Luna: Luna nueva (Luna – New Moon, Ian McDonald 2015, Ediciones B / Nova, 2016)

LUNA

La gélida acritud del vacío. La letal lluvia radiactiva. El polvo que la recubre, tan viejo como la Tierra. La creciente debilidad de los huesos… O puedes quedarte sin dinero para agua. O para aire. O puedes caer en desgracia con uno de los Cinco Dragones, las corporaciones que dirigen la Luna y controlan sus amplios recursos. Pero te quedas, porque la Luna puede hacerte más rico de lo que eres capaz de imaginar…, mientras sigas con vida.

Adriana Corta tiene ochenta años. Su familia dirige Corta Hélio. Han sobrevivido a las implacables guerras corporativas y a la peligrosa paz subsiguiente. Pero ahora esa paz se resquebraja. Es probable que Adriana tenga que morir, aunque no la matarán sus rivales ni la Luna. Sea cual sea su destino, sin embargo, Corta Hélio no morirá.

Hoy os traigo una reseña que podría anunciar como Canción de Hielo y Fuego… ¡IN SPAAAAACE! Que cada cual añada sus efectos de sonido de láser y marcianitos.

Más adelante comentaré algunas similitudes, pero al margen del tono burlón, hay que reconocer que Luna Nueva es una excelente novela. Y no me refiero a la de vampiros brillantes y protagonista femenina insípida.

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En la Luna hay cinco mega-corporaciones familiares a las que colectivamente se llama “Los Cinco Dragones”, que gobiernan todo. La novela sigue de cerca a los miembros de la familia más joven, los Corta, y su enemistad con otra familia, los Mackenzie. Es un juego político de traiciones y alianzas narrado de forma dinámica y atrayente. La trama va encajando poco a poco, pero sin descanso. Al final resulta ser una obra maravillosamente compleja. Hay muchas subtramas entrelazadas, pero todas confluyen en el clímax de forma natural.

Los personajes son redondos, matizados y llenos de claroscuros. Se puede empatizar con casi todos, a pesar de que algunos tienen motivaciones egoístas, manipuladoras o destructivas. Los personajes femeninos son fuertes, complejos y atrayentes, sin perder su feminidad, pero siendo tan duros como los hombres. De hecho hay dos personajes femeninos que considero los más fuertes de toda la historia, a su propia manera. Además, se trata temas como la sexualidad y la maternidad: una protagonista de los Corta está enferma por la exposición a la radiación y a respirar el polvo lunar, y es estéril, así que alquila madrinhas, que son mujeres jóvenes que hacen de vientres de alquiler. Otra Corta también tiene sus parafilias sexuales, sin complejos ni culpa por sus ataques de sexo salvaje y solitario. Refrescante.

El mundo es muy complejo, variado, colorista. Insectos nanotecnológicos asesinos, espíritus familiares virtuales que mantienen una conexión en red permanente, ropa y armas impresas en terminales en la calle… la gente debe pagar por usar agua, oxígeno, carbono y datos, los cuatro esenciales de Luna. Los pobres reciclan su orina y apenas tienen para poder respirar. La libertad sexual crea una nueva sociedad sin tantos tabús, pero por otra parte conviven diferentes religiones evolucionadas de las terrestres. Y nada de todo esto es esencial para la trama, pero está muy bien recreado y genera una inmersión eficiente en la ambientación. Además, es exótica, en cuanto que se aleja del típico etnocentrismo de la ci-fi, con personajes brasileños, orientales, australianos, africanos, y palabras y argot propio de esas etnias.

Pero vamos con lo negativo. Lo primero: el inicio es duro, muy árido. Es una novela que va de cero a cien muy lentamente, construyendo la trama y la tensión página a página. Esto hace que siempre haya un crescendo, pero empieza muy abajo. Las primeras cien páginas son muy lentas, todo es política, y muchos personajes entrando y saliendo en unos escenarios que para el lector son demasiado complejos y barrocos. Siempre va mejorando, pero hay que darle mucho margen y oportunidades.

Lo segundo: el final es un cliffhanger brutal. Nada más que decir, pero detesto eso.

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 “Luna” es una novela muy buena, de forma objetiva. Tiene muchos puntos fuertes: trama, ambientación y personajes. No se le puede pedir más en ese aspecto. Pero tiene un defecto importante, que es el ritmo inicial, y lo lento que va acelerando. A partir de la mitad de la novela la cosa parece encaminarse, pero hay que llegar allí. Además, el hecho de ser una primera parte, impide que se pueda valorar como un todo, ya que el final te deja muy colgado del acantilado. La inmersión en Luna es muy salvaje. Recuerda a novelas como Neuromante, de Gibson. Entramos de lleno en un mundo con su propio argot, con muchas referencias religiosas y étnicas desconocidas, con una sociedad diferente, entre distópica y medieval. Y todo de sopetón. El autor no nos explica nada, nos suelta en medio de una guerra social entre megacorporaciones familiares. Según avanza la trama, con la historia de Adriana, el lector conoce los antecedentes. Y con las indagaciones de sus hijos es fácil ir desarrollando hipótesis y engancharse a la historia. Pero para eso hay que aguantar un poco.

El estilo literario del autor no es para todos. Los flashbacks de Adriana están narrados en primera persona, y son una novela corta por derecho propio, ahí no está el problema. La mayor parte está narrada en tercera persona, en presente. Frases muy cortas, a veces telegráficas, que parecen otorgar cierta inmediatez a todo, que aceleran el ritmo… para un combate funcionan muy bien, pero para las maquinaciones bizantinas puede cansar. Hay que acostumbrarse, como pasa con Snowcrash, de Stephenson, que también está narrado íntegramente presente.

Hay ciertos paralelismos con la fantasía oscura de Canción de Hielo y Fuego, como ya dije. A pesar de las decenas de arribistas que se anuncian como el nuevo Juego de Tronos, esta novela guarda muchas más similitudes, siendo ciencia ficción. No solo en tratamiento de personajes y manejo de las subtramas. Por compararlo: es como si cogiésemos solo a los Stark, y siguiésemos a cada uno de ellos por separado, aunque en este caso se apelliden Corta. Empieza siendo una novela de política, cuyos personajes se convierten en héroes –o antihéroes-  llenos de grises, y al final se torna heroica.

Es una novela muy buena, que deja un buen regusto y recomendable.

Carlos J. Díaz

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