Por un puñado de spaghetti westerns: Más allá de Sergio Leone (parte 2)

capmasallaleone2Hace poco más de un año publiqué por estos pagos un ranking de 25 Spaghetti Westerns «más allá de Sergio Leone». Se trataba de una selección personal y subjetiva que pretendía huir de los cinco spaghettis sagrados del maestro para mostrar que también había vida más allá de los mismos.

Haciendo un vulgar corta y pega de la introducción que precedía a aquel primer ranking diré que se trataba de «buscar las obras más interesantes, sólidas y serias de un género o subgénero popular que nació a mediados de los 60 y murió a finales de los 70, dejando tras de sí más de 500 títulos plagados de tiroteos, peleas de saloon, pueblos fantasma, venganzas y pistoleros misteriosos. El spaghetti western ofreció una mirada singular, diferenciada y muy europea sobre el western tradicional americano, consiguiendo incluso influenciar en este último cuando se encontraba en horas críticas.»

Pues bien, gracias a Xavi J. Prunera, activo integrante del apasionante blog The Wild Bunch Western y colaborador destacado de la Guía del Spaghetti Western de Valen García aka Ron B. Sobbert (de próxima aparición y que desde aquí esperamos con entusiasmo), os traemos lo que a todas luces me atrevo a llamar segunda parte del experimento. Me hace muy feliz anunciar que es una lista que se ha mantenido totalmente fiel al espíritu que guió aquel primer top, incluyendo películas muy destacables y alguna otra que también me tiene robado el corazón –y me costó muchísimo no incluir en aquella primera entrega–. La selección y los textos de Prunera, por lo tanto, vienen a subsanar esas carencias del primero y lo complementan a la perfección. Nos ayuda a rememorar o descubrir un buen puñado de títulos interesantes y a su vez, aporta una mirada personal, nueva y fresca hacia este género que tanto nos chifla.

LA NOCHE DE LA SERPIENTE (La notte dei serpenti, 1969). Italia.

D: Giulio Petroni  I: Luke Askew, Luigi Pistilli, Magda Konopka

nightoftheserpentAunque nunca fue tan popular ni tan reconocido como cualquiera de los tres grandes Sergios del SW (Leone, Corbucci y Sollima), Giulio Petroni (De hombre a hombre, Tepepa) es —sin lugar a dudas— un cineasta muy a tener en cuenta. Convencido militante del Partido Comunista Italiano, Petroni siempre se caracterizó por anteponer la descripción psicológica de sus personajes a la habitual acción pura y dura de este tipo de pelis y por dotar a sus spaghettis de un considerable porcentaje de denuncia social, dos premisas que —como podréis suponer— se hallan bien representadas en La noche de la serpiente. A partir de estos dos ejes, Petroni construye una peli que tiene tanto de eurowestern como de thriller y que nos relata las pesquisas de Luke, un pistolero alcoholizado a causa de un trauma del pasado (atención a las similitudes con el Dude de Río Bravo) cuya misión consiste en matar a un niño que acaba de heredar 10.000 dólares. Una misión que, naturalmente, no cumplirá. Así pues, tranquilos: si queréis disfrutar un buen rato con un SW cuyo interés no decae en ningún momento, con buenas interpretaciones (Askew y Pistilli están francamente bien) y con un profundo tratamiento de la codicia, la hipocresía y la redención no dejéis de lado, ni por asomo, esta pequeña joyita del subgénero. No es un peliculón, por descontado, pero merece la pena verla. Palabra.

BANDIDOS (Bandidos, 1967). España e Italia.

D: Massimo Dallamano  I: Terry Jenkins, Enrico Maria Salerno, Venantino Venantini

bandidosPersonalidad propia. Eso es lo que me parece Bandidos: un SW con personalidad propia. Un SW que consigue huir de los típicos y estereotipados esquemas leonianos y que nos ofrece, tanto desde una perspectiva formal como metafórica, un relato interesante y muy bien contado. El de Richard/Salerno, un viejo pistolero que querrá vengarse (con la ayuda de Ricky/Jenkins, un joven principiante) del hombre que le destrozó las manos (Billy Kane/Venantini, ex discípulo suyo para más inri) y que se verá abocado, finalmente, a una trágica decisión. Una historia de venganza muy bien narrada y rodada que no decae en ningún momento, que apela a otro importante trasfondo como es el del dolor causado por la traición de un ser querido (la que sufre el personaje interpretado por Salerno) y que nos deja para el recuerdo escenas tan memorables como la del maravilloso travelling inicial que nos muestra a las víctimas del tren atracado por el pérfido Kane o la del tiroteo final, una secuencia magníficamente planificada. Una verdadera lástima, pues, que Massimo Dallamano (jefe de fotografía, por cierto, de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio) no dirigiera más eurowesterns y que se conformara con ganarse la vida a base de subproductos S y algún que otro giallo más o menos decente porque joyitas como Bandidos constatan, sin lugar a dudas, que no todo el spaghetti empezó y acabó con Leone.

