La guerra de los mundos – Ilustrado por Alvim Corrêa (The War of the Worlds, H.G. Wells, 1898, Libros del Zorro Rojo, 2016)

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Ha pasado más de un siglo desde su aparición y todavía La guerra de los mundos sigue siendo una de las mejores descripciones de una pesadilla apocalíptica jamás escritas. La sensación causada por una hecatombe sin previo aviso, la carrera desenfrenada en pos de la supervivencia, la rabia y la desolación por aquello que se ha perdido, empezando por la ilusión del libre albedrío, y todo el pánico y la desesperación que la suma de todas las partes produce, siguen recogidos en las poco más de 200 páginas (en esta edición que reseñamos) del clásico de H.G. Wells que gracias a la nueva edición de Libros del Zorro Rojo, regresa a las librerías españolas de un modo verdaderamente especial.

A estas alturas doy por sentado -y más si es un asiduo a nuestra página- que conoce la obra de sobra, y sabe que se trata de la narración de un escritor (anónimo) que describe sus vivencias (y más adelante, las de su hermano) cuando una raza invasora de marcianos descienda en unos terrenos situados al sur de Londres y comience una matanza despiadada usando su tecnología superior contra los habitantes de la Tierra. Lo que la diferenciaba con otras obras de ciencia ficción de su época, y lo que la sigue haciendo destacar ante un cierto tipo de cánon narrativo, es que no se trata de un enfrentamiento. Lo que la convierte en una experiencia tan angustiosa es que ante el poderío extraterrestre el ser humano es una criatura minúscula, al que no le queda otro remedio que aceptar que su lugar como especie dominante en la Tierra ha llegado a su fin. Solo cabe la huida hacia adelante y, con un poco de fortuna, no perder la mollera por el camino. Otro aspecto que la hizo conectar con los lectores fue la descripción de personas comunes como protagonistas de la historia, todos ellos imperfectos, carentes de heroísmo romántico -aunque si haya un par de momentos de bravura por parte del narrador o de su hermano, o el pequeño fragmento de luz que entra por una rendija narrando la victoria del carguero Lanzatruenos contra uno de los trípodes alienígenas-, y la mayor parte del tiempo sucediendo los eventos en entornos carentes de sofisticación o glamour (la narración no llegará hasta la capital en su parte final): Lo que Wells quería dar a entender a los lectores de su tiempo estaba claro: Te está pasando a ti. Está pasando en tu casa.

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Herbert George Wells (1866-1946), destacado socialista, de pensamiento darwinista (en parte debido a su educación para convertirse en biólogo), y de ideología pacifista (salvo en épocas concretas, como fue el albor de la Primera Guerra Mundial), logro introducir parte de sus ideas y de sus temores en la seminal obra. Una de ellas fue conseguir efectuar una velada crítica contra el Colonialismo británico (hablamos de la época victoriana, cuando la Union Jack era la bandera que más se repetía a lo largo y ancho del globo) y lograr darle la vuelta a la sensación de conquista, obligando al lector a convertirse en el asustado e indefenso conquistado. El pensamiento darwinista también estaba presente, y de hecho hay un momento del libro en el que parece que se va a imponer entre el personaje principal y un artillero con el que convive un breve tiempo, cuando planean cómo será la nueva vida en la Tierra (magnífico capítulo, cargado de ironía y mala uva), pero sobre todo está presente en el rodillo de muerte y destrucción que aplican los marcianos contra los terrestres, que le sirven como alimento, y que podría reflejar cualquier cacería contra cualquier animal en nuestra realidad. La escasa simpatía que sentía Wells por las religiones -y contra el cristianismo en particular, al ser la que le tocaba más de cerca- también se mostraba al usar al único representante de la iglesia -el vicario- más como un hombre de cordura frágil que se convierte rápidamente en un estorbo antes de un elemento del que pudiera sacar partido el protagonista, aunque fuera siquiera de su presunta espiritualidad (aspecto al que daría totalmente la vuelta la célebre versión cinematográfica de 1953 dirigida por Byron Haskin, presentado la victoria de la raza humana casi como un milagro divino en toda regla). Y sus conocimientos de biología estarían al servicio de su irónico y flamante desenlace: ya saben, el ser humano es el verdadero habitante-rey de la Tierra, al fin y al cabo lleva a la muerte en su sangre. Incluso el optimismo final queda envuelto en tonos oscuros.

Pero lo que convierte a la edición de Libros del Zorro Rojo en la más destacable que hay en el mercado al margen de su cuidado look -tapa dura con sobrecubiertas, buena calidad del papel- son las ilustraciones del pintor, dibujante y grabador brasileño Henrique Alvim Côrrea (1876-1910), que retrató de brillante manera algunos de los momentos más destacables de la novela y que solo se habían visto publicadas en 1906, en el marco de una edición belga de apenas 500 ejemplares, las cuales se ganaron el beneplácito del mismo Wells. Estas ilustraciones ven la luz en el mercado español por primera vez, y créanme, son magníficas. Tanto si ya tienen una edición anterior y desean volver a hincarle el diente, como si nunca se han acercado a ella y piensan que ya va siendo hora… esta es la edición a la que acudir.

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El poder de La guerra de los mundos jamás se ha dejado de sentir, fue una de las obras cumbres del género en su momento y ha hecho soñar (y tener pesadillas) a miles de creadores de todo tipo desde su concepción. Desde un joven Orson Welles, que en 1938 lió un buen pimpollo con la dramatización radiofónica de la novela (asunto del cual cubrimos cuando hablamos de la TV movie The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975), hasta un maduro Steven Spielberg, que en 2005 se destacó con una nueva versión cinematográfica de la novela que supo leer con brillantez el zeitgeist post-11 S siendo bastante fiel al material original (sé que no es una opinión muy popular, pero la encuentro aparte de estupenda, muy superior a la de Haskin). Yéndonos más lejos, fue un libro que sirvió de inspiración el futuro diseñador de fueles para cohetes Robert Goddard, todo un innovador para su época que a su vez fue una enorme influencia para un joven soñador llamado Jack Parsons que acabaría haciendo de la ciencia del combustible para cohetes la mitad de su vida (la otra sería el ocultismo, pero de eso hablaremos otro día, lo prometo), que a su vez terminaría siendo uno de los fundadores del Jet Propulsory Laboratory (JPL), imprescindible para el viaje espacial y para que el hombre pisara por fin la luna…

Tal es el poder de la ciencia ficción. Aún encuentro increíble que haya quién se ríe de ella, cuando ha quedado más que demostrado que es uno de los verdaderos motivos del progreso de la raza humana. ¿Ven el cuadro al completo? Seguro que ven incluso el marco.

Javier J. Valencia

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