Emociones baratas # 12- Terroríficas hazañas bélicas

51fcFrrOWULLos habituales del canal historia ya sabéis cuales son las temáticas preferidas de sus programadores; los extraterrestres, lo sobrenatural y la segunda guerra mundial. Y que cuando las tres cosas se juntan entramos en territorios magufos de alto nivel, al estilo de libros sobre Hitler, ovnis y mitología budista (¿?) o los consabidos rollos de “¿sabías que la SS estaba llena de ocultistas?”. La cosa viene de largo, tanto que en los 70 y 80 la literatura de terror tuvo un interesante romance con el conflicto global más grande de la historia, que ya de por sí fue bastante terrorífico. He aquí un doble de programa de submarinos nazis podridos y tanques sherman con muy mala hostia.

The Devils of D-Day (Graham Masterton, Sphere, 1979)

975088Oh, señor Masterton, ¿hay algo sobre lo que usted no haya escrito?. Cuando hace unas entregas comenté que el autor más reseñado en esta sección tenía en su haber una novela que trataba sobre un tanque poseído, estaba hablando totalmente en serio. Y lo mejor de el tema es que cumple todas las expectativas de tamaña premisa y además es tremendamente entretenida. Es un excelente ejemplo de su primera época; ciñéndose a unas ajustadas 180 páginas narradas en primera persona por nuestro protagonista, el cartógrafo americano Dan McCook, Masterton nos cuenta sus aventuras en la fría y deprimente campiña normanda mientras recopila información para un libro de historia sobre el Día D. Allí los lugareños empiezan a hablarle de un tanque abandonado cerca de una granja tras una batalla. En esta, trece misteriosos tanques cuyas escotillas estaban selladas con crucifijos de plata causaron el caos entre las líneas alemanas; muchos de los soldados decían haberse enfrentado al mismo diablo.

Azuzado por estos rumores y por el hecho de que en la granja colindante al tanque vive la hermosa hija de unos granjeros locales, Marianne -algo que ya es un clásico del autor, enfrentarse al terror siempre es más llevadero con una tía buena cerca, aunque siendo su primera época Dan y ella no llegan a hacer nada clasificado para mayores de dieciocho años- Dan se obsesiona con saber qué hay dentro del vehículo. Con la ayuda de la chica y un cura anciano de la localidad consigue romper los cierres soldados y sacar del vehículo una bolsa que contiene los huesos de un demonio. Y no son de un siervo cualquier del infierno; se trata de Elmek, el demonio de las armas de filo, un enano cabroncete que destripa y mutila sin compasión a todo aquel que le lleva la contraria. Acojonado por sus amenazas, Dan deberá llevar sus huesos de nuevo a Inglaterra, donde los aliados encerraron las bolsas con los huesos de sus doce compinches. Durante su travesía varios representantes de la iglesia serán poseídos y troceados por Elmek (tiene también la manía de “vaciar” a sus víctimas antes de poseerlas) hasta llegar a una instalación ultrasecreta del gobierno británico donde el demonio tiene el plan de invocar junto a sus hermanos a su “jefe”, el malvado Adramelech.

Y no os lo perdáis, llegados a ese punto los militares británicos aún creen poder controlarlos como armas selectivas para sus fines a cambio de sacrificios. Pero puede que Adramelech y los suyos se resistan a ser solamente “armas preventivas”. Masterton llega a insinuar que varios ejércitos han usado a estos seres anteriormente y que tienen intención de volverlo a hacer. Lo que también me parece muy interesante es el cambio de enfoque respecto a lo habitual en estas historias; por una vez vemos que no solo fueron el führer y sus compis de la SS los que se mancharon las manos con asuntos sobrenaturales; Eisenhower no tuvo ningún problema en entregar un sacrificio de sangre para ganar la guerra. ¿Verdad que os imagináis a un joven Mike Mignola hojeando ésta novela? Este pulp satánico de primera no sólo inspiró probablemente al californiano, su magnífica portada fue usada para uno de los primeros singles de Metallica, “Jump in the Fire”. ¡Arriba esos cuernos!

