L’Alternativa – Festival de cinema independent de Barcelona 2014

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Siempre que se acerca l’Alternativa, lo afronto con ilusión pero sobre todo con inquietud. Es el único festival de cine que realmente es capaz de sorprenderme, de desconcertarme. Es aquí y en pocos espacios más donde tiene cabida un cine tan al margen, tan variopinto y tan arriesgado. Ese riesgo que conlleva hacer películas tan personales no siempre se salva con éxito, pero por lo menos la selección es siempre estimulante.
Voy a reseñar lo que he podido ver, lo que el trabajo me ha permitido, siempre desde un acercamiento tan personal como el de los autores y con mucho respeto, haya sucumbido o no a los encantos de su obra.

Sauerbruch Hutton Architekten, de Harun Farocki, Alemania.

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Documental expositivo en el que una cámara siempre presente pero nada inquisitiva, muestra el proceso creativo de un despacho de arquitectos. Aunque aparentemente no haya un conflicto especialmente reseñable, resulta muy interesante presenciar ese proceso, ver sus contradicciones, comprender su trabajo, aprender de cómo tienen que equilibrar los egos y adaptar la obra al gusto del cliente –prediquen o no con ello-. Una película pulcra y aséptica pero con un ligero toque de humor –diría que su autor disfruta cuando los clientes dan caña a los arquitectos…-

Ventos de Agosto, de Gabriel Mascaro, Brasil.

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Ficción de tramas mínimas en la que pesa más lo sensorial que lo literal. El sonido del viento, que un técnico va grabando en diferentes zonas, está muy presente, y la fotografía, de la que se encarga el propio director, también tiene un peso específico. Un ejercicio con la estética muy presente, al servicio de la admiración y el respeto del majestuoso entorno y la belleza exótica de su actriz protagonista. No por ese buen gusto plástico está exenta de contenido. El hallazgo de una cráneo humano en el fondo del mar, dará pie a reflexiones sobre la vida y la muerte, revelará la relación del protagonista masculino con su severo padre que le hace desarrollar una personalidad débil y afectará a su affaire con la protagonista. Un deleite para los sentidos y también para la inteligencia.

Touki Bouki, de Djibril Diop Mambéty, Senegal.

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Me vino muy bien que antes de la proyección, un crítico de cine pusiera en contexto la obra de Mambéty, hasta el momento, un desconocido para mí, que ha influenciado en gran medida el cine africano, y a pesar de tener una obra tan escueta, ha resultado ser de gran relevancia. Martin Scorsese, quedó tan fascinado por esta película, que restauró la copia en celuloide a través de la fundación que creó precisamente para estos menesteres. Este film habla de la necesidad de emigrar, y lo hace a través de una pareja, los jóvenes protagonistas que harán lo necesario para salir de Senegal. La sinopsis podría pertenecer a muchas otras películas, pero la forma y el contenido, en contexto con su año de producción -1973- y país de origen, sorprenden muchísimo. Un montaje ágil, creativo y alegórico, describen a los personajes y sus sueños de paso que retratan la ciudad, y con ella, gran parte del continente. Incluso hay un secundario homosexual, un tabú por aquel entonces. Por estos motivos, su cine fue incomprendido durante mucho tiempo y su obra, fascinante y trascendente, solo consta de cinco largometrajes y dos cortos. Imprescindible.

La petite vendeuse de soleil, de Djibril Diop Mambéty, Senegal.

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Maravilloso canto al coraje en el que la niña protagonista, con una pierna ortopédica bastante rudimentaria, empieza a trabajar vendiendo Soleils, el periódico local. Una labor típica de hombres, niños generalmente, que la verán como una intrusa e intentarán hacerla desistir con malas artes. Ante tal panorama, nadie la hubiera culpado por abandonar, pero ella nos da una lección de tenacidad y sacrificio, digna de aquellas personas que cambian el mundo con el pequeños detalles. También nos retrata Senegal, pero veintiséis años después de que hubiera rodado Touki Bouki. En gran parte del relato, puede parecernos estar viendo un documental, de hecho, en parte lo es, ya que ficciona solamente lo esencial y deja una constancia verídica del Senegal de aquellos años. La pequeña vendedora de Soleils sería la última película del genio africano.

Mille soleils, de Mati Diop, Senegal.

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En este mediometraje, la sobrina del célebre director senegalés, explora el universo metalingüístico y místico, haciendo un seguimiento del actor que protagonizó Touki Bouki, pero a penas sin diferenciar personaje y persona. Tanto la persona, como el personaje, se quedaron en Dakar en el setenta y tres, pero la chica protagonista sí consiguió coger aquel barco hacia el soñado París. Este experimento, a medio camino entre documental y ficción, se hace preguntas a sí mismo sobre la emigración, la patria, el concepto de hogar, la familia, el éxito, y la ilusión. No es imprescindible haber visto Touki Bouki para acercarse a esta, pero sí es necesario entender que nuestro personaje es aquel que nunca pudo emigrar y dejó marchar a su amada, a quién llamará por teléfono hacia el final de la película y… Ya la veréis. Merece mucho la pena.

Ben O Degilim, de Tayfun Pirselimoglu, Turquía.

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Hay ocasiones en las que cuando ves el primer plano con el que un director decide empezar su película, ya sabes que te va a gustar. De alguna forma exuda intenciones más allá de las puramente estéticas, conectas con ellas, percibes el tono y te dejas llevar. Hay algo magnético en esta experiencia, y aunque finalmente la obra no sea excelente, sabes que siempre podrás extraer muchos puntos de interés. Esto ocurre con el film turco que nos ocupa, un cine no literal en el que tenemos que recurrir a conceptos intangibles como “tono”, “atmósfera”, “magnetismo”, etc. Valoraciones de percepción, no tan académicas como las que se suelen usar. Ben O Degilim, en lo formal, podría describirla como sobria, pausada, austera –siempre como valores positivos-, pero más allá de la forma, muy adecuada por cierto, prefiero destacar el halo de misterio noir (cierto parentesco con Vértigo de Hitchcock) que consigue mezclar de forma sutil con el humor negro. Una mistura muy estimulante, que aunque a medida que avanza el metraje se pierde verosimilitud y bordea la auto-parodia, que aunque debilita el conjunto, no podemos dejar de estar atrapados.

Oscar Sueiro

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