Terrormolins 2018 – Crónica de la 37ª edición del Festival de Cine de Terror de Molins de Rei

Festival de Terormolins 2018

Siguiendo la tradición, y a pesar de que desde hace unos años coincide con los festivales de l’Alternativa y con Cotxeres de Sants, he acudido a Molins, coherentemente con mi alma freak pero con el corazón dividido.

Cutterhead frame

La sesión inaugural presentó Cutterhead, del danés Rasmus Kloster. Una cinta asfixiante y claustrofóbica en la que la protagonista, junto a dos personajes más, quedan atrapados en la profundidad, en la maquinaria tuneladora de las obras del metro. La situación extrema forzará la relación de ellos tres desde la cordialidad hasta la supervivencia. Una experiencia muy intensa y una atmósfera conseguida a la que ayudó que pusieran la calefacción de la sala de proyección a temperatura sauna. –¡Lo hicisteis adrede! ¡Estoy seguro! Jaja

No pudimos ir todos los días, pero casi, así que hay bastantes películas e intentaré ser breve y ordenado.

Abrakadabra movie frame

El lunes 12, después de la jornada laboral, nos atrevimos con cuatro sesiones seguidas -cafeína mediante-, pero valió la pena. Abrakadabra, de Luciano y Nicolas Onetti, es una producción argentina que pasaría perfectamente por una italiana de finales de los 70. Para bien, pues esa es su principal intención, y efectivamente, resulta tan exótica que atrapa. No tiene la sofisticación de Amer (Hélène Cattet y Bruno Forzani, 2010), pero sí está impregnada de todo ese aire retro tanto en forma como en contenido. También está doblada al italiano y tiene giro loco a lo giallo. No apasiona, pero te transporta.

I'll take your dead movie frame

I’ll take your dead, del ya conocido por el festival Chad Archibald, era una cita a la que no queríamos faltar. Ya nos hizo gracia con Bite (2015), por lo asquerosa que era, y mejoró lo presente con The Heretics (2017), que añadía secta folk horror a la ecuación, una debilidad personal. Con I’ll take your dead adquiere un tono un poco más serio, primando lo dramático sobre lo fantástico, pero sin dejarlo de lado. El pilar del relato es la relación entre padre e hija protagonistas, que a pesar de desarrollarse en un marco un tanto inverosímil, consiguen hacerse querer. Personas buenas que hacen cosas malas. Ese sería el tema principal. Y alrededor de eso, un buen thriller con dosis de violencia y giro fantasmal del que ya va avisando desde el inicio.

Blood paradise movie frame

Luego vimos Blood Paradise (Patrick von Barkenberg), una película familiar, no porque sea para toda la familia, sino porque está realizada y vino a presentarla una familia sueca casi al completo. Un film con un tono muy personal y curioso, que me ganó precisamente por eso. No es un survival puro, ni terror, ni comedia, pero es las tres cosas. Y sin tener nada propio ni nuevo, consigue personalidad y cierta sensación de que cualquier cosa puede pasar. Un cúmulo de pequeñas sorpresas. Merece la pena esperar a que arranque bien para disfrutarla.

What keeps you alive movie frame

La última del día fue What keeps you alive, de Colin Minihan, que codirigió un correcto found footage de terror en 2011: Grave encounters. Ahora, despojado de todo elemento fantástico, nos trae un survival psicológico y contundente que funciona sólidamente gracias a sus dos actrices protagonistas. También cabe destacar lo bien rodada que está, en el sentido en que la cámara es casi un personaje más, un estudiado espectador que potencia muy bien la gran carga emocional y adrenalínica. Una buena película.

Leahterface 2017 movie frame

El martes 13 salí antes de trabajar para llegar a Leatherface, la precuela de La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) dirigida por los responsables de la contundente A l’interieur (2007), Alexandre Bustillo y Julien Maury. Precisamente por eso tenía muchas ganas de verla, y aunque tenía claro que el fenómeno de Hooper era irrepetible, también sabía que intentarían hacer un film serio y respetuoso. Así ha sido. Leatherface es una de las mejores entregas de esta saga, en la línea de lo que hizo Marcus Niespel en 2004 pero todavía más violenta y explícita. Nada que no hayamos visto en esa nueva ola de horror francés que empezó Alexandre Aja con Alta Tensión en 2003.

Tenemos que poner un poco de fe para que algo rodado más de cuarenta años después funcione como precuela, pero se aprecian las intenciones, y, al fin y al cabo, esta versión da al fanático de terror casi todo lo que necesita, con un extra de gore y repugnancia –esto último sí lo tenía original-.

