¡Tres hurras por Flashman! (Flashman and the Tiger, George MacDonald Fraser, 1999, Edhasa, 2003)

flashmantiger01Te ves deshonrado por Harry Flashman y te pasas dos turnos totalmente avergonzado. (Alan Moore, en el juego de mesa de La liga de los caballeros extraordinarios, publicado en el especial America’s Best Comics, Febrero 2001).

¿Quién podría pensar que el matón que hacía la vida imposible al repelentillo de Tom Brown en Tom Brown’s Schooldays (Thomas Hughes, 1857) acabaría siendo el protagonista de una de las series más célebres de novelas históricas de nuestro tiempo? Harry Flashman nació ahí, en las páginas de una de las narraciones británicas clásicas de la literatura de buenos modales y caridad cristiana del siglo XIX, siendo presentado como el alumno que practicaba bullying a su protagonista y que terminaba siendo expulsado de la Academia de Rugby. El libro, por cierto, siempre fue considerado una obra de ficción pero parcialmente basada en hechos verídicos, en las propias experiencias de su autor cuando fue alumno de la escuela. Detalle que terminaría siendo importante cuando se publicó el primer libro protagonizado por el personaje, que muchos creyeron que se trataba de las memorias autenticas de un soldado inglés muy particular durante la histórica y desastrosa huida de Kabul en 1842.

flashmantiger02Esto ocurrió en 1969: la publicación de Flashman fue un rotundo éxito, con más de doscientas mil copias vendidas durante su primer año de publicación, y resultó (por suerte para los lectores) el empujón definitivo para que su autor, George MacDonald Fraser, abandonara su trabajo como periodista para convertirse en escritor “a tiempo completo”, e iniciaría una saga que se compuso de un total de 12 novelas (13 en la edición española de Edhasa, ya que dividieron en dos Flashman y los pieles rojas debido a su mayor extensión). En España, en un primer momento, solo podían encontrarse en librerías de viejo los dos primeros ejemplares, Flashman (Caralt, 1972) y Royal Flash (Caralt, 1976, en una edición que aprovechaba el estreno en cines de la película que la adaptaba, El cobarde heroico, dirigida por Richard Lester y con Malcolm McDowell en el papel del antihéroe). En 1997 Edhasa se haría con los derechos y comenzaría la publicación de todos los títulos, con 12 libros publicados hasta el 2003, cuando llegó a nuestro país el que comentaremos, ¡Tres hurras por Flashman!, y que todo apuntaba que sería el último… hasta que su autor sorprendió con la publicación de Flashman y la conquista de Abisinia (Flashman on the March) en el 2005, convirtiéndose en el treceavo y, ahora sí, final volumen de la colección en nuestro país en 2006. Muchas otras aventuras protagonizadas por el soldado más caradura de la historia de la literatura que fue mencionando a lo largo de los libros se quedaron sin ver la luz tras el fallecimiento de Fraser en el 2008.

flashmantiger03Puedo contemplar el retrato del joven oficial de los húsares de Cardigan que cuelga encima de mi escritorio (…) y decir que es el retrato de un tunante, mentiroso, fullero, ladrón, cobarde y también pelotillero de marca mayor. Esta es la definición de sí mismo que hace al inicio de la primera de sus “memorias”, reeditada en 1997 por Edhasa con el título de Harry Flashman: un espía el servicio del imperio británico. Su protagonista es un oportunista de primer orden con, eso sí, la mala suerte de meterse siempre en todos los fregados del colonialismo británico del siglo XIX, más otras conspiraciones y batallas de dicho periodo en las cuales cae por “méritos propios”. Un cobarde de pura cepa que sin embargo siempre acaba saliendo del embrollo en el que se haya metido y generalmente siendo considerado un prestigioso héroe. Las novelas están impregnadas de muchísima ironía, sentido del humor (el punto de vista del personaje suele ser impagable) y una visión absolutamente desmitificadora de las “glorias militares”. Llámese Von Bismarck –a la larga, más o menos, su archi-enemigo–, Custer, John Brown, la Reina Ranavalova de Madagascar o Lord Palmerston, todos son descritos como lunáticos, o hipócritas, o tramposos, o ignorantes y mucho más por el protagonista de la serie, que opina que la historia a ensalzado a seres que en “primera persona” eran bastante mas vulgares (habiendo excepciones, como por ejemplo Abraham Lincoln). Una manera muy original que en su día fue muy rompedora en la forma de narrar hechos históricos, los cuales están documentados hasta la saciedad y en los que Fraser se acostumbró a meter a su personaje en cualquier “cabo suelto” de la historia en el cual pudiera encajar, dando una extraña sensación de realismo dentro de su etiqueta de “fantasía histórica” que resulta de lo más satisfactoria. En general, todos son entretenidísimos, unos mejores y otros peores, pero al final termina siendo aplicable aquel poema de Borges que le dedicó a Sherlock Holmes, y que si el buen Flashy hubiera tenido la oportunidad de manipular antes de su publicación habría quedado así: Pensar de tarde en tarde en Harry Flashman es una de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte y la siesta son otras. También es nuestra suerte convalecer en el jardín o mirar la Luna. La referencia al detective de Baker Street, como verán, no es gratuita…

