Crónica del Festival de Sitges 2016 – Phantasm (1979) + Phantasm: Ravager (2016) / Q&A de Don Coscarelli

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Phantasm: una de las nuestras

Uno de los mejores regalos de la presente edición del Festival de Sitges fue el pase de la versión restaurada de Phantasm, el clásico de Don Coscarelli, el martes 11 en el Auditori Melià. Disfrutar de una de las mejores películas de terror de los 70, década de la que recoge parte de su zeitgeist, aprovechando el lavado de cara que ha realizado la gente de Bad Robot (la productora de J.J. Abrams), será sin duda uno de los mejores recuerdos que me lleve de la presente edición.

Phantasm es una de aquellas. Quedó grabada en mi retina cuando la visioné por primera vez siendo un niño en televisión y es una vivencia que comparto con muchos otros seguidores de la saga. Resulta una experiencia tan sensitiva y tiene esa ausencia de lógica tan surgida de las pesadillas, que conecta de un modo extraordinario con los que se encuentran aún en modo aprendizaje. Ningún sentido es necesario para dejarse llevar por el carrusel del horror que propuso Coscarelli –un tanto lisérgico–, aunque más adelante su conversión en saga si que dotó de una suerte de coherencia a la historia del joven Mike (A. Michael Baldwin), su hermano Jody (Bill Thornbury) y su colega Reggie (Reggie Bannister), enfrentados al Hombre Alto (inolvidable por y para siempre Angus Scrimm), un hombre encargado de recolectar cadáveres para convertirlos en unos enanos encapuchados y enviarlos a servir como esclavos a otras dimensión. Su arma más espectacular es una bola voladora que persigue a sus futuras víctimas y se clava con dos cuchillas en el cerebro de los desafortunados, que pierden poco a poco su sangre a chorros. Algunas secuencias tenían un verdadero toque demencialmente artístico que se grabaron a fuego en mi memoria, como las persecuciones en el interior del cementerio de Morningside, ese lugar donde el sonido de los zapatos resuena inquietantemente o el momento en el que Mike abre accidentalmente una de las puertas al otro mundo. Pertenece a un momento y a un lugar concreto, y como tal su estilo es inimitable y jamás podrá ser recreado (marquen estas palabras para el futuro y el inevitable remake que tarde o temprano caerá).

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Don Coscarelli al habla

“Originalmente era un film mucho más largo, quitamos todas sus partes “malas”, recordó el director durante la sesión de Preguntas y Respuestas que tuvo lugar en el Auditori Melià justo al finalizar el film. “Después de 40 años es muy extraño mirar atrás y ver que tomé ciertas decisiones.” Recordando a su reparto, destacó “el papel de Angus, el primer actor profesional con el que trabajé, por su fuerza, y la sutilidad de Michael”.

“No somos gigantes con tanto peso a nuestras espaldas”. Esta frase de Isaac Newton fue usada por el director para listar las influencias que tuvo la creación de su obra más popular. “Obviamente está “Dune”, un libro que amaba cuando era joven. De ahí saqué la caja. Pero la bola voladora vino de un sueño que tuve.” Aunque lo que marcó con muchas fuerza al joven Coscarelli fueron “los clásicos de la Universal, como “Frankenstein”, las películas con Karloff y Lugosi. También “Invaders from Mars”, las novelas de Ray Bradbury y Dario Argento, especialmente en el aspecto musical”.

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Respecto a las posibilidades de que se realice un remake, Coscarelli admitió que “hace diez años una compañía quiso hacerla y tuvimos varias reuniones, pero era complicado, no quería hacer un recast y fichar a nuevos actores. Hollywood siempre quiere caras con proyección de futuro para este tipo de cosas”. No obstante reconoció que “seguramente se harán cuando ya no esté, lo cierto es que me gustaría verlas”.

Rememorando el rodaje de la película: “El rodaje fue muy largo porque fue muy complicado y desorganizado. Se hizo con estudiantes y duró unos 18 meses. Pero la productora (Embassy) era genial, nos promocionaron bien. Era una compañía pequeña, fue la gran primera película que lanzaron. Me doy un pequeño crédito a su posterior éxito, son los que luego lanzaron películas estupendas como “La niebla”, “Scanners” o “1997: Rescate en Nueva York.

Phantasm: Ravager, o el cierre agridulce

Una de las comunidades de fans más fieles y apasionadas del mundillo del cine de terror son sin duda los phans, los seguidores de la saga iniciada por la película de 1979. Y, aunque sea de manera un tanto más moderada, comparto esa pasión: tengo un grato recuerdo de las dos primeras secuelas y de la cuarta, Apocalipsis, la cual ya tenía graves problemas de producción, aunque solventaba la papeleta y dotaba de más profundidad a la mitología de la serie. Lo que en la primera entrega es casi la traslación de la pesadilla de un adolescente que ha perdido a su hermano, a partir de la segunda se convierte en intención de dotar de coherencia al universo phantasmiano –bueno, más o menos-. También se advierte una cierta continuidad, soportando inclemencias económicas (cada entrega a partir de la segunda es más austera que la anterior) y hasta algún cambio de casting.

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Han pasado 18 años desde que dijimos adiós por última vez a El hombre alto y su horda de enanos encapuchados y por fin, tras interminables remontajes, retrasos de última hora y demás problemas técnicos, ha llegado la hora de decir adiós con Phantasm: Ravager, primera película de la serie no dirigida por Coscarelli, que le cede el puesto de director a David Hartman, aunque se mantiene en labores de guión y producción. Los cierto es que el phan que hay en mi entró al cine con unas ganas locas de “no ver” los aspectos negativos de la cinta y disfrutar de todo aquello que pudiera. Pero lo han puesto difícil. La película hace gala de un amateurismo y de unos problemas técnicos gravísimos, los efectos especiales son dignos de una producción de Asylum y la fotografía es prácticamente inexistente. Tampoco el guión está muy logrado que digamos, presentando a Reggie saltando de universo paralelo en universo paralelo y haciendo especial hincapié en el mundo post-apocalíptico donde quedó la anterior entrega; allí se reencuentra con Mike y con una patulea de nuevos personajes bastante poco destacables. Hay frases-guiño, reapariciones de personajes de la primera parte (como cierta dama muy terrorífica, en uno de los mejores momentos del film) y al menos se salvan de la función el llorado e irrepetible Angus Scrimm, del que vale su peso en oro cualquier segundo que estuviera en pantalla, y el siempre solvente Reggie Bannister, que recrea a Reggie el heladero en diferentes versiones pero siempre con su energía y simpatía habitual. El resto es una película de casi serie Z muy poco inspirada, ya directamente perteneciente al género de acción y obviando casi del todo el terror. Va a resultar difícilmente digerible incluso por los más irredentos fans de la saga. ¿Será un adiós definitivo? Respiren, en Hollywood nada permanece muerto mucho tiempo.

Javier J. Valencia

 

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