Diario de un Resurreccionista. Una historia secreta e ilustrada de los ladrones de cuerpos y los anatomistas (La Felguera, 2016)

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Pasen, vean y también lean. No tengan miedo. Este es un mundo fascinante, tenebroso y desconocido: los legendarios resurreccionistas, las bandas de ladrones de cadáveres que exhumaban de los cementerios para luego vendérselos a anatomistas y cirujanos. El diario real de un resurreccionista, Jack Naples. Editado por James Blake Bailey.

Estamos en los días de la primera medicina y se vive un gran afán por descubrir los enigmas alrededor del cuerpo humano. Las calles no son lugares seguros. Tampoco los cementerios, que podían ser visitados por los hábiles resurreccionistas, que pertenecían al más bajo escalafón del hampa y el submundo criminal de ciudades como Londres o Edimburgo. Los anatomistas, rodeados de alumnos, se reunían en grandes salas de disección que debían ser nutridas con cuerpos y más cuerpos, tantos que entraron en contacto con la criminalidad, llegándose incluso a firmar contratos. Su fama les precedía: eran capaces de enfrentarse a tiros a vigilantes y policías y, cuando eran detenidos, se exponían a la pena de muerte o al linchamiento popular. Los cuerpos debían ser lo más «frescos» y enteros posibles, jugándose la vida a cambio de dinero e incluso, en caso de que fuesen atrapados, sus clientes, respetados doctores, se comprometían a hacerse cargo de sus familias. Pero eran imparables, y los cementerios reforzaron su vigilancia e incluso se idearon sofisticadas trampas, que incluían increíbles armas y mecanismos ocultos en el interior de los ataúdes, accionándose en caso de que estos fuesen forzados. O los llamados «mortsafes», ataúdes de seguridad reforzados de hierro.

Diario de un resurreccionista. Una historia secreta e ilustrada de los ladrones de cuerpos y los anatomistas, es una obra que a alguien le podrá resultar desagradable, pero que sin embargo ofrece lo que promete en todo su cruento esplendor. Este es un tratado sobre los ladrones de cuerpos, que eran quienes suministraban cadáveres a los colegios de medicina. La mayor parte de las veces los robaban de cementerios, pero había quienes no tenían problemas para sacarlos de tanatorios o de utilizar venenos o estrangulamientos para encontrar materia prima que vender. Nos sumerge de lleno en el ambiente victoriano de Londres y Edimburgo, y nos educa en una profesión criminal misteriosa y atrayente para el lector actual.

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La edición en sí es sobresaliente. Tapa dura con una textura que recuerda a la del cuero, guardas en color, y decenas de grabados anatómicos con una excelente calidad. Láminas y fotografías complementan el apartado visual y cumplen su función perfectamente.

El nombre de esta obra viene por Jack Naples, un criminal que obviamente era resurreccionista, y que tuvo a bien hacer un diario en el que anotaba lo que hacía cada noche de trabajo con su banda. La temática y el tono están bastante claros, así que no ahondaré en ellos. Da lo que promete, aunque el tratamiento de los textos y la forma de vender lo que narra tiende a lo morboso y ocultista, con ese juego que nos tienen acostumbrados los chicos de La Felguera, a medio camino entre el ensayo histórico y la ficción criminal más “gótica”. Igual me equivoco y no hay ni una pizca de ficción, pero tenemos que creernos lo que nos dicen, al no haber una bibliografía.

El día a día del diario en sí es la parte más aburrida: no me malinterpretéis, simplemente es una traducción con algunas licencias para hacerlo más legible… pero eso no quita para que sean unas sesenta páginas de anotaciones que solo dicen la cantidad de cuerpos que cogieron (o extremidades), si eran grandes o pequeños (niños), si se emborracharon o a dónde fueron. Es curioso, y sirve para recrear los hábitos del personaje en cuestión con una inmersión efectiva, pero se hace repetitivo.

Sin embargo, el resto del libro resulta muy ameno. Simplemente por detenerse a revisar los detalles de los grabados y fotografías, no solo de anatomía, sino también de ataúdes y herramientas, ya merece la pena. Por ejemplo los de los ataúdes con seguros, barras de refuerzo o incluso trampas para impedir que roben al finado. O las campanillas para prevenir ser enterrado vivo.

The Dissecting Room por Thomas Rowlandson

The Dissecting Room por Thomas Rowlandson

Y luego podremos descubrir cómo funcionaban determinadas leyes de la época, las penas a las que se enfrentaban, cómo era una sala de disección… Conocer de primera mano esa oscura sociedad victoriana, y seguir de cerca las referencias de autores como Mary Shelley, Charles Dickens o Robert Louis Stevenson, que escribieron sobre los temidos resurreccionistas.

Con el libro también recibí, en un pequeño sobre rojo decorado con una calavera y dos tibias, la tarjeta de visita de Jack Naples. Y una cajita de cerillas con sus calaveritas y la leyenda “FUEGO CAMINA CONMIGO”. Son estos detallitos embriagadores los que hacen que esta gente me caiga tan bien.

Imprescindible para necrófilos, necrófagos y nigromantes de todo tipo. Fantástico para quienes quieran descubrir todo tipo de datos y curiosidades sobre los ladrones de cuerpos; o cómo los colegios de anatomistas se nutrían de “especímenes” para sus clases.

Si sois más de ver Telecinco, también tiene su interés, ya que la mayoría de los grabados y dibujos se pueden colorear bien y suponen una evolución respecto a los coloreables de la Patrulla Canina.

En resumen, un libro cuidado y muy entretenido, cuyos méritos exceden sus pequeños defectos.

Carlos J. Díaz

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