flashmantiger05¡Tres hurras por Flashman!, cronológicamente hablando es la última de la serie –aunque no lo sea a nivel editorial– y ya presenta a su protagonista bien entradito en años viviendo sus últimas aventuras, presumiblemente poco antes de que se siente en su escritorio y comience a escribir sus memorias que años después serían “encontradas” por MacDonald Fraser. Rompe con la estructura habitual que habían tenido todos los volúmenes previos y se compone de una novela corta, El camino a Charing Cross, y dos relatos, Las sutilezas del bacará y Flashman y el tigre. La primera de ellas es una aventura ubicada en dos temporalidades diferentes (1878 y 1883-84) en la cual el simpar bribón colabora con un mítico periodista del Times de la época, Henri Blowitz, otro memorable embaucador (en este caso real) para conseguir la exclusiva de la declaración del Consejo de Berlín en un ardid que le puede valer una condecoración en Francia y a la vez fastidiar al príncipe Bismarck –la enemistad de Flashy con éste viene de tiempo atrás, aunque en la novela se hacen las suficientes referencias al pasado para que se pueda leer sin conocer la serie (todas las novelas están estructuradas de tal modo que no es necesario leerlas por orden, aunque personalmente lo considere preferible)–, en lo que parece una pequeña y sencilla aventura de espionaje co-protagonizada por la espía Mamselle Caprice… Esta primera parte servirá de prólogo, imprescindible para comprender los hechos acaecidos en 1883 acerca de un complot para asesinar al Emperador Francisco José de Austria por parte de activistas húngaros. Aunque fuera a su manera miserable y cobarde, nuestro anti-héroe acabará siendo una pieza importantísima para que la primera Guerra Mundial no dé inicio antes de tiempo…

Los dos relatos son dos verdaderas delicias para el Flashmaniano (si es que existe dicho término). Las sutilezas del bacará hace referencia al Escándalo del Bacará Real ocurrido en 1890 en la granja de Tarnby de Sir Arthur Wilson, en la cual Sir William Gordon-Cumming fue acusado de hacer trampas en una partida de ese juego en una mesa cuya banca estaba presidida por el Príncipe de Gales y futuro rey Edward II (Bertie, para Flashman). El suceso es bastante diferente al tipo de aventuras que habitualmente vive el protagonista, no teniendo apenas acción (ya peina buenas canas el personaje), pero es un goce ver como Harry aprovecha su influencia para fastidiar a Gordon-Cumming, al cual tiene una manía especial… y como MacDonald Fraser mezcla auténticamente realidad y ficción ya que da una respuesta definitiva a los verdaderos sucesos ocurridos… y para ello revelando la verdadera naturaleza (ya intuída, de todos modos, en episodios previos) de uno de los personajes secundarios –y ficticios, no se lo vayan a creer- de la serie.

flashmantiger04Flashman y el Tigre ya es un total divertimento por parte de su autor, alejándose de sucesos verídicos y proponiendo un memorable crossover entre el canon de Sherlock Holmes y las memorias de Harry Flashman. Salvo por la ocasional aparición de personajes de Tom Brown’s Schooldays, no suelen dejarse ver por la saga personajes de novelas de ficción. Uno de los enemigos más temibles de el Maestro de los Detectives y sicario del Profesor Moriarty, el coronel John Sebastian Moran (el “Tigre”) es el objetivo de un ya muy anciano Flashman, que a sus años tiene que planear su asesinato… ya que su nieta está siendo víctima de un chantaje. Existe una aventura contada a modo de flashback protagonizada por ambos personajes durante la batalla de Isandlwana (la gran derrota inglesa a manos de los zulúes) en 1879 y que sirve de intro para conocer al malvado personaje (de sobras conocido por los seguidores de Holmes, pero no por el resto de lectores), y la ubicada en 1894, que relaciona los acontecimientos de la historia con los que explicó el Doctor Watson en La aventura de la casa deshabitada… relato que por cierto ya no podré volver a leerme con los mismos ojos a sabiendas de lo que se explica. También relaciona otro aspecto del canon de Holmes con el de Flashman, y es de  importancia un suceso ocurrido en Flashman el libertador… y no puedo seguir contando nada por miedo de estropearle a alguien la sorpresa, pero solo apuntar que existen ciertas posibilidades de que el personaje, por culpa de su habitual cobardía, provocara la “creación” de uno de los peores villanos a los que se enfrentó Sherlock Holmes sin saberlo.

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Y por supuesto, hay un breve encuentro entre ambos personajes. Y del punto de vista aplicado en el relato ya se pueden imaginar que es bastante diferente al utilizado por el Doctor Watson. Aquel ignorante sabihondo (…), aquel asno engreído, un maniático, empezaba a pensar (…), parecían un poeta y un alguacil… son algunas de las perlas que le dedica a Holmes y a Watson. La escena que comparten tiene dos interpretaciones: en el mundo según Flashman no hay lugar para los héroes perfectos y todas las deducciones que hace Sherlock son erróneas… o Holmes “engaña” al Doctor Watson para desviar la atención del anciano ex-soldado y dejar al pobre tipo en paz. Aunque ahora que lo pienso, existe una tercera posibilidad, perfectamente factible, de que Flashman falseara este aspecto en sus memorias para dejar en mal lugar al inquilino del 221B de Baker Street. ¡Todo es posible! En cualquier caso es un excelente relato, aunque se salga de la fórmula habitual de la serie. Sus últimas páginas dotan de sensación de “cierre” de la serie, donde contemplamos como se perpetúa el estilo Flashman a una nueva generación mientras el personaje se “despide” de su agotadora vida de aventuras tras el encuentro con el Gran Detective y una sorprendente revelación familiar.

Aunque la serie de Harry Flashman haya sido íntegramente editada por Edhasa, ojalá en un futuro no muy lejano prosigan editando el material inédito de George MacDonald Fraser, como Mr. American (1980, con cameo incluído de Sir Harry), Black Ajax (1997, narración de la vida del boxeador Tom Molineaux (1784-1818), aquí con participación del padre de Flashman) o la novela paródica The Pyrates (1983), y también las novelas (semi-biográficas) protagonizadas por el Soldado McAuslan (“el más sucio del mundo”, en boca de su autor) sobre las andanzas de un regimiento escocés.

Javier J. Valencia

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