El pájaro burlón (Mockingbird, Walter Tevis, 1980)

mockingbird00Mi vida es ligera, esperando el viento de la muerte,                                                            como una pluma en el dorso de la mano.” (T.S. Elliot)

Por fin a día de hoy ha llegado el momento de recordar la novela a la que siempre homenajeamos en esta web con nuestro nombre. Una novela que es más que literatura, una novela que va más allá de la ciencia ficción, una novela que envuelve al lector en un paño de tristeza y desesperanza para lanzarle al mismo tiempo un grito en defensa de aquello que más puede llegar a fundamentar una cultura y consolidarla por encima de cualquier barbarie: la lectura. El pájaro burlón de Walter Tevis es una carta a la humanidad en la que se muestra el desenlace lamentable al que podemos llegar como sociedad del bienestar regida por el consumismo, la banalidad y el placer inmediato, abandonándonos a la bajeza del intelecto y al analfabetismo más autodestructivo.

Walter Tevis nos muestra un mundo distópico en el que los humanos han llegado a un nivel de existencia inexistente, en el que sus sentimientos y emociones están completamente adormecidos por los continuos tranquilizantes automedicados que consumen, mientras sus vidas se basan en un transitar por el mundo como seres durmientes que no hablan entre ellos, ni leen ni escriben; deambulando en silencio sin socializar con otros, mientras los robots que ellos mismos fabricaron les sirven y gobiernan por partes iguales. Un futuro gobernado por robots, pero no porque éstos se revelaran y dominaran a la fuerza a la raza humana, sino que la misma raza humana los creó para abandonarse todavía más a la bajeza racional, emotiva y existencial, donde no tuvieran que preocuparse de nada más, dejándolo todo en manos de las máquinas. Un suicidio sistemático de la humanidad apagando su llama poco a poco. Y en ese último estertor de muerte un hombre aprenderá a hacer algo que puede revolucionar su propia adormecida consciencia: leer.

Mockingbird02Todos esos libros –incluso los aburridos e incomprensibles– me han hecho entender con mayor claridad lo que significa ser una criatura humana. Y he aprendido del sentido de temor que a veces desarrollo cuando me siento en contacto con la mente de otra persona, muerta hace tiempo, y sé que no estoy solo en esta Tierra. Ha habido otros que han sentido como yo siento y que, a veces, han sido capaces de decir lo inefable. «Sólo el pájaro burlón canta en el margen de los bosques.» «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Aquél que crea en mí, aunque muera, vivirá.» «Mi vida es ligera, esperando el viento de la muerte, como una pluma en el dorso de la mano.»”

Recuerdo cuando estaba cursando estudios de letras en la universidad que mucha gente me preguntaba “¿Para qué estudias eso? No te va a dar ninguna salida laboral, ¿no? ¿Por qué estudiar una carrera en la que vas a leer mucho y al final ello no tiene ninguna funcionalidad en el mercado laboral?”. Una respuesta muy buena ante esas preguntas sería El pájaro burlón. La humanidad no se define solamente por los avances de progreso que nos han conducido a una vida tecnológica de alto nivel, sino que también viene definida por lo que somos capaces de crear con nuestra mente, aquello que podemos sentir con nuestro intelecto, aquello que podemos construir con nuestro alfabetismo. Todo ello viene regido por uno de los actos más importantes en la evolución de la historia humana: la lectura. En El pájaro burlón Paul Bentley es un profesor que de forma autodidacta y casi accidental aprende a leer. En este futuro distópico la lectura y la escritura están prohibidas (por una raza humana que ha acabado autoprohibiéndoselas a sí misma). Sin embargo uno de los robots más avanzados que existen, Spofforth, decidirá poner a Paul a indagar en su proceso de aprendizaje, dándole oportunidad de leer poco a poco un libro tras otro. Esto dará inicio a un profundo viaje interior del personaje que acabará conociendo a Mary Lou, una joven que vive alejada del letargo e inexistencia del resto de humanos, y con la que formará un vínculo que acabará sobrepasando todos los límites de esta triste distopía.

Walter Tevis

Walter Tevis

Tevis configura una narrativa que cautiva al lector desde las primeras páginas, mientras nos presenta el personaje del robot Spofforth en toda su melancolía y desesperanza, fiel reflejo del mundo futuro que estamos a punto de presenciar. Poco a poco el entretejido literario confecciona notablemente una narración a tres bandas con los capítulos de Spofforth escritos en tercera persona, y los de Bentley y los de Mary Lou, estos dos ambos en primera persona. Este baile de consciencias lanza al lector de forma desgarrada a la interioridad de los dos protagonistas humanos y a la existencia solitaria y errante de Spofforth. El trío protagonista cimienta una estructura excelente, en la que pasamos de una primera parte introductoria vestida de un aura de luminosidad y esperanza a una segunda parte de desarrollo oscuro, triste y apático, en la que el destino de los personajes –sobre todo de Bentley– no parece prometer nada bueno. Y finalmente todo ello concluye en una tercera parte de inteligente síntesis, en la que la evolución de los dos personajes humanos está trabajada hasta el milímetro y todo cambio o modificación en su personalidad está perfectamente fundamentado de forma lógica y coherente. El viaje que El pájaro burlón ofrece al lector es el viaje de todos nosotros hacia un futuro en el que tenemos mucho que decir y frente al que corremos el riesgo de dejar que pase de largo ante nuestros ojos. Walter Tevis, sin ser absolutamente aleccionador y moralizante, nos tiende una mano cómplice con este gran libro y nos dice sencillamente que podemos ser mejores que todo esto que nos rodea.

La novela está orquestada con una escritura de un nivel literario bañado de excelencia, que nada entre las aguas de una profunda y dolorosa melancolía, mientras intenta buscar un viento fresco y optimista, que permita soñar en un amanecer más luminoso para una lamentable y decepcionante raza humana. El pájaro burlón es una de las mejores novelas de la historia de la ciencia ficción, y es un orgullo para nosotros en esta web llamarnos así en su nombre. Lean señoras y señores, lean sin parar, como si no hubiera un mañana.

Sólo el pájaro burlón canta en el margen de los bosques.”

Xavier Torrents Valdeiglesias

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