El problema de los Tres Cuerpos (The Three Body Problem, Cixin Liu, Ken Liu Trad., Tor Books, 2015, Ediciones B 2016)

http://elpajaroburlon.com/novela-ci-fi/the-three-body-problem/Inicio esta reseña sin saber si The Three Body Problem tendrá traducción al castellano, pero con el convencimiento de que lo merece. Que se publique o no, el tiempo lo dirá. Esta novela, escrita por Cixin Liu, y traducida por Ken Liu, ha ganado el premio Hugo a la mejor novela este 2015, y creo que se merece unas líneas.

Primero el autor: Cixin Liu (劉慈欣) está reconocido en China, ha ganado ocho veces el premio Galaxy, el Nébula, y el Hugo este año. Y seguro que probablemente muchos no sabéis quien es. Yo tampoco lo sabía hasta que me leí “The Three Body Problem”, y a pesar de los premios, eso no quiere decir que esta sea una buena novela. Que lo es.

Pero primero un pequeño detalle. Es una novela china. Eso quiere decir que la mayoría de nosotros encontraremos cosas molestas, o que consideraremos burdas, o mal escritas. Pasa lo mismo con las películas o con las actuaciones de los actores orientales. No es que lo hagan mal, es que nosotros no estamos acostumbrados a ellos. Y gracias a dios, porque esto nos aporta una perspectiva fresca de un mundo mucho más variado de lo que pensamos.

Hay dos líneas argumentales que confluyen; una en el presente, y otra en el pasado. Ambas se enlazan mediante flashbacks y algún documento, y confluyen en el desenlace de la novela. Manteniendo al mínimo los spoilers, os hablo de ellas.

La del pasado se centra en Ye Wenjie, hija de un profesor universitario asesinado durante la revolución de Mao. Vigilada por el partido, y considerada una intelectual que podría llegar a ser peligrosa, acaba trabajando como astrofísica en un proyecto del gobierno para buscar vida extraterrestre. Durante los años setenta permanece enclaustrada en una base llamada Red Coast, como técnica. Y no puedo decir mucho más.

Cixin Liu

Cixin Liu

La del presente nos presenta a Wang, que es un investigador de nanomateriales que es utilizado por el gobierno chino para que se infiltre e investigue a un grupo secreto de intelectuales, entre los que ha habido varios suicidios. La desesperación que les lleva a suicidarse parece fruto de alguna fuerza extraña, que les ha convencido de que las leyes de la física ya no valen, y que la ciencia tal y como la conocen es una patraña. ¿Intrigante, eh?

Ya os hablé de mi relación amor/odio con la ciencia ficción dura cuando reseñé El marciano (The Martian, Andy Weir, 2011), y Justicia auxiliar (Ancillary Justice, Ann Leckie, 2013) (la continuación de esta última –Ancillary Sword– estaba nominada al mismo Hugo que ganó la novela que nos ocupa). Pues esta novela lo es, pero con cierta cualidad narrativa que la hace mucho más amena que el tradicional baile de datos y números que sustentan a la mayoría de sus compañeras.

Es una novela muy imaginativa y fresca, aunque con referencias clásicas. Presenta una ciencia ficción china que parece beber de las fuentes de la época dorada de la ciencia ficción, revisitando una historia de primer contacto alejada del típico etnocentrismo occidental. Además, como he dicho, la novela es ciencia ficción dura, pero con un componente literario que hace que su lectura no sea demasiado técnica o árida.

Las retrospecciones a la juventud de Ye Wenjie nos narran una parte de la historia muy interesante, y con crudeza: la Revolución Cultural, y la persecución de Mao a los intelectuales; la manipulación que realiza el Partido sobre la ciencia y la enseñanza, y sus consecuencias. El autor coge todo ese trasfondo histórico, y lo entremezcla con un mensaje ecologista y sociológico devastador, pero siempre usando la perspectiva china, lo cual es novedoso. Y genial.

Cumple los arquetipos de la ciencia ficción dura, centrada en el “primer contacto” -si entendemos como “primer contacto” los primeros intercambios de mensajes con los alienígenas, y el desarrollo especulativo de las consecuencias sociológicas de saber que se acercan-. Los personajes son científicos, pero tridimensionales, con conflictos internos. A diferencia de los típicos científicos de la ciencia ficción “hard”, en esta novela hay cabida para la evolución de los sentimientos, y de hecho son una fuerza muy importante en las decisiones de una de los dos protagonistas, Ye. Ella está marcada por su pasado, y tiene varios conflictos internos que se van resolviendo según avanza la trama.

