TAQUILLAS EN LLAMAS- El cine de catástrofes de los 70 en 30 películas, 3ª parte: La naturaleza nos odia.

the_swarm03Damos el punto y final a este especial dedicado al cine catastrófico de los 70 con la que quizá sea la más temible de las amenazas que han sufrido sus protagonistas; la de la propia naturaleza. El creciente interés en temas ecológicos durante la época y la abundancia de estudios de anticipación, tanto realistas como más esotéricos (como aquel corto pánico a las abejas africanas enaltecido por varios medios) sobre el futuro de nuestro planeta dio lugar a catástrofes fílmicas de lo más peculiares. 

Con ellas cerramos este viaje de tres días por aquellos maravillosos (y desastrosos) setenta.

EL HUNDIMIENTO DEL JAPÓN (Nippon chinbotsu, 1973) Japón

D: Shirô Moritani I: Keiju Kobayashi, Hiroshi Fujioka, Tetsurô Tanba.

nipponchinbotsu1973Nadie mejor para destruir el país del sol naciente que la productora Toho,  que por aquel entonces llevaba ya casi veinte años lanzando monstruos gigantes contra Tokio capitaneados, obviamente, por Godzilla. En El hundimiento del Japón encontramos todas las señas que caracterizan al cine de catástrofes japonés: metrajes titánicos (el original japonés es de 143 minutos, aquí nos llegó la versión acortada) montones de escenas de políticos y empresarios tomando difíciles decisiones, algo de de desprecio por las tramas personales (Hiroshi Fujioka, el primer Kamen Rider, pasea sus patillas por ahí, pero su historia de amor tiene más bien poco peso), excelentes escenas de destrucción de maquetas (con muertes bastante violentas) y esa sensación de tragedia global inevitable y fatalista provocada por la falta total de empatía y lo anónimo de las víctimas. ¿Y de qué va? Es fácil de adivinar; la falla subacuática de Japón se ve azotada por movimientos tectónicos que provocan tsunamis y terremotos a mansalva. Tokio es destruida pasto de las llamas y tras un tiempo de reflexión y acondicionamiento, el primer ministro Yamamoto (Tetsurô Tanba, habitual del género como veréis más abajo) y sus ayudantes deciden sacar de las islas al 5% de la población antes de que estas se hundan definitivamente y reubicarla en otros países, que se llenan de refugiados a los que no pueden atender. Toda una cultura es destruída, mueren millones de personas y los supervivientes sufren mucho. Y fin. Después de lo de Fukushima y las crisis de refugiados de la actualidad, ver esto da hasta mal cuerpo.

APOCALIPSIS 1999 (Nosutoradamusu no daiyogen, 1974) Japón

D: Toshio Matsuda  I: Tetsurô Tanba, Toshio Kurosawa, Kaoru Yumi.

aede86700bdbf839eed9e38be08720d4El doctor Nishiyama (Tetsurô Tanba) procede de una familia japonesa que lleva siglos siendo guardiana de una edición antigua de las Profecías de Nostradamus. En su búsqueda de un método de conservar alimentos para paliar hambrunas, Nishiyama empieza a ver que los casos de mutaciones y muertes por contaminación se están multiplicando en Japón. Sus  propuestas de supervivencia son desoídas en las reuniones que tiene con el gobierno. Y es que el buen doctor sabe la que se avecina; como dijo Nostradamus, el fin está cada vez más cerca. Terremotos, glaciaciones, animales gigantes, suicidios en masa, incendios urbanos masivos, saqueos… Apocalipsis 1999 no se priva de nada en materia de destrucción. E incluso tiene las santas pelotas de mostrarnos en una visión de su protagonista la destrucción total de la vida humana tras una guerra atómica y a los mutantes que nos sucederán peleándose por lo poco que queda. Efectivamente, Toho derrotó a Roland Emmerich en su campo más de treinta años antes. Una de las películas de catástrofes más lisérgicas y extrañas de la década.

¿DÓNDE ESTÁ TODO EL MUNDO? (Where Have All the People Gone, 1974) Estados Unidos

D: John Llewellyn Moxey I: Peter Graves, George O’Hanlon Jr., Kathleen Quinlan.

