escritor de ciencia ficción y claro representante de lo que en su momento se llamó New Wave (La Nueva Ola). Ha presidido la prestigiosa Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos (SFWA) en dos ocasiones y una de sus novelas más famosas (Incordie a Jack Barron) se considera un referente dentro del género. El artículo que menciono (El emperador de todas las cosas) lo escribió a raíz de una de sus novelas más controvertidas El señor de la Svástica, obra experimental en la que desarrolla hasta el paroxismo la teoría del héroe supremo trazando a su vez un incomodo retrato del fascismo.

(6) Se trata del artículo de introducción a la miniserie Batman: El regreso del señor de la Noche (Batman: Dark Knight returns, Frank Miller, 1986), aparecido en el primer volumen de la edición americana del famoso comic. En el mismo artículo se cita a Burroughs y a uno de sus personajes (Tarzán). Como anécdota, señalar que Moore es un gran conocedor de la saga marciana de Burroughs y ha hecho aparecer brevemente a John Carter en la segunda parte del comic La liga de los hombres extraordinarios.

(7) Aparte de la mas conocida John Carter (John Carter, Andrew Stanton, 2012) disfrutable como entretenimiento y no tan mala como nos han querido vender, la compañía Asylum, especializada en producciones de bajísimo coste, se sacó de la manga en 2009 Princess of Mars dirigida por Mark Atkins y con Traci Lords como princesa Thoris.

Dani Morell

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2 respuestas a Una princesa de Marte – Edgar Rice Burroughs (1912)

  1. Hola! Está genial el libro, me parece que es uno de los más emblemáticos de la literatura norteamericana, y fue fuente de inspiración de directores de cine y escritores de ciencia ficción!!

    Muy bueno el blog, me gustó. Justamente yo también escribí una nota respecto a “Una princesa de Marte” en mi blog de literatura.

    Los invito a todos a darse una vuelta para opinar, comentar y sugerir.

    Link: http://on.fb.me/XqiFpl

    Saludos!

    Luciano // http://www.viajarleyendo451.blogspot.com.ar/

  2. Pullally dijo:

    Buena nota. Veré si puedo conseguir el libro. Gracias por compartir.

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