The KLF – Caos y magia: La banda que quemó un millón de libras (The KLF, Chaos, Magic and the Band who Burned a Million Pounds, John Higgs, 2012, Libros Walden, 2016)

A veces es difícil hablar sobre un determinado libro. Mientras lo lees intuyes que será algo grande, que vas a aprender muchísimas cosas gracias a su lectura. Cuando lo terminas y te das cuenta que estas ante una obra impresionante y poderosa –y que tienes que escribir alguna cosa sobre la misma–, la cabeza te da vueltas. Este libro es una biografía sobre un par de músicos que llegaron a lo más alto sin ser músicos –o siendo mucho más que músicos–. También eran magos, pero eso no lo sabían.

Seguramente vas a encontrar el libro que nos ocupa en la sección de música de tu librería, pero no es una biografía musical al uso. Es un ensayo sobre el caos y la magia moldeado a partir de la historia de Bill Drummond y Jimmy Cauty, que primero formaron un grupo de Hip Hop llamado The JAM’s (The Justified Ancients of Mu Mu) y luego se convirtieron en los mundialmente conocidos The KLF. Por el camino escribieron un libro sobre como crear un numero uno en la industria musical que titularon The Manual (How to Have a Number One the Easy Way) –los Klaxons aseguran que funciona– y quemaron un millón de libras. Literalmente.

The JAMs (The Justified Ancients of Mu Mu)

No hace ninguna falta que a uno le llamen especialmente la atención el Dance o el House –géneros que practicaban los JAMs y los KLF– para que pueda apreciar este libro en toda su magnitud. Nos podemos enfrentar a él completamente desnudos, pues su autor, el historiador underground y periodista contracultural John Higgs, se encargará en todo momento de conducir nuestros pasos de manera pedagógica. El discurso crece poco a poco, con la presentación del gurú psicodélico Timothy Leary o del escritor ocultista Robert Anton Wilson. Se traza también una interesante panorámica por el Discordianismo, religión paródica o satírica centrada en la diosa Eris. Este culto, que entre broma y broma se convirtió en realidad,  surgió del libro de 1965 Principia Discordia, de los escritores Greg Hill y Kerry Wendell Thornley. Todo esto nos llevará irremediablemente a la trilogía literaria de los Illuminatus, escrita por Robert Anton Wilson y a la obra de teatro de más de ocho horas que Ken Campbell realizó sobre ella.

Drummond y Cauty orbitaban por allí. El primero fue contratado para construir los decorados de la obra y el segundo era un mero espectador, pero lo importante es que allí empezó todo. Más adelante llegaría la conexión casi telepática que parece que vincula a ambos músicos, el significado anarquista e incendiario que ha impregnado todos sus movimientos o los alucinados rituales que han protagonizado. Pero vayamos por partes.

Una imagen de la obra de teatro de Ken Campbell basada en la trilogía Illuminatus.

Sobre los Illuminatus, el discordianismo, Timothy Leary o Robert Anton Wilson no me voy a extender en esta reseña. El libro lo hace estupendamente y mucho mejor que la generalización superficial que yo pueda lograr aquí. Baste saber por el momento que son obras, expresiones y autores surgidos de una época muy concreta y muy lisérgica –años 60 y 70–. Baste saber también que Principia Discordia y la trilogía Illuminatus están fuertemente relacionadas, a veces hasta niveles desconcertantes. El estallido de la contracultura, el acido, la llegada masiva de formas alternativas de ver y entender el mundo –de las cuales los hippies y los ex-beatniks no eran mas que la punta del iceberg– se abrieron paso frente a el inmovilismo, llegando a penetrar en todos los ámbitos de la sociedad con una fuerza inusitada.

Bill Drummond y Jimmy Cauty estaban allí en el momento adecuado; en el esplendor de su juventud. Un tremendo aluvión de hechos y coincidencias se fraguaban a su alrededor. Sus intereses culturales, artísticos y existenciales se toparon con toda aquella magia y la interiorizaron hasta convertirla consciente o inconscientemente en el centro de sus motivaciones más profundas. Sus proyectos musicales, sus acciones subversivas nihilistas o sus performances situacionistas –que cada cual las califique como quiera–, desde las más underground y destructivas hasta las más comerciales, se han nutrido de una u otra forma de tal amalgama de referentes y a su vez se han dedicado a difundirlos.

