REGRESO AL FUTURO QUE NUNCA OCURRIÓ – La ciencia ficción de los 80 en 50 películas, 2ª parte: Vinieron de más allá de las estrellas

Que los visitantes del más allá (del espacio exterior, del interior, del futuro o del pasado, incluso de otras dimensiones) se pasaran a darse un garbeo por la civilización de los 80 fue tónica habitual durante esta década. No obstante, en contraste con épocas anteriores, ya no siempre vendrían con el hacha de guerra en alto y con deseos de conquista: a raíz del  éxito sin precedentes de E.T. otros visitantes vendrían con buenos deseos y aún mejores intenciones. Repasemos pues diez de ellos…

EL CABALLERO DEL DRAGÓN (1986) España

D: Fernando Colomo  I: Harvey Keitel, Miguel Bosé, Klaus Kinski, Fernando Rey

Simpática y curiosísima producción española, a medio camino entre medieval y fantástico, pero no la habitual mezcla de espada y brujería, sino de ciencia ficción más pura; un extraterrestre -¡¡Miguel Bosé!!- que nos visita en su nave espacial, a la que los aldeanos confunden con un dragón, se enamora de una terrícola. No la rechacéis de buenas a primeras, que Bosé, aunque aparece bastante, no dice ni una sola frase y comparte reparto ni más ni menos que con Harvey Keitel, Klaus Kinski y Fernando Rey. Desde luego, producción lo dio todo, y al menos en los aspectos formales, se nota; muy buena fotografía de Jose Luís Alcaine -habitual colaborador de Almdóvar y con un currículo impresionante entre el que destaco El Sur-, una partitura muy adecuada de José Nieto -otro prolífico profesional de nuestra modesta industria-, una estupenda dirección artística, y como no, unos efectos más de dignos del mítico Reyes Abades. Cabe destacar la también todo el departamento de arte, además de por el vestuario medieval, por el magnifico diseño del traje del extraterrestre. Lo peor del caso es que todo el mundo dio lo mejor de sí, pero era el guion el que no daba para más. Un equipazo para una historieta bastante infantil y pesada. Es una película que cae bien por el encanto que tiene y porque se aprecian el riesgo y la originalidad, pero realmente cuesta verla de un tirón ya que hay poco a lo que agarrarse.  OS

NUESTROS MARAVILLOSOS ALIADOS (*Batteries not included, 1987). Estados Unidos

D: Matthew Robbins  I: Hume Cronyn, Jessica Tandy, Frank McRae

Unos drones monísimos han llegado a la ciudad para ayudar a combatir el mobbing que está llevando a cabo una constructora “maligna” contra una comunidad de vecinos. El pequeño y antiguo edificio es un molesto obstáculo para la finalización de un gran y moderno plan arquitectónico. Los robotitos son de origen extraterrestre, vuelan y son muy graciosos. Eso sí, a mi no me pregunten por qué tienen tanto interés en ayudar a esa gente en concreto. Son “buenos” y ya está. Esto son los ochenta en mayúsculas; para lo bueno y para lo malo. La película tiene un evidente toque del Spielberg más melodramático –está producida por él-, pero de segunda división –el guión es de Mick Garris-. La comunidad está formada por vecinos de diferentes edades y condiciones pero el cotarro lo manejan Hume Croyn, que en el 43 ya estaba hecho un mozo en La sombra de una duda de Alfred Hitchcock, y Jessica Tandy, que empezó su carrera en el Hollywood dorado, allà por el 1932. Y es que en los mágicos 80 estuvo a punto de nacer el subgénero “Ci-Fi Senior” (si no me creen, recuerden Cocoon de Ron Howard). Menos mal que la cosa se paró ahí. Nuestros maravillosos aliados es una película agradable y familiar, pero con un punto ridículo difícil de maquillar. Está bien llevada por el director Matthew Robbins (responsable de la muy reivindicable, ochentera y olvidada El dragón del lago de fuego, y los personajes son entrañables y están bien trabajados. Los efectos especiales son divertidos y artesanales, aunque han envejecido bastante mal. Solo me queda advertir que el tono pasteloso del conjunto se le puede indigestar a más de uno. DM

