NIPPONEXPLOITATION (1) – Girl Boss Guerrilla (1972) / Terrifying Girls High School: Lynch Law Classroom (1973)

La imagen de la Chica Mala es fascinante para el cine exploitation, que lleva mostrándonoslas desde tiempos remotos en toda su gloria macarra. Los japoneses no son una excepción y en su afán de clasificar metódicamente todos los géneros y subgéneros de su cine damos con el término exacto con el que describen a estas señoritas: sukeban. Proveniente de la contracción entre las palabras suke (femenino) y bancho (jefe), las protagonistas de este tipo de ficción son criminales juveniles y miembros de bandas organizadas que se dedican a todo tipo de extorsión para ganarse su jornal y que no le hacen ascos a la violencia, tanto con los extorsionados como entre ellas.

El cineasta Norifumi Suzuki se especializó en la creación de franquicias fílmicas que a veces llegaban incluso a las ocho secuelas o más. Su primer gran éxito, Red Peony Gambler (1968) ya tocaba el tema de la delincuencia femenina mezclando las mujeres yakuza y el mundo del juego y las apuestas. Pero fue a inicios de los setenta, con el éxito de la cinta Stray Cat Rock: Delinquent Girl Boss (Yasuharu Hasebe, 1970) cuando las carteleras empezaron a llenarse de chicas malas a lomos de motos Yamaha con actitud sexy y violenta, lo que posteriormente se ha dado a llamar Pinky Violence. Suzuki encadenó con la productora Toei varias películas de este género que contaban con las bazas de tener como protagonistas a dos de los mitos sexuales de la época; Miki Sugimoto y Reiko Ike, y poseer ese acabado colorista y lujoso que tenían muchas de las exploitations niponas de ese período.

En Girl Boss Gerrilla nos encontramos con la banda motera del Casco Rojo, liderada por la dura y sexy Sachiko (Miki Sugimoto) llegando a la ciudad de Kyoto desde Tokyo para ampliar el territorio de sus fechorías. No tardarán en encontrarse con una banda femenina local cuya líder se enfrentará en combate con Sachiko por el liderazgo. Tras vencer, Sachiko se convierte en la jefa de las bandas femeninas de Tokyo, cosa que a los yakuza locales no les hace mucha gracia, ya que esta no quiere pagarles ningún tributo monetario. Poco después, entra en escena la melancólica Nami (Reiko Ike) la hermana de uno de los yakuza y antigua líder de las bandas femeninas. Sachiko y ella se enfrentan en una interminable pelea que las acaba convirtiendo en amigas, ya que ninguna puede superar a la otra. Sachiko se enamorará de un boxeador, Ichiro (Michitaro Mizushima) y le seguirá junto a su banda, pero este está demasiado relacionado con los yazuka para que el romance acabe bien…

Aunque puede parecer que el film tiene un desarrollo argumental coherente, nada más lejos de la realidad. Girl Boss Guerrilla es una sucesión de viñetas de sexo, violencia y comedia a todo trapo; una monja roba una moto de una de las chicas y tras sufrir un accidente, la invitan a unirse a la banda, cosa que acepta sin pestañear. Las chicas planean chantajes tan elaborados como los de amenazar a un importante sacerdote budista con revelar sus escarceos sexuales mediante el condón usado que le han robado de su alcantarilla. Hay más sexo con sacerdotes, esta vez cristianos, transmisión de enfermedades venéreas como venganza, torturas bondage por parte de los yakuza a todas las chicas, o momentos risibles como el que sucede en el funeral en la playa de uno de los protagonistas, en la que un hippie bastante feo toca una canción en su guitarra con un acompañamiento de piano que a saber de donde sale.

Con todo, si aceptamos el delirio exploitation que Suzuki propone en sus 84 minutos, es una película muy disfrutable e incluso estéticamente exuberante, con todas esas chicas con atuendos setenteros coloristas y pechos tatuados. Eso si, de tanta intención de meter todo tipo de elementos, la película peca de desdibujada en algunos momentos y eso hace que se arrastre un poco durante su metraje.

En Terrifying Girls High School: Lynch Law Classroom pasa todo lo contrario, la película es mucho más concreta en sus localizaciones, historia y personajes, aunque en el fondo pretenda lo mismo que la otra. Aquí nos encontramos con el “Comité Disciplinario de la Escuela de la Esperanza para Chicas”, un reformatorio en donde la corrupción campa a sus anchas. Las jefas del Comité torturan y asustan a las estudiantes que son castigadas por un profesorado en donde el chantaje sexual y el favoritismo están a la orden del día. Las chicas le ponen tantas ganas que una de sus compañeras acaba muriendo por accidente. El profesorado intenta tapar el incidente ayudado por un policía corrupto, ya que el Presidente de la institución visitará en poco tiempo el centro y nadie quiere jaleo con la autoridad. En todo este fregado unas nuevas “estudiantes” entran en el centro tras ser detenidas; entre ellas se encuentra Miki Sugimoto como Noriko, la “Jefa de la Cruz”, un apodo dado por el tatuaje de su muslo que muestra gustosamente desnudándose ante sus potenciales agresoras. Noriko se ha dejado cazar para investigar la muerte de su mejor amiga, la chica que muere al inicio del film. Ella y sus amigas empezarán a orquestar un plan para acabar con toda la escuela, tanto con el Comité Disciplinario como con los corruptos profesores.

Terrifying Girls High School: Lynch Law Classroom tiene de todo en sus reglamentarios 88 minutos; sexo más exagerado y utilizado como chantaje y torturas muy creativas. Entre las aficiones del Comité Disciplinario está el obligar a beber agua a sus víctimas e impedir que vayan al lavabo hasta que su vejiga no aguante más en plena clase u obligar a una disidente a hacer flexiones con una bombilla encendida metida en la entrepierna. Vamos, lo que los japoneses llaman ero-guro o erotismo grotesco. Bocato di Cardinale. Incluso se permite un mensaje político muy de la época; para el Presidente, las chicas del Colegio de la Esperanza son las futuras madres y amas de casa del Japón post-Segunda Guerra Mundial, algo a lo que Noriko y las suyas se oponen firmemente, llegando el clímax de la película a un brutal enfrentamiento entre las estudiantes y la policía.

Lo único que lastra la película es la mínima presencia de Reiko Ike, que está de pegote durante más o menos 10 minutos para justificar su presencia en el cartel. Además se pasa todo ese tiempo vestida y eso siempre es una mala noticia. Por lo demás, el film supera en mala hostia y mal gusto al anterior. Un servidor la vio en doble programa con la primera y es mejor verlas en orden cronológico, ya que se nota que Toei pidió más carnaza a Suzuki para competir con los dobles programas del género Roman Porno de Nikkatsu, la competencia. Dos películas muy recomendables, diversión del más bajo denominador, un cine de pinta muy limpia y bonita pero tremendamente sucio por dentro.

Victor Castillo

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