Penjabdi Setan movie frame

Para el siguiente título de Joko Anwar hay varios nombres. Nos vino anunciada como Los huérfanos, pero luego la vimos como Los hijos de Satán, y también Esclavos de Satán. De este director vimos Modus anomali en 2012, pero lo cierto es que no recuerdo nada. En cambio, de su última obra sí me llevo unas cuantas imágenes grabadas en la retina. Y es que menudo collage monta el realizador de Indonesia. Una suerte de highlights del cine de terror psicológico de hoy y de siempre. Tanto, que consigue que se nos pase el efecto susto, aunque no por ello dejé de apreciar las pequeñas set pieces que nos servía. Me lo pasé muy bien. Lástima alargarlo más de lo necesario, pero aun así la recomiendo para una noche de tormenta.

The witch in the window movie frame

Y ahora le toca al turno a la que seguramente sea mi película favorita del festival y unas de las más destacables cintas fantásticas del año: The witch in the window (Andy Mitton). Su anterior largometraje ya me pareció bien por original y reflexivo, ya dejando ver su interés por esa fina línea que separa la vida y la muerte y la comunicación entre esos dos mundos. Pero ahora, ya con su cine casi maduro del todo –creo que todavía dará más de sí-, nos trae un relato tierno y escalofriante a partes iguales.

Muy centrado en sus protagonistas, la relación entre padre (separado) e hijo, avanzamos cogiéndoles cariño y entrando en ese marco fantástico, que no es otro que una casa encantada. O para ser más exactos, una casa habitada por un fantasma. Y no es hacer spoiler, pues Mitton pone enseguida sus cartas sobre la mesa, pero llegados a cierto punto, lo anecdótico pasa a ser terrorífico. Me alucinó que consiga tanto con tan poco, y que siendo casi para todos los públicos, pudiera ponerme la piel de gallina.

Con Tigers are not afraid (Issa López) no pude aguantar el sueño. No por su culpa, es que ya no podía más. Dos días seguidos viendo cuatro pelis después de la jornada laboral pudo conmigo. Se ve que hay corazón metido en ella y preferí no ser injusto y dejarlo para otra ocasión.

Piercing movie frame

El jueves 15 vine atraído a Piercing porque me gustó The eyes of my mother (también vista aquí, en Molins en 2016), pero enseguida queda claro que el cambio de tercio es radical; del blanco y negro al colorido, y del drama de horror incómodo a la comedia (romántica) negra que adapta a Murakami.

Esta, es una más de las que se suma al look y la música retro, pero no se me ocurre ningún motivo más allá de la moda, pues a pesar de que use a Goblin y a Morricone para musicar sus secuencias, y recurra a la pantalla dividida que tanto le gustaba a Brian de Palma, ni es un Giallo, ni es Pulp. Ahora bien, todo muy bonito y la banda sonora funciona. Al menos para los que hemos crecido viendo films de los 70 y 80, que somos carne fácil para ese artefacto que nos transporta incluso inconscientemente. Bien lo sabe Tarantino antes que nadie, y también Peter Strickland, entre otros admirados directores.

En cualquier caso, Piercing es una historia de amor simpática y retorcida a la que su carácter transgresor y sádico, le va bien un toque de ligereza. No me ha apasionado, pero sigo teniendo muy en cuenta a Nicolas Pesce.

Gonjiam: Haunted asylum movie frame

Generalmente no soy muy fan de los Found footage, pero cada año hay alguna que juega bien su baza y termina conquistándome. El año pasado fue Phoenix Forgotten, de Justin Barber, y en esta edición Gonjiam: Haunted asylum, de Jung Bum-Sik, que intenta construir algo antes de empezar a dar sustos sin ton ni son y marear con la cámara. De modo que, aun siendo un refrito de todo lo ya visto en el J-horror y otros derivados orientales, consigue que el terror funcione. Incluso aporta mini-secuencias en las que los espectadores no avezados en el género, tengan que agarrarse a la butaca.

Lifechanger movie frame

Lifechanger, de Justin McConnell, es un film indie canadiense vestido con atuendos ochenteros para los fx protésicos y practicables, que son necesidad, no capricho, para contar esta historia de amor imposible. El protagonista se ve obligado a cambiar de cuerpo antes de que se pudra, y cada vez es más rápido ese proceso de putrefacción. Y la protagonista lo conoce –sin saberlo- a través de distintos cuerpos. Hasta aquí bien. El dilema moral es que muere cada persona suplantada.