¡CUÁNTO CUESTA MORIR! (¡Quanto costa morire!, 1968). Italia y Francia.

D: Sergio Merolle  I: John Ireland, Andrea Giordana, Bruno Corazzari

cuantocuestamorirAún siendo obra de un tipo, Sergio Merolle, que sólo dirigió una peli en toda su vida, ¡Cuánto cuesta morir! es —sin lugar a dudas— una de esas semidesconocidas joyitas del subgénero que uno disfruta recomendando cada vez que puede. Y aunque de razones os podría aportar muchas (por sus concomitancias con El gran silencio de Corbucci, por la carismática presencia de John Ireland o por lo tremendamente odioso que resulta Scaife /Bruno Corazzari, por ejemplo) yo creo que ¡Cuánto cuesta morir! es un SW que realmente merece la pena recomendar porque tiene miga, sustancia, contenido. Porque de su aparentemente sencillo guión (un grupo de bandidos que siembran, impunemente, el terror en un pequeño pueblo aislado por la nieve) se le pueden extraer —a poco que indagues— lecturas mucho más complejas e interesantes. La más evidente es, quizás, la que nos muestra el uso de la fuerza, del miedo, como perfecto instrumento para someter al más débil. En este caso, la violencia física y psicológica ejercida por Scaife —un pequeño tirano con una actitud absolutamente megalómana— hacia los amedrentados habitantes del pueblo. Una actitud (tanto la del opresor como la del oprimido) que nos recuerda, inevitablemente, a la de los totalitarismos fascistas europeos de la primera mitad del s. XX. Echadle un ojo, en serio. Me lo agradeceréis.

EL SABOR DE LA VENGANZA (El sabor de la venganza, 1963). España e Italia.

D: Joaquín Luís Romero Marchent  I: Richard Harrison, Robert Hundar, Gloria Milland

elsabordelavenganzaQuizás definir a Joaquín Luís Romero Marchent como el John Ford español sea exagerado. De acuerdo. Pero no creo que me exceda ni un solo milímetro si sitúo al mayor de los Romero Marchent al mismo nivel de especialistas en westerns norteamericanos de serie B como Bud Boetticher, Allan Dwan o André De Toth. Prueba de ello la tenemos en El sabor de la venganza, un eurowestern anterior a la eclosión leoniana que me parece, sin lugar a dudas, una auténtica delicia. Y no sólo porque se trata de una película fundamentalmente estructurada entorno a un sólido guión (en el que también colaboró Rafael, hermano de Joaquín) sino —sobre todo— porque la dirección de Romero Marchent nos ofrece una forma de narrar los acontecimientos absolutamente magistral, como cuando representa el paso del tiempo con esa reiterada ofrenda de flores anual, como cuando describe a la perfección el singular carácter de los tres hermanos protagonistas o como cuando resuelve el desenlace mediante una moraleja verdaderamente demoledora. Como indica el propio título, la peli de Romero Marchent se vertebra entorno a la venganza, una constante sin lugar a dudas muy spaghettera (en este caso, la de tres hermanos que ven de pequeños como asesinan a su padre y cuya madre los incitará durante toda la vida a vengar ese crimen) pero, repito, El sabor de la venganza es (conjuntamente con Antes llega la muerte, también de Joaquín Luís Romero Marchent) lo más parecido a un western clásico norteamericano que se fraguó jamás en el desierto de Almería. Y eso, a mi juicio, ya justifica plenamente su visionado.

UN EJÉRCITO DE CINCO HOMBRES (Un esercito de cinque uomini, 1969). Italia.

