TAQUILLAS EN LLAMAS- El cine de catástrofes de los 70 en 30 películas, 2ª parte: La tragedia fue causada por un error humano.

THE TOWERING INFERNO 11En la segunda parte de nuestro especial sobre el cine catastrófico de los 70 viajamos al mundo de los descuidos, errores, negligencias o delitos que provocan centenares de muertos. Avisos de bomba, incendios, sabotajes, magnicidios… nada escapó de la década del cinismo post Watergate. Aquí les dejamos diez ejemplos cinematográficos con mayor o menor fortuna.

EL ENIGMA SE LLAMA JUGGERNAUT (Juggernaut, 1974) Reino Unido/Estados Unidos/España

D: Richard Lester I: Richard Harris, Omar Sharif, David Hemmings

first-explosionEn Reino Unido la gente se toma las cosas de otra manera. Mientras que los pasajeros del Poseidón gritaban y corrían como pollos sin cabeza, los del Britannic esperan pacientemente su más que probable muerte después de que una explosión destruya una parte del trasantlántico. Un político (Ian Holm) recibe una llamada de un terrorista que se hace llamar Juggernaut y que dice haber dejado siete barriles en el barco; si no se le paga medio millón de libras ya pueden decir adiós a la tripulación. El gobierno decide enviar al equipo del lugarteniente y artificiero Anthony Fallon (Richard Harris, fumando en pipa todo el rato y con una actitud de sobrao antológica) a deshacer el entuerto. Mientras, un policía (Anthony Hopkins) inicia una investigación contra reloj para descubrir a Juggernaut y con un aliciente la mar de apremiante; su mujer e hijos están en el barco. Richard Lester tenía oficio dirigiendo y los actores están francamente bien, pero Juggernaut se dio un buen batacazo en taquilla; según la crítica le faltaba acción. Y no voy a ser yo quien lo niegue. Pese a tener un buen acabado y contar con el realismo que le otorga el haber sido rodada en un barco auténtico, la película se desgasta por la falta de cualquier tipo de dinamismo. Al menos las diatribas ególatras del personaje de Harris, siempre jactándose de que ninguna bomba se le resiste -hasta que le pasa, entonces todo son lloros- mantienen un cierto ritmillo y permiten que la cosa se pueda ver sin bostezar. Entretenida pero muy mejorable.

EL COLOSO EN LLAMAS (The Towering Inferno, 1974) Estados Unidos

D: John Guillermin I: Paul Newman, Steve McQueen, William Holden

Steve-McQueen-and-Paul-Newman-Towering-InfernoTodo género cinematográfico suele tener ese momento álgido, ese “pico” que denota que con toda probabilidad, la cosa irá cuesta abajo en poco tiempo. El coloso en llamas es sin duda el punto más alto del modelo catastrófico de los setenta, cosa que no deja de tener su simbología en el gigantesco edificio en el que tiene lugar la acción. La torre de cristal, el edificio más alto del mundo, ve truncada su gala inaugural por el mal hacer de su propietario (William Holden) y su sibilino yerno (Richard Chamberlain) que, recortando costes, han instalado un aislamiento eléctrico deficiente que provoca un monstruoso incendio. Les toca salvar la papeleta al arquitecto que diseñó el edificio (Paul Newman) y al rudo jefe de bomberos de la ciudad (Steve McQueen), en casi tres horas de tensión, muchas muertes, tramas secundarias y soluciones que fallan una tras otra en una sucesión de momentos tensísimos filmados de manera excelente, con unos efectos especiales más que notables. El año después, el género empezaría a caer en decadencia y un joven Steven Spielberg redefiniría el modelo de Blockbuster multitudinario con Tiburón. Pero en 1974 y por un breve espacio de tiempo, Allen fue el rey de la película-evento.