Una premisa interesante y una narración con voz en off para un resultado bastante convincente aunque no explota al final como podría. Una peli pequeña sin muchas aspiraciones que cumple con lo que plantea.

Book of monsters movie frame

Y con la británica Book of Monsters, de Stewart Sparke, cerramos el jueves, otra vez aguantando hasta el final. Se agradeció la ligereza de esta y sus 84 minutos. También con fx de la vieja escuela y un homenaje a los pioneros Sam Raimi y Peter Jackson, me gustaría decir que es hilarante y funciona como un tiro, pero lo cierto es que se queda en simpática. El casting es irregular; las chicas están a la altura, pero los actores son flojitos, y hay gags que pretenden sacar la carcajada y no funcionan.

El gore artesano y los muñecos siempre son bienvenidos, y pelis mucho peores nos comimos con el auge post-Braindead, pero hoy por hoy, hace falta un poco más para ganarse al respetable.

Vamos a por el viernes 16, calentando motores para la maratón.

Lords of chaos movie frame

Lords of chaos, de Jonas Akerlund, es una adaptación cinematográfica del libro homónimo publicado en 1998, que narra la génesis del Black Metal Noruego bajo grupos como Mayhem y Burzum y los delitos que los miembros de estos grupos cometieron.

La película se centra en la figura de Euronymous, líder de Mayhem y su relación con Vikernes (Varg en la ficción), único miembro de Burzum. Una amistad que pasa de la admiración a la competición y que hilvana narrativamente una escalada de violencia que va desde la quema de varias iglesias al brutal asesinato del propio Euronymous por parte de Vikernes. No es ningún spoiler. Es la historia real de estas dos bandas, así que no me extraña que se hayan planteado hacer una película. Pero lo que sí extraña, y de buen seguro echarán en falta todos los black metaleros, es que tratándose de un biopic del líder de la banda, apenas se hayan usado temas musicales. Perece que tampoco pretendía ser documental y evita las imágenes de archivo reales.

Sorprende también que el humor tenga tanto peso, y que, a pesar de ese tratamiento más liviano, la violencia resulte tan explícita y desgarradora.

Mandy movie frame

Mandy, de Panos Cosmatos Parece claro, al menos de momento, que Panos Cosmatos sigue fiel a su extremada propuesta estética y sonora que ya mostró al mundo con su primer largometraje Beyond the black rainbow. En esta ocasión con un presupuesto mayor y con Nicolas Cage en el reparto. Cage hace años que se ha tornado una parodia de sí mismo, y aquí no es menos porque el libreto de Cosmatos no está exento de humor, pero también logra momentos creíbles y ligeramente contenidos -solo al inicio-. Da la sensación de que ya escriben los personajes pensando en que él los interprete, y probablemente así sea. En todo caso, lo da todo, funciona y se le quiere.

Volviendo a la película, decir que era lo que esperaba y tan bueno como esperaba. Un exploit deudor de Mad Max, por poner solo un ejemplo, pero que remite incluso a Hellraiser. Todo ello con la personalidad propia que le otorga su imaginario visual y la atmósfera lisérgica que impregna el film. En este caso, con la ayuda del talento incalculable del recientemente fallecido Jóhann Jóhanssonn. Qué gran pérdida ha tenido el mundo del cine.

Mandy es una experiencia solemne y también una guasa. Un drama y un despiporre gore. Una historia de venganza, y guste o no, una cult movie instantánea. Si me permitís ser todavía más coloquial: no se trata de si es buena o mala, se trata de “molar”, y Mandy, mola.

Ya es sábado 17, esto se acaba de verdad, pero a lo grande. Seis películas seguidas. De verdad que es duro. Que sí, que sarna con gusto no pica, pero necesité un cortado, un Monster y dos Redbulls. Y aun así, costó. Sigo con el orden de proyección:

Summer of 84 movie frame

Summer of 84, Françoise Simard y Anouk Whissell.

Han sido los directores quiénes han avisado antes de la proyección, que esta, no tenía nada que ver con su anterior película, Turbo Kid -también retro ochentas pero en una línea más serie B y gore-. En este caso, a primera vista os recordará más a Stranger Things o IT, pero la trama va por derroteros menos fantásticos aunque igualmente oscuros.

Verano del 84, en el uso de lo referencial, es, a diferencia de la anterior película comentada, algo más que envoltorio. Y lo que empieza siendo una aventurilla infantil, deriva en algo más serio, y termina oscilando entre el thriller y el terror.

