Emociones baratas # 3- Héroes y… ¿zéroes?

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Todos sabemos que los pulps de aventuras son los padres directos del concepto del superhéroe; La Sombra, Doc Savage y demás contemporáneos fueron el “campo de pruebas” de los Batman y Superman por venir. Es por ello por lo que el círculo tenía que acabar cerrándose eventualmente, con los superhéroes volviendo al mundo de la novela de evasión. Pese a que la primera novela de Superman se remonta a los años 40, Marvel lleva desde los 70 publicando aventuras de sus personajes en este formato y Superfolks (1977) de Robert Mayer es la pionera del superhéroe “de bajón”, no ha sido hasta los últimos 15 años que el género ha empezado a ver material original, es decir, historias de superhéroes creadas única y exclusivamente para el formato escrito. Y, lamentablemente y con las notables excepciones de Rafael Marín y Daniel Estorach, es un fenómeno extranjero aún por descubrir en nuestro país. Es por ello por lo que Emociones baratas viene al rescate con éste artículo. Con los calzoncillos por fuera.

Sentinels- When Strikes the Warlord (Sentinels # 1, Van Allen Plexico, 2007, White Rocket Books)

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Algunos “homenajes” en la ficción son más flagrantes que otros. Hay una línea muy delgada entre la influencia y el plagio y por lo visto -o más bien leído- Van Allen Plexico es un maestro en el arte de caminar sobre ésta. Especialista en Los Vengadores, Jack Kirby, la space opera y Jim Starlin entre otras cosas, Plexico es el fundador de White Rocket Books, una editorial dedicada a publicar su prolífica obra y la de otros escritores de pulp moderno. Cabe decir que cuando escribe, lo hace a lo grande, casi ninguno de sus libros presenta una narrativa cien por cien autocontenida, siempre son parte de sagas épicas que se extienden durante varias trilogías.

La iniciada por When Strikes the Warlord nos sitúa en Bay City, una ciudad ficticia en la que la estudiante universitaria Lyn Li se ve envuelta en un altercado entre un supervillano, Blue Skull y el héroe que le persigue, Cavalier, miembro del súper grupo más importante de Estados Unidos, los Sentinels. Cuando Lyn no consigue ocultar sus super poderes eléctricos, el científico y jefe del grupo -e ídolo de Lyn- Esro Brachis la recluta como ayudante. Después de conocer a su otro compañero, el famoso héroe Ultraa, Lyn y el equipo viajan a la luna para ayudar a Brachis en su más reciente descubrimiento: el cuerpo inerte de un ser cósmico llamado Kabbarak cuyo origen es un misterio. Lo que sí está claro es que la energía de este ser es codiciada por Warlord, un temible supervillano que quiere usarla para esclavizar todo el multiverso desde su ciudad flotante interdimensional. Plexico conoce al dedillo el material con el que trabaja y su manera de escribir es de lo más pura y poco pretenciosa que he leído en mi vida.

La novela es, en esencia, una versión literaria de una limited series de superhéroes, y punto. La acción está descrita de una manera muy evocadora, con la maquinaria titánica y las explosiones de energía que se espera de Jack Kirby y los diálogos a veces épicos, otras irónicos de un Stan Lee o un Roy Thomas. No hay casi espacio para la auto referencia ni la ironía postmoderna excepto en algunas pinceladas y los personajes actúan y responden como nos imaginamos que lo harían. Y ojo, pese a toda la avalancha de clichés, Plexico no tiene miedo a matar a varios personajes en la primera novela, para que veamos que la cosa va en serio. En los tiempos que corren es refrescante encontrarse con algo tan sincero y entrañable como esta obra. Y Plexico lleva ya seis más y una recopilación de historias cortas, por lo que conviene no perderle de vista.

The Villain’s Sidekick (Stephen T. Brophy, 2013, Budget Press)

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 Con la misma falta de pretensiones y frescura que la anterior, esta micro novela -casi más un relato largo, de unas escuetas 77 páginas- creado por Stephen T. Brophy nos lleva al otro lado de la ley. Y no precisamente de la mano de un supervillano de altura, ni siquiera de uno con dos manos. Y es que el pobre Duke “HandCannon” LaRue malvive como matón cyborg de tercera a las órdenes de villanos megalómanos, contando con poco más que su mano robótica intercambiable y su mandíbula metálica para hacerse valer en ese competitivo mercado. Duke es tomado por un bobalicón pero es un tipo con mucho instinto, tanto como poca suerte tiene, ya que malvive en un cuchitril con su gata, tiene a su agente de la condicional siempre encima y su ex mujer Liza no le pone fácil ver a su hija Cordelia. Y justo cuando Duke tiene cuatro días para estar con ella, las cosas se complican; uno de sus aliados, Heatsource, parece haber desaparecido con un botín que pertenecía al Dr. Eye, el tipo que les contrató para robarlo, por lo que tiene que hacer malabares para complacer a la niña -que pese a su pinta cree que es el mejor papá del mundo mundial- y no acabar asesinado por su jefe.

Desde la aparición en 2007 de “Muy pronto seré invencible” de Austin Grossman el subgénero de “villano narrando su vida” se ha convertido en algo muy habitual en este tipo de novelas. Afortunadamente, Brophy consigue distanciarse de ser una fotocopia manteniendo el pulso narrativo de su protagonista y dándole una voz muy peculiar. HandCannon acaba cayendo bien desde el primer momento pese a ser un tipo bruto,violento y que toma decisiones cuestionables, como la de usar a su hija como cebo para adivinar la identidad secreta de una superheroína. La historia recorre los suficientes lugares comunes -hombre violento cuya hija le ablanda el corazón, malos que no lo son tanto, buenos “dudosos”- como para intuir más o menos hasta donde llega, pero el buen hacer del autor y algún que otro giro interesante -entre el que se incluye un peculiar “origen secreto” para el Batman de turno, aquí llamado Nightguard- le dan vidilla a esta historia que se lee en un suspiro y te deja un muy buen sabor de boca. No se vosotros, pero yo creo que daría para una buena película indie americana del estilo de Defendor (2009) o Super (2010) pero cruzada con Pequeña Miss Sunshine (2006). Toma combo.

Víctor Castillo

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