En lo negativo, al menos en la novela que leí, me molesta especialmente el traductor al inglés de la novela original, Ken Liu. Este señor realiza abundantes pies de página que resultan intrusivos. Por mucho que el señor Liu sea un escritor por derecho propio, ganador de varios premios, sus continuos comentarios y sugerencias a veces resultan contraproducentes para el lector, ya que lo sacan de la novela. Se nota un ansia de protagonismo exacerbado. Prueba de ello es el “postscript” del traductor, de dos páginas, que realiza sus agradecimientos personales; o las muchas acotaciones con sugerencias o comentarios personales sobre lo que el autor escribe en determinados momentos, o sobre la historia de China. Si quiero saber cosas que, por ser occidental, no me son familiares, ya me buscaré yo la vida; no necesito su perspectiva didáctica entrometiéndose en la lectura. Al final ya ni los leía. Pero esto es una opinión personal.

portadaCixin

Para el lector ocasional, no de género, diré que hay mucha mecánica cuántica, y muchas explicaciones físicas y matemáticas. Aunque la información está presentada de forma que es comprensible, puede alejar a quienes busquen algo ligero. Es una novela demasiado específica, y a pesar de que el inicio puede resultar interesante para cualquiera -las retrospecciones ambientadas en la Revolución Cultural-, poco a poco esa subtrama es engullida por los problemas matemáticos del videojuego y el “Problema de los Tres Cuerpos”. Hay mucho razonamiento sobre el problema, y aunque el autor intenta disfrazarlo con el videojuego para hacerlo más “asequible”, no sé si será suficiente. Pero ya expliqué en otra reseña que parte de la gracia de la ciencia ficción dura es hacerte sentir un poco tonto, pero más listo que los que no la leen.

Para quien se haya intrigado por el título y el videojuego: “The Three Body Problem” toma su nombre de un problema que tiene dos vertientes, la de la física, y la de la mecánica cuántica. El problema no tiene solución, pero permite elucubrar hasta casi el infinito sobre los campos gravitacionales de tres cuerpos o partículas (soles, en la novela), y su imprevisibilidad (este problema tiene hasta su propia entrada de wikipedia[1]). El autor coge ese problema, lo convierte en un videojuego, y coloca a Wang a él. Wang es el punto de vista necesario para el lector, que sirve de guía para comprender, de forma progresiva, la complejidad del problema. Utilizando un entorno virtual, y muchas referencias a sabios e intelectuales históricos -occidentales y orientales- se desarrolla la parte más “dura” de la novela. Esta parte está presentada de forma comprensible, con una complejidad en aumento, pero que permite al lector poco a poco sumergirse en la parte más científica.

Luego hay otro elemento principal, que es el factor humanista. Desde una perspectiva sociológica (y filosófica, con toques nihilistas) asistimos al asesinato del padre de Ye Wenjie, lo que la marca de por vida. Ye desarrolla cierta animadversión por la humanidad, y es la voz más crítica hacia la sociedad. Esta voz se complementa con otras, como la de un heredero de un imperio petrolífero que intenta luchar contra la deforestación en China, y se da cuenta de que la humanidad está condenada a la extinción. Son perspectivas terribles, tanto ecológicas como sociológicas. La humanidad es nociva, el mundo corre hacia su aniquilación, y merecemos lo que nos pase. Algo que seguramente llegará con las siguientes entregas, ya que es una trilogía.

La narrativa de Liu Cixin tiene momentos literarios de cierto lirismo. Gracias a ello, la lectura se disfruta, salvo cuando la trama se centra en exceso en el Problema de los Tres Cuerpos, y siempre y cuando comprendamos que es narrativa china, cuyos mecanismos y técnicas no se parecen a la narrativa occidental.

En resumen, es una obra compleja que tocas abundantes temas, y que especula con el primer contacto desde un profundo respeto a la ciencia. Recuerda a Arthur C. Clarke y la época dorada de la ciencia ficción. Si hay una continuación, todo apunta a que tendrá similitudes con “La Paja en el Ojo de Dios”,  y la llegada de una civilización alienígena, hostil no por el hecho de ser una civilización bélica, sino porque no les queda otra alternativa. Liu Cixin sabe combinar diferentes ángulos y perspectivas, y crea una novela muy recomendable para el lector curtido de ciencia ficción, y accesible para el que no lo sea, siempre y cuando tengamos claro que los chinos escriben como actúan en el cine… de forma… diferente.

Nota: Siete partículas entrelazadas cuánticamente, y cinco soles devastadores que se orbitan mutuamente.

Carlos J. Díaz

[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Three-body_problem

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