Emociones baratas #20- En este barrio está pasando algo muy chungo (The Happy Man: A Tale of Horror, Eric C. Higgs, 1985, Valancourt Books, 2017)

Hace un bonito día soleado en esta avenida de casas perfectas; los niños corren jugando por sus céspedes mientras sus madres arreglan bonitos arbustos y sus padres preparan suculentas barbacoas tras las impolutas vallas blancas. Y tal y como nos enseñó gente como David Lynch bajo este mundo aparentemente ideal se suele esconder el horror y la corrupción más absolutos. Emociones baratas vuelve a la pequeña América y al suburbio para señalar la oreja cortada en el césped con la reseña de un desconocido clásico del terror americano de los ochenta, The Happy Man.

Casos como el de The Happy Man me hacen creer en una fuerza cósmica que tarde o temprano me acaba facilitando el acceso mis obsesiones culturales.Supe de su existencia gracias a alguien a quien venero, Will Errickson de la web Too Much Horror Fiction, que lo recomendaba encarecidamente como una pequeña gema dentro de toda la miasma de terror de bolsillo ochentero. El problema para mí era el de siempre; buscando por tiendas de segunda mano de internet su precio era elevadísimo y parecía que jamás había vuelto a ser reeditado en formato digital. Hasta el mes pasado, en el que Valancourt Books lo reeditó en una estupenda edición de kindle con una nueva introducción escrita por el mismo autor. Me encanta el formato físico y sigo comprando libros con avidez, pero a veces debo elegir entre morir sepultado bajo una estantería o leer cosas a un solo clic de distancia, por lo que el mismo día en que salió la nueva edición me puse a leerla en mi ebook.

Es una lástima que Eric C. Higgs no se prodigara mucho en el mundo de la novela de terror: The Happy Man y The Doppleganger, de 1987, son su dos únicas obras en el género. Ex-oficial de la marina, Higgs dedicó muchos años a intentar entrar en el mundo del cine y la televisión como guionista de manera infructuosa y solo hasta hace bien poco ha retomado su faceta de novelista. Poco más se sabe de él y probablemente sea mejor así, ya que eso le da a esta novela corta un halo de obra única que la hace aún más atractiva y propensa a ser de culto. Higgs escribió incluso un guión -que se puso a la venta- para adaptarla al cine, pero en esta época en la que absolutamente todo está tan saneado y no se puede ofender a nadie va a ser difícil que lleguemos a ver esta historia en la gran pantalla.

Detalle de la portada de la edición en guión. Lo de que esté inspirada por imágenes de El Bosco le suma aún más puntos.

Nuestro protagonista, Charles Ripley, de 32 años, vive en un bonito suburbio de San Diego, California, junto a su mujer Shelly, que perdió al hijo no nato de ambos dos años atrás y aún se está recuperando de la tragedia. Ripley tiene un buen trabajo y vive sin muchas preocupaciones si exceptuamos la ocasional aparición de cadáveres de inmigrantes mejicanos en la zona fronteriza de desierto cercana a su casa. La misma semana de esos asesinatos, Ruskin Marsh, su mujer Sybil y su hijo Mark se mudan a la casa de al lado de los Ripley. Lo que empieza como una amistad de cortesía con una invitación a cenar se acaba convirtiendo en una relación obsesiva para Charles. Ruskin habla con él de cosas que Charles parecía haber desterrado de su vida, como el arte y la literatura. Charles creyó que tras la universidad su cometido era “hacerse mayor” y dejar atrás todo aquello, pero Ruskin parece disfrutar de su vida sin consecuencias. Sybil se hace muy amiga de Shelly y los matrimonios van estrechando lazos montando fiestas comunales en las que sus vecinos empiezan progresivamente a olvidar sus inhibiciones, pelearse y sacar a la luz todos sus oscuros secretos. Parece que la presencia de Ruskin está afectando a todo el barrio, pero es Charles el que se siente más cuestionado por ella. ¿Es realmente feliz con su vida? ¿O lo es más Ruskin, que hace lo que quiere y cuando quiere?

Su vecino tiene montones de armas de fuego muy bien cuidadas que le obsesionan y se folla a las vecinas que le da la gana sin represalias por parte de su mujer que parece no saber -o no querer- enterarse. Cuando Charles se lo hace con su joven secretaria, la culpa es tan grande que tiene que recurrir a Ruskin para que se la quite de encima: éste la seduce y la hace desaparecer de manera muy misteriosa. Hay que añadir también que Ruskin es un gran creyente en las tesis del Marques de Sade, del cual presta un libro a Charles, una edición privada en inglés de Juliette que le vuela la cabeza. En definitiva, Ruskin tiene como objetivo conocerse íntimamente y hacer siempre lo que le plazca acorde a sus instintos, por muy bajos que sean. Ese es su verdadero concepto de la felicidad, por el que Charles se ve al mismo tiempo atraído y asqueado y que le llevará a una espiral de sexo y violencia intentando imitarlo.

La voz literaria de Higgs se mantiene firme y con autoridad durante toda esta locura, narrando los pensamientos internos de Charles y la dualidad de sus sentimientos hacia Ruskin y su modo de vida de una manera concisa y aterradora. Pese a todo lo expuesto anteriormente, The Happy Man no recurre al gore ni al sexo tanto como cabría esperar, pero en su lugar presenta una sutileza y una capacidad de contención que la hacen aún más incómoda. Haceos un favor y leedla, que si luego hacen una película que nos defraude a todos al menos siempre nos quedará el libro. Aunque si al final Jon Hamm acaba interpretando a Ruskin me lo pensaría….

 

Víctor Castillo

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