PÁNICO EN EL TOKIO EXPRESS (Shinkansen daibakuha, 1975) Japón

D: Jun’ya Satô  I: Ken Takakura, Sonny Chiba, Kei Yamamoto

bullet6El tren bala japonés o shinkansen es uno de los medios de transporte más seguros del mundo; es por ello que los operadores de la compañia de trenes no salen de su asombro cuando reciben la llamada de alguien que dice haber puesto una bomba en el vehículo que estallará si baja de una velocidad de 80 km/h. ¿De qué me suena eso? No estamos aquí por Keanu sino más bien por Okita (un enorme Ken Takakura), un divorciado y expropietario de un taller mecánico que tuvo que cerrar con mucho odio dentro que reúne a un equipo de fieles para poner a los del gobierno en su sitio con esta acción terrorista, exigiendo un dineral a cambio del método de desactivación. A los mandos del tren afectado, el Hikari 109, tenemos a Aoki (Sonny Chiba, sudando como un pollo por los nervios), que se mantiene constantemente en contacto con la central de trenes informatizada (para 1975, claro) invadia por la prensa y la policía, la cual inicia una loca carrera para primero reunir el dinero y luego encontrar a los secuaces de Okita. Reencontrarme con el metraje original (152 minutazos) de este clásico que uno podía cazar a veces en las sobremesas de las televisiones españolas ha sido toda una experiencia. La película evita profundizar en las vidas de las víctimas potenciales, cosa que la emparenta con muchas cintas niponas de su estilo, pero por otro lado construye unos personajes muy atractivos y con los que se puede llegar a empatizar. De hecho, el protagonista de la película es sin ninguna duda el terrorista y lo jodido de todo es que en el fondo se trata de un tipo honrado y sientes lástima por el. Esto, unido a un metódico cuidado por los detalles y a un interesante guión que no para de dar giros y generar situaciones de tensión convierten a Pánico en el Tokio express en la mejor película de catástrofes japonesa y una de las grandes de la década, sin exageración ninguna.

HINDENBURG (The Hindenburg, 1975) Estados Unidos

D: Robert Wise I: George C. Scott, Anne Bancroft,William Atherton

uiouvAYqKvvMsk6lvGSRfqVIexMOh, the humanity! Pocas cosas representan más el final de una era que el accidente del dirigible alemán Hindenburg el 6 de mayo de 1937, ya que acabó por frenar el uso de estos aparatos para viajes comerciales. Fue, además, una catástrofe humana filmada y grabada a tiempo real, por lo que sus imágenes todavía siguen impactando. Y eso bien lo sabía Robert Wise al facturar esta película, ya que en ella usó material de la filmación del accidente muy bien enlazada con metraje propio en blanco y negro. En esta se nos narra la historia de un oficial nazi, Ritter (nazi pero que ha perdido la fe en el partido, que es George C. Scott!) encargado de investigar un más que posible sabotaje mediante bomba del dirigible (hipótesis ya descartada por muchos historiadores pero sin la cual no hay película de suspense que valga) Mientras Ritter va a lo suyo, vamos viendo desfilar por su lado a nobles, empresarios y demás ricachones entre los que está infiltrado un demasiado obvio saboteador. Por momentos parece que el film no es consciente de la década en la que está realizado, ya que las dos primeras partes tienen un talante tan de cine clásico que a veces eso juega en su contra, sobretodo con unos tiempos de suspense tirando a lentos y que hacen que se arrastre hasta un tercer acto que al menos merece la pena por secuencias como la lisérgica explosión de la bomba en manos de Ritter y las ya citadas escenas intercaladas con el material de archivo real. Y ganó dos merecidos Oscar especiales por efectos visuales y de sonido. Si os gusta, como a un servidor, el cine histórico, Hindenburg os apaña una tarde. Y tiene pinta de película para ver con tus abuelos.

PÁNICO EN EL ESTADIO (Two-Minute Warning, 1976) Estados Unidos

D: Larry Peerce I: Charlton Heston, John Cassavetes, Martin Balsam

two minute warning“91.000 personas. 33 puertas de salida. Un francotirador.” Eso rezaba la frase promocional de este thriller catastrófico de la Universal, y aunque los números se hincharon un poco en base a la novela original de George LaFountaine, el caso es que Pánico en el estadio da lo que promete su título en español. Cuando un francotirador psicótico decide que va a causar el caos en un importante partido de fútbol americano (vamos, la Super Bowl, aunque nunca mencionen el nombre por derechos) el departamento de policía del Capitán Holly (Charlton Heston, of course!) se pone en marcha usando a su aguerrida división SWAT dirigida por el sargento Button (John Cassavetes) para detenerlo. Pero los dos hombres chocan en el método a seguir. Curiosamente, el personaje de Heston es el más comedido; hay que capturar a ese loco sin que nadie se de cuenta, cosa a la que el sargento se niega, pero al final hay que tragar y montar un complejo y entretenido plan para evitar una desgracia. Mientras, podemos también deleitarnos con las clásicas tramas de varios personajes como un padre de familia (Beau Bridges) dispuesto a pasar un buen día con los suyos, una pareja madurita (David Janssen y Gena Rowlands) en plena crisis matrimonial o un pobre hombre (Jack Klugman) que teme por su vida ya que tiene una deuda con la mafia y si los visitantes pierden seguramente acabe “cayéndose” de un balcón. Casi dos horas de una tensión sabiamente dosificada y con un trasfondo bastante oscuro, ya que el francotirador parece no tener ningún motivo para matar excepto el poder hacerlo. De hecho, tanto nihilismo y violencia no gustaron a la NBC cuando compró la película, que hizo que le añadieran 40 minutos más para justificar que el francotirador era un señuelo para hacer un robo de arte cerca de allí. Eso si que es una tragedia.

