Aurora (Kim Stanley Robinson, 2015, Planeta, 2016)

Robinson_Auroroa_HC1-e1438000377348Una nave preparada para contener a varias generaciones de tripulantes viaja fuera del sistema solar por primera vez en la historia de la humanidad. Su destino es un planeta en el sistema Tau Ceti, a doce años luz, llamado Aurora en honor de la diosa romana del amanecer. Pero ¿será realmente este viaje un nuevo comienzo para la humanidad o nuestro fin?

 ¿Os parece una novela original? ¿No? Eso se debe a que no lo es. Pero vayamos por partes.

“Aurora” es la última novela de uno de los grandes, recientemente publicada por la editorial Minotauro. Kim Stanley Robinson (WaukeganIllinois23 de marzo de 1952)  debería ser conocido por cualquier aficionado a la ciencia ficción, al menos por su Trilogía Marciana. Ciencia ficción de la dura, de la protagonizada por aburridos científicos, y repleta de datos. De esa que te hace sentir un poco tonto, pero más listo que los que no la leen, como ya dije en otra reseña.

Robinson ha ganado varios premios, incluyendo el Hugo Award for Best Novel, el Nebula Award for Best Novel y el World Fantasy Award, así que como autor es de esperar cierta calidad. Titulado en las universidades de California, Boston y San Diego, escribió su tesis doctoral acerca de las novelas de Philip K. Dick, así que ya vemos por dónde van los tiros. He de decir que la Trilogía Marciana no la pude terminar, porque me resultó tediosa. Y la otra novela suya que he leído fue “Shaman” -inédita en nuestro país, y espero que siga así-, y me pareció dolorosamente aburrida. Así que cogí con miedo “Aurora”. Y aunque sigue teniendo muchos de los defectos típicos de la ciencia ficción dura, tampoco me arrepiento de su lectura. Quizás porque el autor ha pulido muchas de las cosas que menos me gustan del género.

Empieza con la historia de Freya, que vive en una nave que partió de la Tierra un siglo y medio atrás, rumbo a un planeta llamado Aurora, con la intención de establecerse en él junto a varios millares más de colonos. Es la hija de una ingeniera experta en solucionar todos los problemas que surgen a bordo, y de un miembro del consejo de seguridad. La nave es gigantesca, y en ella hay todo tipo de ecosistemas separados entre sí por sectores, con todo tipo de animales, plantas  e incluso culturas. La idea es que sea una especie de “arca de Noé”. El viaje en esa nave, que se mueve a una décima parte de la velocidad de la luz lleva unos 170 años, con lo cual han pasado varias generaciones desde que partió de la tierra, y su viaje está próximo al fin.

Freya tiene catorce años, y un leve retraso –esto en si es otra sub trama-. No llega a ser discapacitada, ni mucho menos, pero sus padres la consideran “lenta”. La novela sigue la vida de Freya desde los catorce años, cuando descubre a otros niños que no llevan chip para poder ser registrados, y se mueven por las entrañas de la nave, ocultos a los demás. Y hasta aquí puedo leer, porque esto es solo el inicio.

Lo Bueno:

– A pesar de ser “hard sci-fi”, la narrativa está cuidada, y se centra en seguir la historia desde la perspectiva de un personaje, que ni siquiera es un científico. El hecho de que Freya sea un poco “simple”, permite al autor utilizar explicaciones sencillas, a pesar de los bailes de datos y cifras, de forma que es muy comprensible. Recuerda a “El Marciano”, de Andy Weir, en cuanto que la narración es muy asequible para lectores menos curtidos en este tipo de ciencia ficción, o que no tienen una licenciatura en física cuántica.

– Tras “Shaman”, el señor Robinson regresa a la ciencia ficción que domina, y se nota. El proceso de terraformación de Aurora (y algunos guiños a los problemas que tienen en Marte), bebe de su experiencia con la Trilogía Marciana, aunque no es el tema principal, y lo hace de forma entretenida. La novela en si se centra en la sociología del entorno de la nave, y en los problemas ecológicos y civiles que se generan, temas típicos en las novelas de Robinson, y que domina.