El buque de la noche (The Night Boat, Robert McCammon, 1980, Ediciones B, 1993)

El buque de la noche Robert McCammonPese a que su obra ha tenido una relativa presencia en nuestro país, el nombre de Robert McCammon suena menos que el de los más prolíficos Clive Barker, Dean Koontz o, obviamente, Stephen King en las lista de autores de terror de los 80 y 90, cosa que duele más al comprobar que en Estados Unidos está bastante bien considerado. El buque de la noche es su segunda novela escrita -después de la también publicada en España El príncipe de los infiernos– pero tercera en salir al mercado. De hecho, el propio autor mantuvo durante un tiempo que sus tres primeras obras no estaban a la altura de las más posteriores como Sed de sangre (1981) y no se interesó mucho por su reedición, pero al final estas han visto versiones nuevas en su país; aquí tenemos que seguir tirando de la segunda mano para encontrarlas.

¿Es para tanto? No creo, aunque no está exenta de sus cosillas. El buque de la noche nos cuenta la historia de David Moore, un viudo al que el mar arrebató a su mujer e hija y que se ha reconvertido a empresario hotelero en la isla tropical de Coquina. En una de sus sesiones de buceo, Moore encuentra un antiguo submarino alemán enterrado y por accidente hace explotar una carga de profundidad que estaba a su lado, sacando el barco a la superficie. Tras comprobar que está demasiado bien conservado para llevar cuarenta años sumergido, Moore empieza a obsesionarse con lo que pueda contener. Los lugareños también están alterados; su amigo, el jefe de policía Kip tiene que lidiar con el grupo del reverendo Boniface, un practicante del vudú que parece saber demasiado sobre el submarino y sus tripulantes, y con los indios autóctonos que quieren destruirlo a toda costa. Cuando un pescador y un saqueador sean brutalmente asesinados al acercarse al vehículo, nuestros protagonistas empezarán a darse cuenta de la terrible realidad; la tripulación del submarino ha vuelto de entre los muertos. Estos terroríficos zombis se liarán a devorar a todo aquel que se encuentren delante para cumplir su objetivo; arreglar el barco y seguir sembrando la destrucción por los mares del Caribe.

McCammon es aquí aún muy deudor del “modelo Stephen King” y eso es algo a la vez bueno y malo: por un lado intenta crear todo un elenco de personajes secundarios y reforzar la ambientación caribeña para construir una base atractiva sobre la que desarrollar las partes sobrenaturales del relato, pero cuando la cosa se desata se olvida bien pronto de todos ellos para centrarse en los protagonistas. Eso también hace que la novela se tome su tiempo para la aparición de los vengativos zombis nazis, tanto que hasta la mitad de sus casi 450 páginas no tenemos un “avistamiento”en condiciones. Soy consciente que de esta manera va manteniendo el misterio del barco y su influencia en los isleños pero en algunos momentos la cosa se alarga de manera algo artificial a golpe de flashback y sueños premonitorios de los protagonistas. Además también incluye a dos personajes nuevos a partir de la mitad que no hacen más que añadir algo más de información para luego pasar a un segundo plano o incluso morir a la primera de cambio.

Por otra parte, cuando McCammon muestra a los muertos vivientes lo hace en escenas que son genuinamente acojonantes y asquerosas; estos zombis son listos, tienen muy mala hostia, usan herramientas, están cubiertos de hongos y humedad y sufren un dolor insoportable por haber sido maldecidos que les impulsa a sacar ojos, corazones y arrancar gargantas con un ensañamiento que haría las delicias del Lucio Fulci más desfasado. Y el final en alta mar es de una épica que casi recuerda a Moby Dick o Tiburón, con el barco de los protagonistas intentando frenar al malvado submarino en una misión casi suicida a través de una tormenta desatada. Cómo véis, una de cal y una de arena, pero he de decir que el estilo del McCammon primigenio me ha gustado pese a sus carencias, por lo que este señor de Alabama volverá a aparecer por la Emociones baratas. ¡Rompan filas!

Víctor Castillo

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