Blackwing (Ed McDonald, 2017, Minotauro, 2018)

La Miseria es tierra de nadie: una peligrosa y corrupta frontera entre la República y los Reyes de las Profundidades. Cuando los traidores, ladrones y espías tratan de burlar a la autoridad, van a parar a la Miseria. El trabajo del capitán Ryhalt Galharrow es rehabilitarlos, siempre que no hayan sido presa de las retorcidas criaturas que habitan en sus cambiantes y contaminadas arenas. Hay una paz tensa, incluso

para un hombre de la experiencia de Galharrow. Pero es un lugar necesario, porque la única defensa de la República contra los Reyes de las Profundidades es la «Máquina» de Punzón, un arma de poder incomparable que protege las fronteras del desierto, siempre y cuando no empiece a fallar.

 Galharrow recibe un mensaje a través de un tatuaje de cuervo que tiene en el antebrazo, el que da nombre a la novela. Debe acudir a La Miseria a rescatar a una persona… y hasta aquí puedo contar.

El autor, Ed McDonald, es un profesor de universidad que vive en Londres, y esta es su primera novela. Mientras escribo estas líneas está nominado al Premio David Gemmell en la categoría Morningstar, la de mejor debut literario de fantasía.

 Narrada en primera persona desde la perspectiva de Galharrow, Blackwing es una novela de fantasía grimdark con un protagonista duro y sucio, cínico y ligeramente psicopático, enamorado de un amor de juventud y mortificado por su pasado, lo que le hace vivir en una espiral eterna de autodestrucción y blablablá. Nada nuevo aquí. Dicho esto, el autor lo hace muy bien. Da exactamente lo que el lector de grimdark quiere: la dosis justa de combates crueles y violentos, mezclados con tramas tortuosas, tanto en el romance como en el descubrimiento de los planes enemigos. Además, el mundo es muy sucio y deprimente. No hay buenos y malos: hay malos, que son para los que Galharrow trabaja; y enemigos, que están más cerca de ser demonios que personas.

El ritmo es bueno, y el mundo parece rico, aunque solo conoceremos La Miseria y Valengrado. La ambientación es genérica, una mezcla de una Rusia fantástica y las tierras imperiales de Warhammer.

Hay armas de fuego primitivas, con mecha, y un sistema mágico centrado en la acumulación y uso de la luz. Blando, en el sentido de que no hay reglas claras, ni poderes concretos, pero duro en el sentido de que usar la magia acaba consumiendo y quemando vivos a los practicantes desprevenidos, por una especie de retroceso mágico.

El equilibrio entre descripción-pensamiento-acción es perfecto. Las descripciones no llegan a aburrir, y son detalladas y evocadoras, especialmente en La Miseria o los combates. Concisas, no cansan. Ed utiliza la clásica técnica para empatizar con el protagonista haciéndole sufrir mucho.

Los personajes secundarios son memorables, y están bien diferenciados y caracterizados. Personajes atormentados que encajarían bien en el mundo de Geralt de Rivia.

La trama enrevesada es un poco confusa al principio, pero luego todas las piezas encajan. El final es lo suficientemente cerrado para que la novela se pueda disfrutar sola, aunque forme parte de una trilogía que ya aparece anunciada en las solapas. Hay un obvio cliffhanger, pero no es demasiado grave.

Por otra parte, no innova especialmente. Parece que todo el grimdark se reduce a lo mismo, y no habrá grandes sorpresas. Además, el final es un poco forzado ya que algunas de las maquinaciones de las fuerzas en movimiento me resultan poco verosímiles, ya que tienen demasiados puntos en los que podrían fallar.

 En resumen, Blackwing es el resultado de meter en una batidora elementos típicos en las sagas de Sapkowski, Abercrombie y el universo Warhammer.

Mi puntuación: siete cabezas cortadas.

Carlos Díaz

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