Where_Have_All_The_People_Gone_photo__33065.1414015333.1280.1280Los que tenemos una edad asociamos a Peter Graves y el cine de catástrofes con la frase “¿te gustan las películas de gladiadores?” pero en este telefilme nos lo encontramos serio, preocupado y sin ganas de guasa. A ver, es comprensible, ya que mientras pasa un fin de semana de camping con sus hijos una erupción solar mata a casi toda la población de Los Ángeles y los pocos supervivientes enferman hasta desintegrarse en polvillo blanco. Nuestro protagonista deberá embarcarse en un viaje de vuelta a casa junto a sus insoportables vástagos ; un cerebrín que tiene respuestas para todo (George O’Hanlon Jr.) y una llorica casi catatónica (Kathleen Quinlan) que no le son de mucha ayuda. Es más, Graves está empeñado en solucionar todos los conflictos hablando y siendo buen tipo, por lo que le roban el coche y las provisiones y lo dejan a dos velas. Además tiene que acabar cargando con una viuda aún más catatónica y confundida que su hija y con Michael, un huérfano al que en el doblaje no paran de llamar Maicol para descojone del espectador. ¿Dónde está todo el mundo? es un telefilme minimalista, casi sin banda sonora y con pocos actores, cosa que debería transmitir desasosiego postapocalíptico, pero que en realidad provoca bastantes bostezos pese a que sólo dura 73 minutos. Pánico Infinito (1962) se le parece pero es muchísimo mejor. De las de quedarse frito en el sofá (y convertirse después en polvillo blanco)

TERREMOTO (Earthquake, 1974) Estados Unidos

D: Mark Robson I: Charlton Heston, Ava Gardner, George Kennedy

earthquake_lgSi El coloso en llamas y La aventura del Poseidón no existieran, Terremoto sería el desastre definitivo de la década. Mark Robson y la Universal, con la ayuda de nadie menos que Mario Puzo en el libreto, consiguieron facturar un film muy cercano a los de Irwin Allen e igual de exitoso que estos, llegando a ser la tercera película que más recaudó en 1974. Y además con truco ya que los productores, en un movimiento digno de William Castle, decidieron añadir altavoces con graves a tope bajo los asientos de ciertos cines para potenciar las escenas de desprendimientos con lo que llamaron el sensurround. La película no le anda a la zaga a esa maniobra de feria; está llena de personajes exagerados y memorables: un constructor (Charlton Heston, batiendo récords de aparición en este especial) que le pone los cuernos a la histérica de su mujer (Ava Gardner) con la viuda de uno de sus empleados (y como no, es Geneviève Bujold en la cúspide de su monerridad) y que tiene un suegro demasiado buenazo para ser verdad (Lorne Greene, que solo se llevaba siete años con Gardner, que no parece todo lo joven que sería, ejem, deseable) un motorista temerario a lo Evel Knievel (Richard Roundtree) un aficionado a las armas rarito (Marjoe Gortner, que tres años después andaría haciendo Starcrash de Luigi Cozzi) y un policía de lo más pasota (George Kennedy)  Todos ellos tienen que vérselas con un inmenso terremoto que destruye la ciudad de Los Ángeles y evitar que la posterior rotura de una presa se los lleve por delante… y está claro que no todos lo conseguirán. Diversión palomitera de primer orden.

SUPERVIVIENTES DE LOS ANDES (1976) México

D: René Cardona Jr. I: Pablo Ferrel, Hugo Stiglitz, Norma Lazareno

Survive US Paramount still 002¡Viven! (Frank Marshall, 1993) no fue la primera película en narrar la historia de supervivencia de los tripulantes del vuelo 571 uruguayo accidentado en los Andes en 1972. El (dudoso) honor corresponde a uno de los maestros del cine popular mexicano, René Cardona hijo (no confundir con su padre, que también fue un currito del cine barato) .Y sorprendentemente, el director opta por acercarse al tema de la manera más documental posible. Siguiendo al dedillo el libro del historiador Clay Blair, la película desgrana todos los hechos detalladamente, hasta explicando cosas con voz en off si se tercia. La verdad es que aunque los sets del accidente y el avión están bastante conseguidos para el nivel económico y la falta casi total de música ayuda a meterse en el clima de desesperación de las víctimas, hay que ser sincero; Supervivientes… es un coñazo de tomo y lomo. Diatribas interminables sobre la justificación del canibalismo, larguísimas escenas de gente desfilando una tras otra sin mover la cámara (muy típicas del cine mexicano, por otra parte) y un desdén absoluto por el desarrollo de cualquier personaje (el protagonista es Hugo caracartón Stiglitz, con eso lo digo todo) hacen que las dos horas que dura se hagan interminables. Y ojo, que Cardona no rehuye la casquería; hay muchos más cadáveres desollados y heridas purulentas que en la de los noventa. Pero es que ni con esas. Un buen leño.

LA ÚLTIMA OLA (The Last Wave, 1977) Australia

D: Peter Weir I: Richard Chamberlain, Olivia Hamnett, David Gulpilil.

