Festival Punto de Vista 2016

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Desde 2008 acudo a esta llamada, la llamada de aquellos que dan voz a autores invisibles que hacen películas lejos de las estructuras preestablecidas, que juegan con el lenguaje y manipulan la narrativa. En definitiva, aquellos que retan al espectador, o lo invitan, lo involucran. Aquellos que tienen memoria y quieren dejar constancia en la nuestra y en la colectiva. Una amalgama de películas –más cortas y más largas- que no se circunscribe fácilmente a un género concreto y que PDV acoge en su ecléctico y selectivo seno.

Como por trabajo no pude estar toda la semana, empecé el Festival el viernes por la mañana con Writting On The City, de Keywan Karimi, cuya valía trasciende la pantalla aunque solo sea por el hecho de que su autor ha sido condenado a seis años de cárcel y 223 latigazos por realizar este documental de aire contestatario. Pero no solamente hayamos virtud en su contenido revolucionario, sino que también es virtuoso en la forma; está muy bien escrito –no detecté a qué se debe el cambio de narrador pero obviamente no es casual-, tiene un montaje brillante y una estudiada postproducción de sonido, que a pesar de la gravedad del tema no abandona el sentido del humor. Observa y describe desde una asimilación y una altura intelectual muy por encima de la dictadura de su país, Irán.

Con The Place, de Julia Poplawska, estamos ante algo que ya podría ser un género en sí mismo, y es cuando la localización es la protagonista. En este caso, una estación meteorológica en el punto más elevado de Polonia. El frío gélido, la nieve, la ventisca y el aislamiento retratado mediante ópticas angulares nos cuentan la nada de un trabajo singular. Un poco desaprovechado por el potencial de su planteamiento.

If Mamma Ain’t Happy, Nobody Is Happy, de Mea de Jong me pareció una pieza sorprendentemente brillante –más aun cuando supe que se trata de un trabajo de final de carrera y la edad de su realizadora (25 años)-. La hija –autora- ve un filón en su madre como personaje y en el hecho de que no le duren las relaciones. “En esta casa no duran los hombres. Nunca han durado”. Así sentencia orgullosamente la madre mientras la hija hace preguntas e investiga anteriores generaciones. Mea de Jong pone las cartas sobre la mesa desde un principio, y con el plano recurso de una grabadora deja claro el juego, el artificio. El rechazo al hombre, el divorcio como herencia, como característica innata. Y alrededor, grandes reflexiones y mucho sentido del humor –utiliza descartes tipo making of y pierde toda la vergüenza dotando a su obra de una naturalidad y rotundidad absolutas-. Genial.

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En cambio, JelaHasler no me convenció con su The Meadow y su metáfora sobre el belicismo latente a través de un rebaño de vacas aparentemente en libertad pero cercadas por una valla, y de fondo, en la carretera, un mundo amenazante al que son ajenas. Demasiado básico.

Ahora nos vamos al amazonas con el gallego Iván Castiñeiras y su film Where Is The Jungle? que quiere explorar ese espacio fronterizo que hay entre la jungla y lo que ha dejado de serlo para dejar paso al colonialismo. La deforestación y la devastación a cambio de nada, de una vida chabolera que ni es urbe ni es selva, y al hombre intentando adaptarse a ese nuevo modus vivendi. –Cuánto daño ha hecho la búsqueda del Dorado… -El autor cierra su interesante reflexión con un inquietante y desolador travelling out final que resume toda su tesis con un solo plano.

Ya en Cuba, de la mano de Roya Eshraghi se nos presenta The Tree. En ella escuchamos una llamada de teléfono entre padre e hija –autora- que establece una alegoría sobre la emigración a través de la descripción de un árbol que crece en un quinto piso de un edificio abandonado. El padre, sin haber visto nunca esa estampa, la describe, y la autora, con un tratamiento poético, enarbola –nunca mejor dicho- y pone música a esta breve disertación sobre raíces e identidad. Un lindo ejercicio; simple y bello.