Un buen casting, una dirección artística rigurosa, una fotografía que hasta se molesta en usar lentes anamórficas para clavar el look, una música a tres manos de quiénes ya compusieron para Turbo Kid, y unos directores que confirman que su anterior película no fue una solo un guiño o una anécdota. Si ya hicieron bien lo que hicieron -dentro de las limitaciones presupuestarias y con sus caídas de ritmo-, ahora sí o sí, son realizadores a tener muy cuenta.

Ghosland movie frame

Ghostland, Pascal Laugier.

Desde 2004, Laugier ha conseguido estrenar un largo cada cuatro años, una media que no está mal, pero aquí y en el mundo entero le conocimos por su segunda película: Martyrs, que se sumaba a la nueva ola de horror francés con mucha contundencia.

Terror con algo que contar y cierta mitología, que, junto con su violencia extrema, conquistaron a crítica y público -me sumo moderadamente-, especialmente fuera de su país, Francia.

Su posterior aportación, El hombre de las sombras (The tall man, 2012), me pareció tramposa a un nivel imperdonable y por encima remataba con un discurso lamentable que prefiero no recordar. Pero, como no soy rencoroso, he venido a ver su cuarto film libre de prejuicios, y bingo, vuelta al terror puro con algunas set pieces brillantes -el primer home invasion es tremendo-.

El guion es juguetón y seguro que algún exaltado se enfada, pero si entras en su órbita y lo aceptas, lo disfrutas e incluso te propone secuencias dramáticas que funcionan. También algo de humor negro y alguna tontería, pero este es el tipo de películas que tiene que estar en Sitges sí o sí. Sin ir de extrema, sin rizar el rizo, y sin querer revolucionar nada, será seguramente, una de las mejores cintas de género del año.

The devil's doorway movie frame

The Devil’s Doorway, Aislinn Clarke

Lo reseñable de este found footage es que está rodado en 16mm y ambientado en los años 60. Una textura curiosa para un subgénero tan relativamente reciente como este, que explotó a lo loco con The Blair Witch Project, allá por el 1999.

Lo cierto es que empieza muy bien, muy potente. Pero el abuso de jump scares termina por reducir su efecto, y la historia, a priori interesante, no da para mucho más y a mitad del metraje, solo queda espacio para sobresaltos. A pesar de que al final no me convenciese, sí me gusta su propuesta, su ambientación, y creo que destaca dentro del gran bulto de películas de terror que se estrenan al año.

One cut of the dead movie frame

One cut of the dead, Shin Ichiro Ueda

Apariencia de serie B para una comedia que tiene más cine dentro que la mayoría de estrenos. Algo que empieza como simpático y anecdótico, acaba siendo una masterclass de cine low cost y una declaración de amor al séptimo arte. También una oda al trabajo en equipo, y es que el cine es eso, una película se edifica entre muchos, y esta analogía incluso la personifican al final. ¿Una chorrada de peli? Sí, pero una chorrada brillante y, además, muy divertida. Y más compleja de lo que parece, también.

Lasso movie frame

Lasso, Evan Cecil

Seguimos con el espíritu serie B y un argumento loco en el que no merece la pena preguntarse por las motivaciones de los personajes, especialmente los villanos, pero que se disfruta por el carrusel de muertes y despiporre gore desvergonzado. El tono es serio, pretendidamente dramático, pero la peli es una fiesta. También un calvario si no estáis acostumbrados a la crueldad física gratuita. Estupenda para una maratón de estas características.

Puppet master: The littlest Reich movie frame

Hablando de gore desvergonzado y gratuito… voilà! Reboot de una saga videoclubera a más no poder. Y en su declaración de intenciones, ojo, que quien firma el guion es S. Craig Zahler, autor de Bone Tomahawk (2015), Brawl in Cell Block 99 (2017) y Dragged across concrete (2018). Uno de los directores más potentes del momento.

Lo cierto es que se nota cuando algo esté bien escrito. Aunque está claro que tipo de producto es y que aspiraciones tiene, hay una profesionalidad y una intención que se agradece. Historieta pulp pero con buenos personajes y la mala leche habitual de Zahler, que no deja títere con cabeza –nunca mejor dicho-. Pasa de maravilla y pudimos aguantar despiertos hasta las 8h de la mañana.

La mejor última película de maratón de todas las ediciones del festival desde hace mucho.

Y con esto me despido hasta el año que viene si todo va bien. Siempre un placer atiborrarse de cine de terror en Molins.

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