Como cuenta Higgs en los primeros capítulos de Caos y magia, no es necesario que el personaje de una historia sea consciente de ella. El mismo escritor Robert Anton Wilson no tenia ni pajolera idea de quienes eran los KLF la primera vez que le preguntaron por ellos y sin embargo su nombre aparece escrito en todos lados cuando nos acercamos a este inclasificable dúo. Podemos inferir que los mismos Drummond y Cauty, que desde aquellos años locos hasta hoy han construido sus existencias a base de polémicas acciones, rituales paganos y activismo individualista tampoco eran conscientes de estar protagonizando la fantástica historia que leeremos en el libro que tenemos entre manos. El clímax del meollo, por supuesto, es la quema del millón de libras que se especifica en el propio tagline del libro. El relato y el sólido discurso que articula Higgs se construye alrededor de este hecho concreto y a su vez se reviste de magia y de caos, pero también de más carga de racionalidad que la que se pueda apreciar en un principio.

Alan Moore

Dice Alan Moore en su monumental novela gráfica From Hell que “El único sitio en el que es indudable que existan los dioses es en nuestra mente, donde son reales más allá de la refutación, en toda su grandeza y monstruosidad”. Para abordar el tema de la magia y de la mente, Higgs recurre a Alan Moore, uno de los grandes magos –en todos los aspectos– de nuestra era. Le dedica un impagable capitulo especial y por supuesto el barbudo de Northampton ya no dejará de aparecer en todo el libro. Moore siempre ha defendido que la magia solo existe en nuestra cabeza, pero que lo que existe en nuestra cabeza puede terminar por convertirse en una historia, en un comic, en una película…etc. A partir de ahí ya existe algo tangible que ha surgido de la “nada”. La cosa se complica cuando esa “nada” no es tal, sino un conjunto de ideas que flotan en el inconsciente colectivo y que han sido “pescadas” de ahí por sus autores –algo sobre lo que Lynch también ha especulado en más de una ocasión–.

La prosa sencilla de Higgs hace plenamente asequibles estos y otros interesantes conceptos sobre la interpretación del mundo a través de la mente humana. No vemos el mundo tal como es sino tal como lo interpreta nuestra mente y según como lo interpretan las mentes de los demás. O como dirían los tibetanos, “El césped es verde porque tu lo haces verde”. Aquí se desarrollan teorías y conceptos surgidos de la psicología analítica de Jung, como el “inconsciente colectivo”, que Higgs coteja a su vez con las ideas de Moore sobre lo que él denomina el “Ideaespacio” o lo que seria “el salto de la ficción a la realidad”. Estas ideas serán determinantes a la hora de abordar el ensayo.

Por supuesto, en este capítulo también conoceremos la reacción de Moore a la quema del millón de libras y las simpáticas palabras que le dedicó a Drummond –y que incluyen la expresión “loco de atar”–.

Portada de la 3ª edición de Caos y magia de Libros Walden.

Como vemos, ese salto de la ficción a la realidad ha obsesionado a la pareja de músicos desde el principio. El conejo gigante y malvado que descubrió Drummond en la portada del Crocodriles de los Echo and the Bunnymen –grupo que él mismo produjo con su discográfica independiente Zoo Records– le persiguió durante años y en su cabeza terminó por convertirse en algo real. La mera creación junto a Cauty del grupo Justified Ancients of Mu Mu –surgidos de las paginas de la trilogía Illuminatus de Anton Wilson–, es otro fantástico ejemplo de ese salto entre mundos. En los libros de Wilson, Los Justified Ancients of Mummu son un grupo clandestino que lucha contra el orden impuesto por los Illuminati. Drummond y Cauty quisieron representar eso y de alguna forma se convirtieron en ello. De la ficción a la realidad, o en palabras de los discordianos, “Invocar a una diosa inventada comporta el mismo efecto que invocar de forma sincera a una de verdad”.