D: Don Taylor  I: Peter Graves, Bud Spencer, Nino Castelnuovo

ejercito5hombresPese a ser un SW total y absolutamente deudor de un western tan clásico y renombrado como Los siete magníficos (1960, John Sturges), Un ejército de cinco hombres me parece —asimismo— una cinta que merece mucho más reconocimiento del que posee. De entrada porque, exceptuando los de Leone, son pocos los eurowesterns en los que pueda percibirse cierta holgura presupuestaria. Y en éste, por fortuna, se percibe. Algo que repercute en el desarrollo general de la peli y, sobre todo, en la solvencia con la que están rodadas las escenas de acción. Aún así, no estamos hablando de un SW del montón. Trepidante, ameno y poco más. Personalmente, Un ejército de cinco hombres me parece, ante todo, un SW con un guión más que correcto. Y aunque, obviamente, partimos de una trama argumental que no destaca en absoluto por su originalidad (cinco profesionales son contratados para robar 500.000 dólares al ejército mexicano y entregarlos, posteriormente, a la Revolución), hay que reconocer que tanto Don Taylor como Darío Argento (sí, el mago del giallo) consiguen que la historia mantenga el interés en todo momento y que los giros (más o menos verosímiles) acaben obteniendo (también más o menos) el efecto sorpresa deseado. Si a todo ello le añadimos, además, alguna frase molona y el habitual buen hacer de Barboni y Morricone en sus respectivas facetas comprenderéis, definitivamente, por qué me atrevo a afirmar que Un ejército de cinco hombres es, sin lugar a dudas, un eurowestern a tener en cuenta. Máxime cuando, por si fuera poco, los protagonistas principales —Peter Graves, Bud Spencer y Nino Castelnuovo— no desmerecen a sus compañeros de la ficha técnica y están francamente correctos en sus respectivos papeles. En fin, que os juro y perjuro que merece la pena echarle un vistazo a esta peli. En serio. Y eso, tratándose de un SW, ya es toda una garantía.

LOS DESESPERADOS (Los desesperados, 1969). España.

D: Julio Buchs  I: George Hilton, Ernest Borgnine, Alberto de Mendoza

abulletforsandovalNotable combinación de eurowestern y tragedia de corte clásico que me llamó mucho la atención, sobre todo, por la transformación psicológica (a peor, para más señas) de su protagonista principal. Un cabo del ejército confederado (George Hilton) que —tras desertar al enterarse que su amada había quedado inesperadamente encinta— habrá de enfrentarse a un montón de acontecimientos absolutamente infaustos: una epidemia de cólera, la muerte de su chica, la muerte de su hijo recién nacido y —por si fuera poco— el profundo y visceral odio que le profesa Pedro Sandoval, su “suegro”, un rico terrateniente mexicano (magnífico Ernest Borgnine, por cierto), que lo culpará de haberle arrebatado a su hija. Con semejante panorama no resulta de extrañar —por lo tanto— que el honesto y formal Cabo Warner (excapataz de Sandoval antes de incorporarse al ejército) acabe por convertirse en un cruel y despiadado forajido y que la peli (y no cuento más) acabe, verdaderamente, como el Rosario de la Aurora. Así pues, si os gustan los SW impregnados de fatalidad, los dramas sustentados en un buen entramado argumental y los personajes oscuros y complejos estoy seguro que este eurowestern os va a satisfacer plenamente. Máxime cuando Julio Buchs lo dirige —a mi juicio— con pulso y elegancia y cuando el elenco actoral cumple y con creces. Su tremebundo final, por si fuera poco, os recordará seguramente al mítico desenlace de un extraordinario western americano rodado ese mismo año. Ahí queda eso.

LAS PISTOLAS CANTARON LA MUERTE Y FUE TIEMPO DE MATANZA (Le colt cantarono la morte e fu… Tempo di massacro, 1966). Italia.