EL PUENTE DE CASANDRA (The Cassandra Crossing, 1976) Alemania Occidental/Italia/Reino Unido

D: George Pan Cosmatos I: Sophia Loren, Richard Harris, Martin Sheen

the-cassandra-crossingTres terroristas asaltan la sede de la OMS en Ginebra con la intención de destrozarla con una bomba. El plan les sale fatal, ya que a uno lo matan, al otro lo hieren y el último escapa, pero contagiado de un virus que le ha caído encima cuando el tiroteo destruye unos viales. Y aún tiene tiempo de colarse en un tren transcontinental dirección Estocolmo y empezar a liarla parda contagiando a varios pasajeros. Entre estos hallamos a un doctor (Richard Harris) y a su ex mujer escritora (Sophia Loren) en proceso de reconciliación, un misterioso cura (O.J. Simpson) y una ricachona (Ava Gardner) viajando con su nuevo novio, un alpinista (Martin Sheen). Todos son monitorizados desde la OMS por un pragmático coronel americano (Burt Lancaster, que no mueve su culo de las dos habitaciones en las que está; me huele que debajo de la mesa iba en alpargatas) que no dudará en enviar tropas a sellar el tren y contener el virus a toda costa, aunque tenga que ser con bajas. El puente de Casandra es un excelente thriller con tiempos muy bien medidos y actores excelentes que mezcla en su justa medida las catástrofes con intrigas políticas, tráfico de drogas y el esperable culebrón personal. Y Pan Cosmatos no tiene remilgos en ser muy violento en varias ocasiones (cosa normal, siendo el director de Cobra y la segunda película de Rambo) ,especialmente en un final que es más que consecuente con todas las desgracias que hemos ido viendo. Un entretenimiento excelente.

DOMINGO NEGRO (Black Sunday, 1977) Estados Unidos

D: John Frankenheimer  I: Robert Shaw, Bruce Dern, Marthe Keller

black-sunday-super-bowlCon John Frankenheimer a los mandos y adaptando la novela homónima de Thomas Harris, es de esperar que esta película sea más que  desfile de un All-Star Cast amenazados por algo. Y sí, Domingo negro cumple como síntesis de película de espías y terroristas y masacre multitudinaria, dedicando mucho más tiempo a lo primero que a lo segundo. La verdad es que uno acaba cogiéndole cariño a los dos miembros del grupo Septiembre Negro, la huérfana de guerra Dahlia (Marthe Keller) y el veterano de Vietnam renegado Lander (Bruce Dern, alteradísimo como siempre), que pretenden atentar en la Super Bowl matando a miles de personas y si es posible al presidente. Pero el Mayor israelí Kabakov (Robert Shaw) les pisa los talones y piensa llevárselos por delante a lo kamikaze si hace falta. En las dos horas y media de la película hay tiempo para montones de huídas, asesinatos, preparación de explosivos y algo de discusión sobre las relaciones entre Palestina y los Estados Unidos. Pero la (justa) politización no enturbia la acción del que es uno de los mejores thrillers de la década, que no baja su ritmo ni un segundo y que consigue (no se si intencionadamente) que acabemos afirmando aquello del Harlem Shake; es decir, que simpaticemos… ¡¡con los terroristas!!