Among Us, de Guido Hendriks es tremendamente valiente y arriesgada, además de elegante. No era tarea fácil librarse de voces acusadoras –que seguro que las hay- tratando con tanto respeto la pedofilia. Lo hace mediante tres testimonios reales, a los que por razones obvias nunca vemos, y que explican su filia, la carga que esta representa y el proceso de aceptación de uno mismo. Personas, que conscientes de lo execrable de su fantasía, solo les queda eso; la fantasía. Sus voces son cubiertas por travellings despersonalizadores que recorren grupos de gente indeterminada, de cualquier ámbito, queriendo decir que son normales, que están entre nosotros. Solamente queda esperar que sean tan sensatos como nuestros protagonistas y no rebasen ninguna línea.

En Extremos, Juan Manuel Ferraro y Federeico Molentino nos llevan a Tierra de fuego, uno de esos muchos lugares que están en el fin del mundo, y que por lo remoto, tienen siempre algo de místico y mágico. Quizás por contenido la podamos emparentar por la antes comentada Where is the jungle?, pero por la forma intenta terminar siendo algo más como Baraka o Koyaanisqatsi (Ron Fricke) –salvando las enormes distancias -también sería injusto compararlas dados los valores de producción de una y otra-. Un sano ejercicio que quiere indagar los pueblos primigenios y ponerlos en contraste con el tiempo actual –conceptual y literalmente-. A destacar su tratamiento musical.

Ya entrando la noche, multisesión incatalogable de la mano de Carolina Astudillo, Xacio Baño y Velasco Broca.

La realizadora chilena abrió la velada con Lo indecible, un documental de memoria histórica a través de la experiencia de una directora de escuela que fue secuestrada y acusada de pertenecer al MIR. Ya sabemos cómo se las gastaba la dictadura de Pinochet, así que el relato da voz y deja constancia de esas torturas y vejaciones crueles y absurdas. Carolina Astudillo, lo narra a través de otras voces, no la de la protagonista, para hacer notar la dificultad que tiene uno mismo de poder contar una experiencia así.

Luego, con El deseo de la civilización y Líbranos de ellas, se alza con algo así como feminismo histórico. Utilizando sobre todo material de archivo en 16mm, muy sucio y con mucho grano, deja ver el papel sumiso que la mujer se vio obligada a tener en contraposición con el rol belicoso –y patético- del hombre. También la lucha de clases, la mujer comunista y los múltiples fusilamientos que tuvieron lugar bajo el (des)amparo de la Guerra civil española. –Quiero hacer especial hincapié, para bien, en el tratamiento de sus inhóspitos paisajes sonoros, a caballo entre el dark ambient y el experimental noise.

También tuvo tiempo para proyectar un fragmento de El gran vuelo, que cuenta la historia de Clara Puello Jornet, militante del Partido Comunista, condenada a muerte y fugada de la cárcel de Les Corts, en Barcelona. De nuevo imagen de archivo en 16mm y muchas fotografías que la voz narradora escruta y analiza. –Se agradecen mujeres protagonistas de grandes hazañas dentro de un mundo tan masculinizado-. Nos dejó con ganas de más.

Ahora nos vamos a Galicia con Ser e voltar, de Xacio Baño, una obra que ya conocía y admiraba. Él, autor de visible intervencionismo tras la cámara, empieza un vídeo-retrato de sus abuelos en la aldea y termina viéndose superado por su propio material filmado. La frescura, simpatía, sabiduría y verdad que tienen sus personajes no es a menudo fácil de encontrar. Ahí entra la habilidad del documentalista y decide jugar con todas las posibilidades de la no ficción, pasárselo en grande y de paso lanzar algunas reflexiones. Brillante.

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También de Xacio, pudimos ver Eco; un descubrimiento, una memoria, una conciencia. Una pareja de jóvenes se muda y durante el traslado descubren el diario de la madre de él, escrito y fragmentado en muchas libretas escolares. La narración empieza cuando la madre está embarazada… de un niño no muy deseado. El punto de partida es muy interesante, y la puesta en escena, semi-ficcionada, también. Los protagonistas leen el diario en voz alta mientras el autor planta la cámara en las diferentes estancias de esa nueva vivienda, vacía, que se va llenando con el relato. Hace buen uso del fuera de campo y consigue momentos de cierto suspense. Nos preguntamos por qué no hay nada escrito de cuando él era pequeño, descubrimos un padre machista, posiblemente infiel, también datos aparentemente irrelevantes pero que dejan constancia de la necesidad de expresión de una madre conscientemente reprimida. Muy estimulante.