Abro un pequeño inciso para fanáticos de lo pagano y del horror británico.

El ritual más famoso que llevaron a cabo los KLF se realizó en la isla de Jura ante un pequeño grupo de atónitos periodistas. Durante el mismo, un grupo de mujeres se pasearon por la arena y el agua de la playa ataviadas con hábitos de monje mientras Drummond gritaba invocaciones en un idioma inventado al mas puro estilo dadaista. El plato fuerte de la velada llegó cuando Drummond y Cauty quemaron a un hombre de mimbre similar al que aparece en la película El hombre de mimbre (The Wickerman, Robin Hardy, 1973). Como asegura el periodista Charles Shaar Murray de The Independent, “Bill Drummond es muchas cosas, y una de ellas es mago. Muchos de sus esquemas implican actos cargados de simbolismo que se realizan apartados de la mirada del publico y que solo documenta el propio Drummond y los demás camaradas que participan en ellos”. Este, por suerte, lo tenemos documentado y se puede ver en el siguiente vídeo.

Vuelvo al libro. En palabras del escritor del brillante ensayo, con todas estas acciones y rituales tal vez los KLF querían adueñarse de la industria pero la realidad es que la industria –una industria capaz de aceptar cualquier transgresión mientras se sigan generando beneficios– les terminó por engullir a ellos. Seguramente eso fue así hasta que quemaron el millón de libras y decidieron renunciar a los derechos de su exitoso grupo durante 23 años, pero eso es algo que es mejor que descubran en el libro. Sea como fuere, todo nos lleva al capítulo titulado “Corrientes ocultas”, a mi juicio el mejor de todos. En él se especula sobre el espacio temporal que existe entre dos olas históricas, lo que el autor bautiza como periodo liminal entre dos eras. El Cabaret Voltaire y el Dadaísmo, que han ido apareciendo a lo largo del relato, también entran en juego. No voy a destripar las tesis que se plantean en “Corrientes ocultas”pero se trata de un capítulo crucial. Las piezas del puzzle empiezan a encajar.

En cuanto a por qué quemaron el millón de libras, los siguientes apartados aventuran una teoría brillante y mágica y otra completamente racional. Allá cada cual. En el fondo lo que hace Higgs es adoptar el termino de Robert Anton Wilson “Túnel de realidad autorreferencial” y meternos de lleno en el suyo particular. Lo tiene todo muy meditado y nosotros podremos entrar en su juego o no, pero siempre nos resultará sumamente interesante y atractivo. Ahí radica la gracia del asunto.

Así es como arde un millón de libras

Tampoco quiero destripar aquí –más de lo que ya lo he hecho– el sinfín de anécdotas, sincronicidades y sucesos fuera de lo corriente que se enumeran en el libro. Son parte fundamental de sus tesis y a la vez lo convierten en algo irresistible y muy ameno. Abran Caos y magia, lean sus primeras lineas y les aseguro que ya no podrán abandonarlo hasta saber por qué el mismísimo Doctor Who tiene un papel tan destacado en la historia; que pinta JFK en el asunto; como fue exactamente la guerra de Bill y Jimmy contra los ABBA; por qué un agricultor de Whiltshire encontró la estatuilla de los Brit Awards que ganaron los KLF enterrada en un sembrado cerca de Stonehenge; qué pensó la afamada cantante country Tammy Winnete cuando grabó un superventas con los KLF; o por qué Drummond sueña desde hace décadas en comprarse un submarino.

Eso sí, con toda esta locura también les digo que vayan con pies de plomo. Desde que terminé Caos y magia no paro de ver el numero 23 en todos lados –si han leído o leen el libro ya sabrán a que me refiero–. Voy a terminar parafraseando a John Higgs cuando dice “aquel libro le había vuelto más sabio, pero también le había confundido más”. En realidad habla de la trilogía de los Illuminatus, pero me vale exactamente igual para Caos y magia.

Dani Morell

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