MONTAÑA RUSA (Rollercoaster, 1977) Estados Unidos

D: James Goldstone I: George Segal, Timothy Bottoms, Richard Widmark

magic-firstridersoncoasterUn misterioso terrorista experto en electrónica (Timothy Bottoms) provoca el descarrilamiento de una montaña rusa con una bomba a control remoto. Cuando los responsables del parque llaman a su supervisor de seguridad (Un George Segal con perpetuo rictus de cabreo ya que está intentando dejar de fumar) este descubre que hay indicios que apuntan a que el terrorista volverá a atacar en otros parques. Este mismo acabará exigiendo un millón de dólares a cambio de no seguir detonando atracciones. Y así empieza un juego de persecuciones más bien anodino. Es una lástima que Montaña rusa no consiga superar en tensión dramática sus diez primeros minutos en los que vemos la escena del accidente. Ni el uso (de nuevo) del sensurround tiene pinta de que mejorara la cosa en su momento. Las escenas en las que el terrorista da órdenes a Segal para entregar el dinero tendrían su gracia si no se alargaran tanto. Este film confunde suspense con ritmo lento y la verdad, no necesita de casi dos horazas para desarrollar su trama. No obstante, cuenta con sólidas interpretaciones, salen varias actuaciones musicales de los Sparks durante su época más glam y entre los personajes con una o dos frases tenemos a una joven Helen Hunt como la hija del personaje de Segal y a un melenudo Steve Gutenberg en su primer papel. Yo que sé, menos da una piedra.

NEL PIÙ ALTO DEI CIELI (1977) Italia

D: Silvano Agosti  I: Livio Barbo, Edy Biagetti, Giorgio Bonora

nelpiualtodeicieliEn 1977, la mala hostia crítica de un Pasolini chocó con el drama multitudinario de un Irwin Allen y el resultado fue este extrañísimo film. Me atrevería decir que es el más extravagante del género, no sólo en los 70 sino en toda la historia de éste. Nei piú alto dei cieli podría incluso haber entrado en la parte alta de nuestro último especial de weird movies sin ningún problema. En el, un variado grupo de religiosos (monjas, curas de derechas, sindicalistas cristianos, comunistas católicos) van a visitar al Papa y quedan atrapados en un surrealista y amplio ascensor que sube más de trescientas plantas. Aislados y con la única compañía de un agobiante hilo musical de la radio del Vaticano, los peregrinos tardan poco en sacar a flote todos sus pecados; abuso de menores, canibalismo, asesinatos y demás lindezas se nos van mostrando de manera no excesivamente explícita pero si muy malrollera y con unos diálogos en donde la sátira tiene munición para todo el mundo, sean de derechas o izquierdas. No llega a los niveles de Saló o los 120 días de Sodoma (1975) pero deja el mismo mal cuerpo a medida que la sangre, la mierda y los cadáveres ensucian el blanco y impoluto ascensor que lleva hacia un final bastante peculiar pero consecuente con todo lo que la película, nunca mejor dicho, predica. Troppo absurda, amigos, pero muy recomendable.

APAGÓN EN NUEVA YORK (Blackout, 1978) Canadá/Francia

D: Eddy Matalon I: James Mitchum, Robert Carradine, Belinda Montgomery.

xBlackout-Colour-8x10-23-960x780Parece que Canadá tenía envidia del monumental apagón de julio de 1977 en Nueva York o más bien quería reírse de sus vecinos, pero el caso que es aquí tenemos una película de catástrofes dedicada al tema. Un policía raso de la ciudad, Dan (James Mitchum, cuyo logro es haber heredado la mirada de topo de su padre Robert) escolta a un grupo de criminales a un furgón policial horas antes de que un apagón deje sin luz a todo Manhattan. Entre ellos se encuentra un desequilibrado pero muy inteligente atracador, Christie (¿Robert Carradine? ¿Con esa pinta de nerd?) que aprovecha la coyuntura para huir del furgón y liarla con sus nuevos compañeros. Esta trama acabará juntándose con la de una ostentosa boda judío-griega cuyos invitados parecen no darse cuenta de lo aislados que están, una señora cuyo marido está metido en un pulmón de acero y que no gana para sustos y una pareja de ricachones en la cual el marido (Ray Milland, con cara de “lo que hay que hacer para comer”) parece más preocupado por sus bienes que por su mujer. Dan y su impecable mostacho de madero van al rescate de toda esta gente en un bloque de apartamentos en lo que podría ser un ensayo franco-canadiense de Jungla de cristal (1988) con unas gotas de drama “Made in Irwin Allen” pero que en realidad no es más que un film que empieza más o menos bien pero que se va desinflando cada vez más hasta convertirse en el tedio más absoluto. Y es que, en serio; ¿Robert Carradine?

Y mañana, en la tercera y última parte, el enemigo más temible del hombre: la propia naturaleza.

Víctor Castillo

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