D: Lucio Fulci  I: Franco Nero, George Hilton, Nino Castelnuovo

coltcantaronAlgunos años antes de convertirse en uno de los grandes popes del cine gore ochentero, Lucio Fulci se fogueó en el giallo y en el Spaghetti Western. Fruto de ello es, sin lugar a dudas, Las pistolas cantaron la muerte y fue tiempo de matanza, un eurowestern que constata el buen manejo de la tensión y la violencia extrema por parte del italiano y en el que el guión y la fluidez narrativa —como casi siempre en Fulci— no es el apartado que más destaca precisamente. En este caso nos encontramos con la consabida y trillada parábola bíblica del hijo pródigo que vuelve al hogar (correcto Franco Nero como Tom Corbett) cuando recibe el mensaje de un amigo de su pueblo natal pidiéndole que regrese urgentemente. Una vez en casa, Tom descubre que su hermano Jeff (espléndido George Hilton) ha perdido el rancho familiar debido a su adicción al alcohol y que todo el pueblo vive aterrorizado por Jason Scott y su psicótico hijo Jason Jr. (sobreactuadísimo Nino Castelnuovo), los caciques del pueblo. Como mandan los cánones, Tom acabará persuadiendo a su alcoholizado hermano para que le ayude a acabar con los Scott y toda la peli seguirá, a grosso modo, las típicas y tópicas pautas del subgénero que Sergio Leone estableciera dos años antes con Por un puñado de dólares, la célula madre de cualquier Spaghetti Western que se precie. ¿En qué destaca, pues, Las pistolas cantaron la muerte y fue tiempo de matanza? Pues en lo que siempre destacó Fulci. En lo que le convirtió en un director de culto. En atmósferas muy logradas, momentos de gran tensión y violencia explícita. Precisamente por ello la peli de Fulci gana muchos enteros si la analizamos por escenas puntuales. No de forma global, sino aisladamente. Desde esa sangrienta escena inicial que nos remite a El malvado Zaroff y que nos muestra a un hombre perseguido por unos jinetes y una jauría de perros que terminan devorando a su presa cerca de un riachuelo hasta esa fantástica ensalada de tiros de los últimos 20 minutos con pirueta de Nero a lo Jackie Chan incluida. Pero si una escena determinada de Las pistolas cantaron la muerte y fue tiempo de matanza merece pasar a los anales de la historia del Spaghetti Western esa es, sin lugar a dudas, la del enfrentamiento a latigazo limpio entre Tom Corbett y Jason Scott Jr. Un electrizante duelo en el que el sádico de Jason Jr. demuestra un dominio del cuero claramente superior al de su adversario y en el que el bueno de Tom —para variar— termina hecho un auténtico ecce homo. Así pues, lo dicho: Las pistolas cantaron la muerte y fue tiempo de matanza es una peli que hay que disfrutar por capítulos y por detalles muy específicos. Entre estos últimos, los ojos abiertos en casi todos los cadáveres como si fueran zombies en potencia, los planos de Jason Jr. tocando el órgano como si fuera El fantasma de la Ópera y, para compensar tanto horror, las escenas cómicas en las que aparece ese chino confucionista y pluriempleado que tanto toca el piano como bebe leche en una jarra de cerveza como utiliza su pipa a modo de cerbatana en las trifulcas del saloon. ¡Ah, se me olvidaba! También es de mención obligada una frase mítica. La que emplea Jeff Corbett cada vez que mata a alguien: “¡Disculpe, caballero!”

LOS PROFESIONALES DEL ORO (Ognuno per sé, 1968). Italia.

D: Giorgio Capitani  I: Van Heflin, Gilbert Roland, Klaus Kinski

profesionalesdeloroPese a que Los profesionales del oro es un SW que ni comparación admite con ese mítico film de John Huston con el cual comparte adaptación (me estoy refiriendo a El tesoro de Sierra Madre, la novela de B. Traven) creo, sin embargo, que estamos ante un eurowestern muy por encima de la media y que merece la pena divulgar. Naturalmente, no posee la enjundia ni la profundidad de la obra de Huston pero si algo interesante tiene la cinta de Giorgio Capitani es que —además de un elenco solvente y atractivo— también posee buen ritmo narrativo, un guión bastante sólido y, por descontado, un estudio psicológico de los cuatro protagonistas principales ciertamente logrado. Recordemos el argumento: Sam Cooper (Van Heflin) es un viejo minero que va a la ciudad en busca de alguien que le ayude a extraer el oro que acaba de encontrar. Allí encuentra a Manuel (George Hilton), un joven mexicano que crió años atrás y que mantiene una extraña relación (bueno, extraña y —sobre todo— explícitamente homosexual) con Brent (Klaus Kinski), un siniestro pistolero que viste de predicador. A ellos se les unirá Mason (Gilbert Roland), un viejo amigo de Sam con el cual subsiste aún una vieja cuenta pendiente. Total, que entre idas y venidas a la mina de oro (un itinerario peligroso y hostil que me recordó mucho a un western tan clásico como El jardín del Diablo) Capitani consigue entretenernos (que ya es mucho) y nos va definiendo, como quién no quiere la cosa, los rasgos esenciales de los cuatro protagonistas principales: dos románticos, rudos y leales veteranos (Heflin y Roland) frente a dos mezquinos, codiciosos y traicioneros jovencitos (Kinski y Hilton). O lo que es lo mismo: el western clásico frente al Spaghetti ¿Quién ganará? Si no la habéis visto, se admiten apuestas.