662029204171772228Está claro que de la mente de Peter Weir no iba a salir la clásica historia catastrófica de la época, con decenas de personajes sufriendo lo indecible. Aunque no nos equivoquemos; La última ola trata de una catástrofe tanto física como espiritual y de la reacción de una persona metódica y aparentemente racional a cosas que hasta ese momento desconocía. El tipo en cuestión es David Burton (Richard Chamberlain) un abogado de Sidney que se ve envuelto en la defensa de un grupo de aborígenes que aparentemente han asesinado a uno de sus congéneres con magia tribal. En el transcurso de sus investigaciones, y en medio de un extraño y persistente temporal de lluvia que asola el país, conocerá a un aborigen, Chris Lee (David Gulpilil) reticente a decirle la verdad sobre el crimen. David acaba cada vez más inmerso en el mundo de los aborígenes, ya que por lo visto siempre ha tenido una extraña conexión con su mundo espiritual, lo que ellos llaman el “tiempo del sueño”, en donde se le ha revelado que el mundo tal y como lo conocemos está llegando a un “final de ciclo” y que la lluvia es el preludio de un desastre natural que acabará con nuestra civilización para empezar de nuevo. Todo lo que podemos esperar de estilo de Weir está aquí; ambiente de ensoñación, ritmo pausado y mucha simbología dejada a la interpretación del espectador, aunque tras algunas de las visiones de David a mí me ha quedado todo muy claro; llegó el momento de darle al botón de “reset”.

EL ENJAMBRE (The Swarm, 1978) Estados Unidos

D: Irwin Allen I: Michael Caine, Katharine Ross, Richard Widmark

the_swarm06Responded a esta pregunta: ¿Si fuerais el presidente de los Estados Unidos y se os colara Michael Caine en una base militar ultra secreta en donde todos los soldados han muerto y os dijera que necesita vuestra ayuda porque ha descubierto una nube de abejas asesinas que se dirige a la ciudad, que haríais con él? Efectivamente, darle plenos poderes para investigar el tema pese al cabreo de los militares. Con este nivel argumental es el que nos estamos jugando los cuartos en El enjambre. En una época en la que este tipo de cine estaba perdiendo fuelle, Allen seguía erre que erre con lo suyo. Ante este nivel de despropósito solo nos queda poner el cerebro en off y disfrutar. Y esta epopeya en la que Caine se pasa 155 minutazos (en la versión extendida, la otra “solo” dura dos horas) sin hacer poca cosa más que tratar de frenar a las abejas con escaso éxito e intentar ligar con una doctora (Katharine Ross) con algo más de acierto es la muestra de ello. Las abejas, por lo demás, la lían parda de un modo espectacular, descarrilando trenes, colándose en reactores nucleares e inyectando un veneno a los humanos que les hace alucinar confundiendo a personas con ¡abejas gigantes! Y la solución final llega tan de sopetón que nos hace sospechar que Stirling Silliphant o adaptó la novela como le dio la gana o se iba inventando la trama a medida que Allen iba rodando. En definitiva, una cutrez como la copa de un pino pero la mar de disfrutable si vamos avisados. Esto sí fue una catástrofe, pero en taquilla.

AVALANCHA (Avalanche, 1978) Estados Unidos

D: Corey Allen I: Rock Hudson, Mia Farrow, Robert Forster

hudsonavalanche620La respuesta de Roger Corman y su New World Pictures al género catastrófico es una película muy entretenida y ejecutada con el clásico desdén por el presupuesto que caracteriza a su productor. Un lujoso resort de esquí es inaugurado por el empresario David Shelby (Rock Hudson) y entre los invitados de lujo se encuentra su ex mujer Caroline (Mia Farrow) que aún no sabe si volver con él. Mientras tanto, la construcción acelerada de las últimas instalaciones está generando demasiadas vibraciones y con ellas riesgo de un enorme alud de nieve. Un fotógrafo local (Robert Forster) no para de advertir a los empresarios, pero todos le ignoran menos Caroline, a la que obviamente también se intenta ligar. Añadid a esto unas cuantas tramas más de deportistas de élite poniéndose cuernos y envidias en la competición (coronadas por una absurda y genial carrera con motos de nieve en la que los corredores se inflan a hostias) y ya tenemos todo el caldo de cultivo para la avalancha final y su consiguiente masacre. Corman y los suyos consiguen que aparte de Forster y Farrow nadie nos caiga bien; todos son unos personajes egoístas y estúpidos mínimamente desarrollados y lo de que mueran o no nos la trae al pairo. Y menudos efectos especiales; aunque algunas escenas no están mal conseguidas el poliestireno está a la orden del día, tanto que causó problemas en el lugar de rodaje, ya que cuando llegó el calor los lugareños descubrieron que el equipo lo había dejado tirado sin limpiar. Pese a todo esto, Avalancha es una castaña entrañable y divertida con algunas escenas memorables. Recomendada si no sois muy exigentes.