EXTRAÑOS INVASORES (Strange Invaders, 1983) EEUU

D: Michael Laughlin  I: Paul LeMat, Nancy Allen, Kenneth Tobey, Michael Lerner

Un poco en la línea del remake de Invasores de Marte de Tobe Hooper, quizá de forma más descarada, Extraños invasores –segunda entrega de la proyectada “trilogía de lo extraño” por Laughlin y el aquel entonces guionista Bill Condon que había comenzado dos años antes con Strange Behaviour y que nunca llegó a conocer tercera entrega- es un sencillo y sincero homenaje a las películas de ciencia ficción de los años 50, tanto en su planteamiento como en su desarrollo un tanto naïf, con la vista puesta en títulos como Me casé con un monstruo del espacio exterior , La invasión de los ladrones de cuerpos o la serie de TV Los invasores. Cuando el pobre Charlie vaya en busca de su exmujer desaparecida en un tranquilo pueblo rural del Medio Oeste americano que parece haberse anclado en los 50, topará con una extraña comunidad en la que habitan criaturas muy extrañas que están a punto de acabar con su vida. De vuelta a la gran ciudad comenzará su investigación y comenzará a sospechar que dichas criaturas son seres de otro mundo que viven entre nosotros desde hace mucho tiempo… De mercado natural el video (la pantalla grande tal vez le venía eso, grande), la película cuenta con unos estupendos efectos especiales (tanto en la forma de las criaturas de otro mundo como a la hora de “trasladar” a las almas humanas a las bolas de energía, momentos por cierto que son los más sobrecogedores del film) diseñados por James “La Cosa” Cummins –no acreditado por “diferencias creativas” con el director- con las cuatro perras que tenía el presupuesto. JJV

TERRORVISION (1986) EEUU

D: Ted Nicolau  I: Diane Franklin, Gerrit Graham, May Woronov, Chad Allen

A los lectores más curtidos en cinefagia videoclubera ochentera, seguro que le suenan los siguientes ítems: Empire productions, Charles, Albert y Richard Band. Y aunque muchas veces han sido sinónimo de “trapero”, también lo son de diversión, y mucha en este caso. Terrorvision tiene algo especial, pero para apreciarlo tienes que tener un cariño por los monstruos, los animatronics, el fx de maquillaje, etc. más allá de los Gremlins. De hecho, si me dijeran que la ha dirigido un Joe Dante desenfrenado, me cuadraría perfectamente. Es una chorrada, sí, pero sobresale de ese tipo de producciones y además está fotografiada por Romano Albani –Phenomena e Inferno, casi nada-. OS

LLEGAN SIN AVISAR (Alien Encounters / Without Warning, 1980)

D: Greydon Clark  I: Tarah Nutter, Jack Palance, Martin Landau, Christopher S. Nelson

Curiosamente, Llegan sin avisar es una película que empieza bastante mal y tras un rato haciendo temer lo peor, empieza a aumentar la cantidad de disparates vertiginosamente, enlazando uno tras otro y logrando al final lograr una experiencia videoclubera bastante aceptable. Dos parejas de adolescentes (entre ellos un imberbe David Caruso) van a pasar unos días en un lago donde unas extrañas estrellas de mar con dientes del espacio exterior atacan a cualquiera que se cruce en su camino. Las muertes comenzarán a aumentar en poco tiempo y un rudo cazador interpretado por Palance intentará ayudar a los jóvenes -de los cuales van quedando cada vez menos- a hacer frente a las criaturas (y a una presencia aún peor) a la vez que intentan dar esquinazo al enloquecido personaje al que da vida Landau, un exmilitar obsesionado con la colonización extraterrestre. El presupuesto era escaso (y la mitad se la llevaron sus dos estrellas) pero vista sin complejos es un simpático híbrido entre el slasher adolescente que asolaba por aquel entonces las salas cinematográficas y la serie B más entrañable. Incluye un papelito para Ralph Meeker, el inolvidable Mike Hammer de El beso mortal. JJV

