Emociones baratas # 7- Sí, Peter, cosas nazis!

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El Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, es decir, el NSDAP o Partido Nazi de toda la vida es una fuente inagotable de maldad pulp. Y es que los nazis parecían haber sido diseñados como los villanos definitivos; inteligentes, bien vestidos y con una poderosa filosofía personal épica -dejaremos a un lado todas las barbaridades genocidas que cometieron- el añadir villanos nazis a tu novela casi siempre mola. Como todo, las cosas con moderación están bien pero en Emociones baratas (o Billig emotionen) no sabemos lo que que significa esa palabra, por lo que aquí os dejamos un doble pulp-programmen de conspiraciones arias, gente ardiendo, gólems y mala leche teutónica.

The Hymn (AKA The Burning, Graham Masterton, Time Warner Paperbacks, 1990)

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A medida que me adentro más en la peculiar psique de uno de los musos de esta sección, el incansable Graham Masterton, más claras se van haciendo sus filias novelísticas. Así a bote pronto puedo contar que le pirran los restaurantes, las tetas grandes, la mitología nativa americana y las conspiraciones ocultistas, entre otras cosas. No hay que ir muy lejos para juntar dos y dos y añadir a esa mezcla a los nazis, que tenían entre sus filas a montones de obsesos sobrenaturales del calibre del doctor Jiménez del Oso. Y en esta novela nos vamos a hartar de todo lo anterior, pero no sin antes pasar por algunas dificultades lectoras que desgraciadamente le quitan algo de fuste. Es una lástima, ya que la premisa es acojonante; Celia, una especialista en música clásica, elige una bonita mañana en la ciudad de San Diego para inmolarse con un bidón de gasolina en el aparcamiento de un McDonalds. Cuando su prometido, Lloyd, dueño de un restaurante, se entera de su muerte no puede creérselo, ya que Celia no parecía infeliz ni propensa al suicidio.

Pero en el momento en que empieza a ver a una mujer muy parecida a ella siguiéndolo de incógnito, Lloyd se pone paranoico e inicia una investigación que le lleva a encontrar una partitura operística de Richard Wagner de la que no se tiene constancia histórica. Mientras, un grupo de personas se inmola en un autobús en el desierto y la policía empieza a investigar más casos similares. Por lo visto, tanto Celia como esas otras personas se han convertido, mediante un antiguo ritual pagano de cánticos redescubierto en el siglo XVII y que pasó por las manos de un moribundo Wagner que lo convirtió en una ópera, en “salamandras”. Estos  seres elementales compuestos de humo y fuego de carácter volátil y especialmente pirómanos son inmortales y representan todo lo que el malvado nazi Otto cree que es la raza perfecta, las salamandras fueron su regalo para el Führer al finales de la guerra. Otto y su ayudante inmortal, la valquiria dominatrix Helmwige solo necesitan un nuevo ritual en masa estrenando la ópera en San Diego para llenar el mundo de inmortales piroquinéticos de ultraderecha.

Todo esto, como podéis comprobar, es maravilloso pero la primera mitad de The Hymn sufre de un problema de reiteración de situaciones galopante. Lloyd encuentra a alguien relacionado con Celia para contrastar información y luego ese personaje es abordado en su casa por alguna de las salamandras que le dice que por favor no siga investigando ni le diga nada al protagonista. Cuando el fulano en cuestión está alucinando al ver un muerto reciente y le dice que como no va a contar eso, la salamandra lo quema con sus poderes. Y así una y otra vez ad eternum, por lo que Lloyd va por ahí atacado de los nervios ya que toda la gente con la que habla acaba convertida en carne a la brasa a las pocas horas de pedirles ayuda. Eso sí, a los que os gusten las barbacoas Masterton tiene carbón para todos: como viene siendo habitual no escatima en detalles en todas esas escenas de gente ardiendo; casi podemos oler el pelo ardiendo y sentir la carne crepitando y cayendo de los huesos. Dudo que haya una novela más explícita sobre gente ardiendo y ya sólo por eso, por mantener ese mercado “de nicho” (¿Torch-porn, por ejemplo?) la cosa merece la pena.