CICLÓN (Cyclone, 1978) México/Estados Unidos/Italia

D: René Cardona Jr. I: Arthur Kennedy, Carroll Baker, Lionel Stander.

cyclone04Dos años después de Supervivientes de los Andes, René Cardona Jr. consideró que no había exprimido lo suficiente el rollo catastrófico con víctimas que recurren al canibalismo, así que en Ciclón  tenemos casi un calco de la anterior. ¿Montones de personajes sin ninún desarrollo y que te importan una mierda? Check. ¿Interminables planos de gente haciendo nada? Check. ¿Hugo caragranito Sitglitz? Check. Pese a todo ello, y quizá porque me pilló de buenas, Ciclón es bastante más soportable que su antecesora. En ella vemos el drama de varios grupos que se quedan tirados en alta mar tras un inesperado ciclón y que van a parar a un barco turista -de esos tan cucos con suelo de cristal- con la esperanza de que los rescaten. Pero cuando ya parece que la ayuda va a tardar comenzamos con las consabidas hostias por el agua y la comida. Después de perder la caña de pescar, los supervivientes se verán obligados a comerse a sus muertos para no morir, y la verdad es que lo aceptan bastante bien, incluso dándole al tema una justificación cristiana (ya sabéis, lo del “comed mi carne y bebed mi sangre”, etc) y nombrando por encima que eso ya les pasó a unos en los Andes. ¡Qué pillo eras, Cardona! Quizá no hacían falta dos horas para explicar todo esto y hay momentos que bordea el sopor más absoluto, pero lo de que gracias a ser coproducción italiana la música la componga el habitual de los mondo Riz Ortolani le da algo de encanto. Pero encanto de cinco, no nos engañemos.

METEORO (Meteor, 1979) Estados Unidos

D: Ronald Neame I: Sean Connery, Natalie Wood, Karl Malden

meteor-scene-24Samuel Z. Arkoff se las sabía todas. El gerifalte de American International Pictures tenía mano para saber lo que quería el público y dárselo pero ni toda su habilidad le salvó del batacazo que fue Meteoro. Con la moda del cine catastrófico en las últimas, la AIP contrató a actores de primera para luego dejarlos casi todo el metraje discutiendo delante de monitores de televisión que muestran interminables planos de maquetas de misiles espaciales, intercalados con escenas del pedrusco galáctico con música ominosa de fondo. Al menos todo esto está sazonado con algunas escenas de destrucción aquí y allá antes de un clímax que al final, tampoco es para tanto. El film, eso sí, va directo al meollo; cuando un transbordador de la NASA es destruido por un meteoro, uno de sus cabecillas (Karl Malden) va a buscar a un antiguo empleado, el Doctor Paul Bradley (Sean Connery) que construyó un sistema de defensa orbital llamado Hércules. El cacharro debía apuntar al espacio, pero los militares presionaron para que lo hiciera a la URSS y eso hizo que Bradley se marchara. Al ver que lo misiles no tendrán potencia suficiente, la NASA debe convencer a los soviéticos de que usen su otra lanzadera de misiles orbital. En todo ese tiempo asistimos a tensas negociaciones en las que a Bradley aún le dará tiempo para ligar con una de las traductoras (Natalie Wood) y a conocer a un histriónico general que se opone a todo (Martin Landau). Y claro, el pedrusco viene acompañado de otros pequeños, que destruyen una estación de esquí suiza (con metraje reutilizado de Avalancha) la ciudad de Hong Kong (la productora Shaw Brothers también puso dinero en la producción) y Nueva York, donde está la central desde donde se guían los misiles. Aunque se trata de un divertimento apañado, hay momentos en los que no se puede evitar el bostezo. 

¿Qué sucedió después de tal avalancha (nunca mejor dicho) fílmica? El cine de catástrofes de los años ochenta cambió hasta convertirse en un animal bien distinto, mutado por el peligro radioactivo que hacía temblar al público en los últimos años de la guerra fría. El modelo clásico fue sepultado bajo el peso de certeras parodias o se refugió en la televisión dando allí sus últimos coletazos. Pero la llegada de los noventa y el CGI revivió de nuevo el género, cosa que veremos en nuestro próximo especial… cuando el tiempo lo permita. Sean buenos y sobrevivan hasta entonces.

Víctor Castillo

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