STAR TREK IV, MISIÓN SALVAR LA TIERRA  (Star Trek IV: The Voyage Home, 1986). Estados Unidos

D: Leonard Nimoy  I: William Shatner, Leonard Nimoy, DeForest Kelley

No me hagan recordar exactamente la fecha estelar en la que sucede Star Trek, pero se trata de un futuro lejano. Sin embargo, durante un rato, también sucedió en los 80. Vaya que sí. Esto queda claro en la cuarta entrega de la saga, en la cual los aguerridos tripulantes de la Enterprise original viajarán nada menos que a 1986 (salto temporal mediante). Ballenas. El mar. Hay muchas cosas que merece la pena salvar en la tierra y los de Greenpeace no pueden solos. Una sonda desconocida amenaza con colisionar con nuestro planeta y provocar grandes catástrofes medioambientales. Star Trek IV es muy de los 80, sucede en San Francisco a ritmo de sintetizador, hay salvajes punks callejeros –convenientemente aplacados por Spock– y todo es un festival de la anécdota temporal… ¡que atrasados estos humanos de los 80! Era la segunda ocasión en que Leonard Nimoy se sentaba en la silla de director de la franquicia (inmediatamente antes lo había hecho con la mediocre Star Trek III, en busca de Spock) y hay que reconocer que consiguió crear la película más diferente de toda la saga clásica. El film no esconde lo que es: una comedia amable para toda la familia. Si la tomamos como tal podemos llegar a disfrutarla mucho. Sintetizadores ochenteros incluidos. DM

LIFEFORCE, FUERZA VITAL (Lifeforce, 1985) Reino Unido, EUA

D: Tobe Hooper I: Steve Railsback, Mathilda May, Peter Firth

El transbordador especial Churchill es enviado en labores de investigación a la cola del cometa Halley y allí encuentra una extraña estructura gigantesca que contiene a tres humanoides desnudos, dos hombres y una mujer, dentro de unos ataúdes de cristal. Un mes después de recogerlos a bordo, el transbordador vuelve quemado y con toda la tripulación muerta y sin registros de a bordo. Los militares se quedan a los alienígenas pero descubren que estos absorben la fuerza vital de sus víctimas, convirtiéndolas en una especie de vampiros energéticos que desatan una plaga por todo Londres. Cuando el coronel Carsen, el único superviviente del Churchil, reaparece en una cápsula de salvamento se une a un grupo de investigadores para encontrar a la alienígena, con la que tiene un vínculo mental erótico-festivo que le está volviendo loco. Quitémonos ya lo obvio de encima; Mathilda May estaba muy rica y el hecho de que se pasara casi todo el metraje correteando desnuda hace que todos los tíos heterosexuales que vimos esta película la recordemos por los siglos de siempre jamás. Pero Fuerza vital no fue, desgraciadamente, lo que decía su tagline: “el evento de la ciencia ficción cinematográfica de los ochenta”. Más bien es una película que sufre de unos cambios de tiempo que hunden el segundo acto en un ligero sopor con diatribas sobre el vampirismo y la new age y que tiene un inicio y un final espectaculares gracias a los acojonantes efectos especiales de John Dykstra. Y poco más. Golan y Globus se jugaron el tipo económico a lo grande con esta película, la más cara que hizo Cannon Films junto a Superman IV: En busca de la paz (Sidney J. Furie, 1987) y se la pegaron estrepitosamente. Entretenida, pero para nada tan épica e importante como se pretendió que fuera. VCR

EL HERMANO DE OTRO PLANETA (The Brother From Another Planet, 1984). Estados Unidos