CAZA IMPLACABLE (The hunting party, 1971). Reino Unido.

D: Don Medford  I: Gene Hackman, Oliver Reed, Candice Bergen

huntingpartySiendo muy consciente de sus errores y carencias (sobre todo en lo que a guión y dirección respecta), Caza implacable es —sin embargo— un SW que me gusta bastante. En primer lugar, por sus protagonistas principales; tres actores sobradamente conocidos y contrastados que ya de por sí constituyen un aliciente más que considerable. Me estoy refiriendo, obviamente, a Gene Hackman, a Oliver Reed y a Candice Bergen. Y es que Caza implacable es un SW que pivota, fundamentalmente, en estos tres actores. En Frank Calder (Oliver Reed), jefe de una temible banda de forajidos que secuestra a Melissa (Candice Bergen), maestra de escuela, cuyo marido, Brandt Ruger (Gene Hackman) —un tiránico y psicótico terrateniente— organizará una auténtica cacería humana (atención al estruendo de los rifles utilizados por él y sus hombres) para acabar con los forajidos y rescatar a su esposa. A partir de aquí se desarrollará un tenso y violento juego del gato y el ratón que no cejará hasta el final y que nos garantizará casi dos horas de entretenimiento y emoción a raudales. Repito: la peli cuenta con alguna situación que raya el absurdo y Don Medford (para qué nos vamos a engañar) no es que se luzca precisamente pero creo, de verdad, que el punto de partida argumental, su fuerte carga sexual, la fotografía de Paniagua, la música de Ortolani y el duelo interpretativo entre Hackman y Reed hacen de Caza implacable un SW más que interesante. Ah, y Candice Bergen, por supuesto. Una actriz que —sin ser Anna Magnani precisamente— alegra la vista y mucho ¿Se le puede pedir mucho más a un SW?

LOS DESPIADADOS (I crudeli, 1967). Italia – España.

D: Sergio Corbucci  I: Joseph Cotten, Julián Mateos, Norma Bengell

losdespiadadosAunque las malas lenguas sostienen que Los despiadados es un Spaghetti Western “excesivamente inspirado” en un célebre western norteamericano (Rio Conchos, 1964. Gordon Douglas), yo soy de la opinión —digan lo que digan— que estamos ante uno de los mejores trabajos de Sergio Corbucci. Procuraré explicarme. En primer lugar yo destacaría, por ejemplo, su enorme agilidad narrativa. Y es que Los despiadados es, sin lugar a dudas, un SW que fluye con una naturalidad insultante. Como si estuviera firmado (y disculpadme si blasfemo) por Ford, Hawks o Mann. Y no sólo porque cuenta de antemano con ese característico dinamismo que suele poseer cualquier road movie que se precie sino porque, además, Los despiadados es uno de esos filmes que no decaen en ningún momento y que consiguen mantener despierto el interés del espectador durante todo su metraje. Si a ello le añadimos que las interpretaciones de Cotten y Mateos son irreprochables, que el guión se aleja bastante de las típicas y tópicas plantillas argumentales del subgénero y que la banda sonora de Morricone te pone los pelos como escarpias poco más me quedaría por decir. Pero si hay algo hay que me atrae sobremanera de esta película es Jonas, su protagonista principal. Un estricto, desquiciado y megalómano coronel confederado que —junto a sus tres hijos— no dudará en matar a más de 30 soldados yankees para agenciarse un botín de un millón de dólares perteneciente al ejército de la Unión con la intención de rehacer el vencido ejército sudista en tierras mejicanas y retomar una guerra que él mismo se resiste a creer que ya ha terminado. Un brillante y suculento punto de partida que —encadenado a una trepidante sucesión de acontecimientos impregnados de suspense, violencia y fatalidad— redondean un eurowestern muy pero que muy recomendable. Y ahí quería llegar. A ese tono fatídico y crepuscular que tanto me gusta. Un tono que, como espectadores, nos empuja incluso a empatizar con esta peculiar cuadrilla de perdedores (o repugnante caterva de indeseables, por qué nos vamos a engañar) hasta el punto de rezar —por ejemplo— para que nadie descubra que ese ataúd que transportan celosamente el coronel y sus hijos no contiene el cuerpo de un honorable oficial sudista sino el millón de dólares robados al destacamento de la Unión. Pero tranquilos: no voy a contaros el final. Porque si bien toda la peli es bastante buena, el final es sencillamente grandioso. Y eso, obviamente, os lo dejo para vosotros. Que la disfrutéis.

Xavi J. Prunera

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