– La amplitud de miras y el marco temporal permiten seguir toda la vida de Freya desde una perspectiva más cercana de lo habitual. Asistimos a sus primeras relaciones sexuales, sus conflictos con su madre y a cómo gestiona la muerte, la amistad, el caos, y la depresión.

Lo malo:

– A pesar de lo que anteriormente he dicho como aspecto positivo, no deja de ser ciencia ficción dura. KSR narra desde la perspectiva de una IA cuántica, sobre un personaje con el que podemos empatizar, que no es una simple mente fría y racional, pero también dista mucho de ser un personaje complejo a nivel emocional. Freya tenía muchas posibilidades para funcionar como un personaje redondo y emotivo, pero eso no le interesa al autor, ya que se centra en la sociología a gran escala, y no en las personas concretas. Produce la sensación de que se han desperdiciado muchas oportunidades de desarrollo de subtramas, algunas con mucho potencial, pero más íntimas y “pequeñas” de lo que le interesa al autor. Todo se mide a gran escala. Los años, los tamaños, los grupos sociales, los conflictos. Es como ver un hormiguero, y aunque el punto de vista está centrado siempre en una única hormiga, siempre es desde un punto muy alejado de las emociones. Me hubiera gustado coger más “cariño” a los personajes.

En resumen, “Aurora” es una novela con la que está claro que el señor Robinson se ha sentido cómodo. Toca todos los temas característicos de su obra: la sociología aplicada como forma de estudiar los conflictos y la toma de decisiones en un entorno cerrado, el funcionamiento de ecosistemas a gran y media escala, las terraformaciones, y los viajes espaciales… En ocasiones parece que abarca demasiado, y la visión que le llega al lector es algo “miope”, pues cuanto más se aleja, más borrosa se vuelve. Parece que él es consciente de ello, y por eso utiliza a Freya como excusa y punto focal de su atención, para darnos algo que nos ancle a un punto muy concreto. Esto tiene otra función, ya que permite al autor, dadas las características de Freya, explicarnos de forma simple toda la parte más “dura”. Desde las repercusiones del efecto coriolis en la gravedad de la nave, a los problemas de la desaceleración mediante campos gravitacionales planetarios. También es una forma sutil de tratar como si fuera tonto al lector, pero la verdad es que el lector menos curtido en la ciencia ficción dura lo agradecerá, a pesar de que hay quien lo encontrará insultante.

También tenemos a la IA de la nave, que funciona como narrador neutral, alejado de las emociones y centrado en la ciencia pura -un poco como la versión del autor más científico-, y Freya, como alter ego del lector más emocional.

.El uso de la nave como narrador omnisciente funciona, y recuerda -lejanamente- a “Justicia Auxiliar” de Ann Leckie, en cuanto que es una perspectiva panóptica. Desde un punto central podemos asistir a los sucesos independientemente de dónde ocurran, como si tuviéramos acceso a todas las cámaras y micrófonos.

Dicho esto, y ahora desde mi perspectiva subjetiva como lector de ciencia ficción que no lee con asiduidad la rama más dura, he de decir que es una novela que he disfrutado. Sigue siendo dura, y a veces hay páginas, una tras otra, de datos, cifras y procesos que no me aportaban ningún interés. Que sus datos sean correctos o incorrectos es algo que se me escapa, aunque en los agradecimientos del autor figuran varias personas de la Nasa, como suele ocurrir en estos casos, así que espero que esté bien documentado. Me lo creeré, y ya está.

De todas formas, el verdadero punto fuerte de la novela es la narración de la dinámica social que se genera en la nave, a una escala de sociedad autocontenida, a la que aplica diferentes crisis, desde la anarquía a la guerra civil. Shaman me pareció una novela horrible, de ritmo agónico, y esta, por otra parte, se disfruta. Me parece muy recomendable.

Carlos Díaz

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