Para cerrar la sesión, la obra del particular Velasco Broca. Empezamos con Avant Pétalos Grillados, un cortometraje experimental de ciencia ficción protagonizado por invidentes y extraterrestres. –Sí, es tan bizarro como parece-. Apartado de las convenciones narrativas y con una idea visual muy concreta y clara, Broca nos transporta a la serie B de los años cincuenta pero con un look más sucio y personal. Algo de todo eso le llega a mi alma freak y aunque argumentalmente no tenga dónde agarrarme, me gusta.

Con el encargo que hizo para la magnífico pack edición especial de Val del Omar, nos deja fuera de juego. Val del Omar fuera de sus casillas es un collage experimental ininteligible fuera de su propio universo. Y por retraso de la sesión y otros menesteres, me perdí Nuestra amiga la luna.

Después de un día tan intenso, pintxos, vinos, aire fresco…Al día siguiente a jugar en campo conocido con Jose Luís Guerin.

La academia de las musas es tremenda. Guerin, aunque proclama su película como proyecto de ficción, la forma, el work in progress y su mutación sobre la marcha, palpitan cine documental por doquier. Esta especie de ambigüedad con la que el autor de En construcción siempre ha jugado muy bien, alcanza aquí su máximo exponente. Aunque la producción está hecha bajo mínimos, la forma es más bien pobre y el conflicto es un culebrón, Guerin consigue hacer magia. Consigue muchísima verdad de sus actores que no interpretan especialmente bien – o sí-. Te los crees porque en parte el lenguaje del film te está diciendo que eso está ocurriendo de verdad y que la cámara tuvo la suerte de estar donde debía estar y solamente tuvo que seguir el fortuito desarrollo de los acontecimientos. Pero si es totalmente cierto que estamos ante una ficción, es Guerin quien pone y dispone, y solamente podríamos atribuir al azar algunas buenas improvisaciones interpretativas o buenas ideas que flotaban en el aire y supieron coger al vuelo. Pero no, esto no es tan sencillo. El instinto documental del autor es definitorio y definitivo. La historia es un poco esto que yo describo así: “un profesor de poesía que es un crápula, un embaucador.Y aunque no especialmente atractivo, alguna alumna cae bajo su hechizo. Una de ellas cae del todo, y la italiana lo ve venir más o menos rápido. Hay una tercera alumna en discordia que cala al profesor en lo profesional (si no lo haces como a él le gusta, no vale). Y por último, la mujer del profesor, la voz de la razón y el contrapunto cómico aunque no lo pretenda”.

Divertidísimo todo.

Le saphir de Sant Louis, también de Guerin, es un encargo y una interpretación muy personal de la Catedral de Rochelle. Es más una pieza de museo que un documental, y aunque tiene una escritura muy limpia y un objetivo claro, no termina de funcionar ni como encargo ni como película. Se basa sobre todo en reconstruir la historia de un cuadro que hay en la catedral que retrata un barco que transportaba esclavos negros. El autor, con ayuda de la voz en of y planos muy descriptivos, se adentra en la pintura, investiga y plantea hipótesis sobre su significado. Es interesante cómo consigue hacernos entrar por momentos, pero mejor verlo después de un largo descanso. Nunca después de las comidas.

Y hasta aquí todo lo que pude ver en día y medio. Una lástima que hayan dejado tan pocas proyecciones para el sábado. Los que venimos de fuera de Pamplona y solo podemos aspirar al fin de semana, echamos de menos una programación más nutrida para estos días. Aunque sea sin presentaciones,un pase para poder ver lo que no hemos podido durante la semana.

En todo caso, como siempre, una experiencia muy gratificante en lo cinéfilo y en lo personal.

Óscar Sueiro

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