D: John Sayles  I: Joe Morton, Daryl Edwards, Rosanna Carter

Un extraterrestre negro y totalmente mudo cae en New York –concretamente en Ellis Island–, y se va a vivir a Harlem. Con esto se lo he dicho todo. John Sayles crea un evidente –pero muy liviano y nada murgas– retrato sociológico de la sociedad urbana afro-americana en esta película de bajo presupuesto que rodó en cuatro semanas en los decorados naturales de la misma ciudad de Nueva York. El “brother” no tiene nombre, ni tampoco oficio ni beneficio. Su único don es arreglar cosas al estilo Starman y pronto será explotado en una empresa de reparación de máquinas electrónicas (impagables las escenas con las clásicas matamarcianos de los 80). ¿Que va a hacer este señor, mas que pasarse el santo día en el bar empapándose de cultura afroamericana y de alcohol? En el susodicho bar y sus alrededores tienen lugar algunas de las escenas más interesantes de la propuesta, que incluye a los malos de la función: un par de Men in Black –blancos, por supuesto– que quieren la cabeza de nuestro marginal protagonista. Pese a sus evidentes desequilibrios narrativos es una fresca propuesta primeriza de un director que posteriormente nos ha regalado obras tan inmensas como Hombres armados, El secreto de la isla de las focas o Lone Star. DM

E.T. EL EXTRATERRESTRE (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982)

D: Steven Spielberg  I: Henry Thomas, Drew Barrymore, Peter Coyote, Dee Wallace

E.T. es bueno. Es un extraterrestre bueno, y eso se ve poco en películas comerciales. Es más divertido y rentable que sean depredadores espaciales o insectos letales, perfectos y despiadados. Steven Spielberg demostró que se podía hacer una película de extraterrestres bonita y entrañable, con sus familias bienpensantes y sus aparentemente acogedores barrios de clase media. Una película vista desde los ojos de un niño –de hecho, casi todos los planos están rodados desde la altura de un crío– que podría haber sido el mismo Steven Spielberg. Un niño que necesita un amigo ante el descubrimiento del dolor y la soledad del mundo adulto. Incluso los malos no son tan malos: precisamente adultos asustados ante la visita de un ser de otro planeta. Porque aquí lo importante es la amistad. La amistad entre los jóvenes protagonistas y la conexión casi paranormal entre Elliott (Henry Thomas) y el extraterrestre, representada con maestría en muchos momentos de la cinta. E. T. es ya un clásico incontestable y además marcó a toda una generación (la mía, por si no se nota). Y nadie podrá negar que ha dejado un buen poso de momentos clave e imágenes icónicas para la historia del cine –el dichoso teléfono, ese dedo lumínico o la fantástica escena de las bicicletas–. ¡Y que hartón de llorar al final! La obra cumbre del efímero cine juvenil de los 80. DM

LA COSA (The Thing, 1982). Estados Unidos

D: John Carpenter  I: Kurt Russell, Wilford Brimley, Keith David

Los miembros de una expedición científica en una base americana perdida en la Antártida están siendo suplantados por una forma de vida alienígena, capaz de parasitar y copiar sus cuerpos a la perfección. McReady, el líder del meollo, interpretado por Kurt Russell en uno de sus mejores momentos, se enfrenta a la amenaza exterior y también a la interior –las reticencias y miedos de su propio equipo–, en esta película (acaso la obra maestra) de John Carpenter. Todo casa a la perfección: la tensión llevada al paroxismo en un espacio cerrado, unos personajes muy bien definidos, unos efectos especiales orgánicos y acojonantes (Rob Bottin), que todavía hoy sorprenden por su calidad y la insidiosa banda sonora minimalista, compuesta por el maestro Ennio Morricone emulando al propio Carpenter (que acostumbra a componer la música de sus propias películas). En esta película tenemos algo del Howard Hawks más admirado por Carpenter, bastante del Lovecraft de En las montañas de la locura y mucho cine en mayúsculas. Acción y suspense del bueno, diálogos para el recuerdo y terror del de antes. Y un final muy cabrón. Es que lo tiene todo para ser una de mis películas favoritas. Y la tuya. DM

  • VCR: Victor Castillo
  • DM: Dani Morell
  • OS: Oscar Sueiro
  • JJV: Javier J. Valencia

También en EPB: Exploradores, The Tourist, XTRO

Previo: 1ª parte: Acción sin freno, aventura desatada, los héroes ci-fi del videoclub

Y mañana: 3ªparte: Luces y sombras en el mundo del mañana

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