El otro gran problema de la novela es la imperiosa necesidad de un antagonista sobrenatural “bueno” que presente alguna solución para el tema espiritual que hace que Masterton meta con calzador en la trama al personaje de Tony Express, un joven nativo americano ciego con poderes de hombre medicina. Aparece en uno de los primeros capítulos y no volvemos a saber de él hasta cinco capítulos antes del final. Entiendo que el autor tenga que mostrar su carta de “experto en temas indios” que tan bien le fue en Manitú y en otras de sus primeras obras, pero es que aquí es tan de pegote e inaguantable que casi arruina la novela. Pero por suerte cosas como la obsesión por comer insectos de Otto, el loco clímax final en un teatro, un inesperado cameo del propio Adolf y “fogosas” y ocasionales escenas de masturbación y fist fucking -las salamandras se ponen muy cachondas en su nuevo estado y normalmente son sus amantes los que pagan el pato… asado- hacen que se libre de la quema. Así que pese a todo seguiré gritando ¡Heil Masterton!

Proyecto Avalon (Ángel Codón Ramos, QVE, 2009)

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Durante el tiempo que llevo escribiendo esta sección he podido constatar que en una gran parte, el nuevo pulp tiene entre sus filas a gente relacionada con la informática y los videojuegos. Y tiene toda su lógica, ya que para diseñar mundos y entornos para estos tienes que tener la cabeza bien llena de historias de aventuras, tiros y hostias. Si no que se lo digan a Ángel Codón Ramos, que milita en esa profesión a parte de ser hombre de radio ahora reconvertido en conductor del podcast Tiempo de culto. En Proyecto Avalon parece haberse abierto la cabeza de una hostia y volcar todos el contenido de su materia gris pulpera -especialmente su obsesión por Indiana Jones- en unas escasas doscientas páginas que se leen a la velocidad del rayo. En ella, George y Laura -guionista y periodista respectivamente- se ven metidos en una trama de espionaje en la que están implicados ciento y la madre para conseguir un antiguo objeto místico codiciado por la Sociedad de Thule, el precursor y brazo ocultista del Partido Nazi. Tras la muerte de un misterioso anciano en Londres, los miembros del antiguo Proyecto Avalon, un grupo internacional de soldados aliados con capacidades especiales (un telépata por aquí, un hechicero cabalista creador de gólems por allá) se ponen en marcha para proteger un grimorio cuyo contenido místico es codiciado por el neonazi Henrik Wolfmann, hijo de uno de los líderes de la Sociedad de Thule.

El autor tiene bien aprendida la lección pulp, ya que los capítulos de la novela son muy cortos, concisos y siempre que pueden desembocan en el consabido cliffhanger. Quizá eso eche para atrás a algunos, pero Codón intenta simultanear la avalancha de persecuciones y tiros en la actualidad con acertados flashbacks que nos hablan del pasado de los dos principales bandos en la historia, y que queréis que os diga, cuando una novela hace flashbacks a la Segunda Guerra Mundial, ya me tiene ganado, soy un chico fácil.

El tono general de “euro-espía” de Proyecto Avalon lo convierte en una sucesión de persecuciones por ciudades y aeropuertos con muchos participantes -el MOSSAD, el MI5 y la madre que los parió- traiciones, agentes dobles y lo que se tercie. Esos elementos me gustan mucho, pero a veces me ha costado recordar quién seguía a quién y para qué, ya que aunque tenemos siempre en medio a la parejita protagonista, en realidad no hay un protagonista claro de todo este embrollo. Aunque al final poco importa, ya que el MacGuffin de la historia materializado en ese terrible grimorio que puede abrir las puertas de otro mundo a los malísimos nazis tome el protagonismo definitivo de la obra, con un clímax lovecraftiano que hay que agradecer que no recurra a los tan manidos monstruos tentaculares de rigor, siendo más imaginativo en lo que a pérdida de cordura se refiere.

En fin, pulp pseudohistórico como debe ser, sin pretensión alguna de ir de “algo más” para que los habituales de Dan Brown puedan encandilar a sus compis de trabajo con sus conocimientos de historia secreta sobrenatural sacada de cualquier número del Muy Interesante mientras hacen el café al lado de la fotocopiadora. Si si, ya sabéis quienes sois, no miréis a otro lado.

Víctor Castillo

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