Las estrellas son legión / Lesbianas en el espacio (The Stars Are Legion, Kameron Hurley, 2017, Alianza ed., 2018)

“Legión” es el nombre que se da a un grupo de mundos-nave que viajan juntos. Son mundos vivos, orgánicos, que se están muriendo. Y no digo más. Todas sus habitantes son mujeres; los hombres no existen, y de ahí viene el sobrenombre “Lesbianas en el Espacio”, que parece ser que tiene su origen en un troll que tuvo su momento de gloria. Y ahí comienza la historia de Zan, de la que no hablaré más para no destripar la trama.

Kameron Hurley cuenta con un par de premios interesantes, como el Sydney J. Bounds, otorgado por la British Fantasy Society a la mejor escritora novel en 2011, así como el Kitschies a la mejor primera novela. También se encontraba entre las favoritas al premio Locus por su primera novela, y entró en la lista de honor del premio Tiptree “por obras de ciencia ficción o fantasía que expanden o exploran el concepto de género”.  Así que el perfil reivindicativo está claro. Esta estadounidense tiene una voz propia, lo cual siempre es deseable. Y más en el caso de la ciencia ficción, género que siempre se beneficiará de mayor presencia femenina y puntos de vista nuevos.

Lo que me ha gustado:

La originalidad en la creación de Legión. La ambientación es característica, las sociedades que nos presenta parecen verosímiles, y todo es muy vistoso.

La narrativa cumple perfectamente, es potente sin ser excepcional. El ritmo, los diálogos, el estilo… todo encaja y está proporcionado a nivel interno.

Los personajes tienen matices interesantes. La protagonista roza peligrosamente la “Mary Sue” sin carisma, y los secundarios son villanos previsibles, pero en general son redondos y se disfrutan.

 Lo que no me ha gustado:

Las motivaciones de los personajes y sus extrañas decisiones, un tanto confusas. No acabo de entender por qué todo es tan complicado, y por qué Zan da tantas vueltas a todo. La autora justifica las decisiones que puedan parecer ilógicas como fruto de sentimientos exacerbados, y no queda otra que creérselo.

También habrá mentes sensibles e inocentes a quienes les resultará demasiado explícita. Hay lesbianismo en las escenas de amor, partos de monstruosidades, abandono de fetos, canibalismo ritual -un delicioso banquete con costillas de mujer, hongos, falanges, las cabezas cortadas- y cosas por el estilo. También habla mucho acerca de la podredumbre y el cáncer, con pueblos enteros con mujeres con los pechos amputados. Es una novela que salpica a quien no esté preparado.

El tema del feminismo en esta novela me resulta un tanto confuso. Al no existir hombres, no hay un contrapunto de lucha contra un patriarcado. Es más, hay conductas abusivas, controladoras y dominantes entre parejas, pero al ser todas mujeres, parece que  nos está diciendo que las mujeres son capaces de todo lo malo que el machismo hace en el mundo real. Lo ideal sería no darles vueltas a todos estos temas buscando tres pies al gato, pero es imposible, porque el feminismo y la maternidad es algo nuclear en esta novela. Las mujeres se quedan embarazadas sin motivo aparente, en teoría cuando el mundo en el que viven así lo desea… y dan a luz a todo tipo de monstruosidades o seres, no solo mujeres.

Kameron Hurley

La originalidad de los mundos-nave de Legión es indudable, y la creación de los sistemas matriarcales, que guardan paralelismos con las colmenas, es profunda. Diferentes rangos, mutaciones, capacidades. Hay esclavas sin lengua, brujas con varios miembros, vehículos con forma de monstruos que salivan y babean, y pasillos-arteria. Es como ver un remake ci-fi en imagen real de “Érase una vez: el cuerpo humano”. La ambientación resulta inmersiva -y ligeramente desagradable-, y cumple con creces.

En resumen, es una novela valiente. Una space opera entretenida que busca la transgresión, lo que puede hacer que se pasen por alto algunos de sus defectos obvios a nivel literario, y que bien merece una oportunidad, aunque sea por conocer lo que puede parir la mente de Hurley.

Es puro entretenimiento en un grupo de mundos grumosos y llenos de tumores.

Si es cierto que los autores tratan a sus creaciones como hijos, el parto de “Las Estrellas son Legión” fue una cesárea particularmente visceral.

Mi puntuación: siete coágulos menstruales.

Carlos Díaz

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