VII Edición Festival Americana – Crónica

Cuesta creer dada la difícil situación que estamos viviendo actualmente que fuera hace apenas un mes (del 3 al 8 de marzo) que se celebrara otra edición del Festival Americana en los cines Girona y Zumzeig de Barcelona. Pero así fue. Uno de los últimos recuerdos que atesoro antes de que esta llamada “nueva normalidad” aterrizara en nuestras vidas y sin perder la esperanza de que nos podamos volver a reencontrar en la próxima edición, cuando esta angustiosa pesadilla haya pasado de una vez por todas.

Como es ya costumbre el Americana nos dio la oportunidad de ver en pantalla grande algunas muestras del cine indie norteamericano que en la mayoría de casos hubiera sido imposible ver en pantalla grande. También reencontrarse con directores o guionistas que ya se han convertido en habituales de la muestra, y este año además disfrutar de la ampliación al resto de América del Norte más allá de Estados Unidos que ha ofrecido el Festival.

La película inaugural fue Saint Frances, debut en el campo del largometraje del director Alex Thompson y escrita y protagonizada por Kelly O’ Sullivan. Interpreta a Bridget, una joven en la treintena sin trabajo ni proyectos de futuro que se queda embarazada de Jace (Max Lipchitz), el clásico “amigo con derecho a roce” con el que se mueve hasta ese momento en el punto intermedio de ni ser pareja ni dejar de serlo. Abortará y entrará a trabajar como canguro de Frances (Ramon Edith-Williams), hija de una pareja de mujeres bastante deslenguada y vivaracha. Saint Frances tiene muy claro que está dirigida a este público estadounidense que da la espalda a Donald Trump y sueña (soñaba) con una presidencia de Bernie Sanders, y en ese sentido probablemente sea una película que tenga una mayor validez en zonas de su país donde las parejas homosexuales o el aborto todavía son vistas como un atentado moral. Precisamente en ambos temas es donde la cinta se mueve con más soltura, tanto en el tratamiento de la pareja, en especial en la depresión de Maya (Charin Álvarez, que regala la mejor interpretación del film), incapaz de reconducir su vida laboral y material y que establece un emotivo vinculo con Bridget, como en la ausencia de juicio en el tema del aborto. Sin embargo, y como suele ocurrir tan a menudo con otras obras semejantes, y a pesar del buen trabajo interpretativo de la cría, en ocasiones esta resulta un tanto cargante en gran parte debido a esa manía que se tiene tan a menudo en el cine de poner en boca de niños frases demasiado adultas. Pero el resultado general es positivo, aunque sea por dar finalmente voz a mujeres que no tienen un trabajo de ensueño y deciden no ser madres y que en un mundo perfecto no se verían juzgadas por ello.

No será la mejor película vista en el certamen, pero probablemente vaya a ser la más entrañable al menos para los amantes de la ciencia ficción retro. The Vast of Night, del debutante Andrew Patterson, deja claras sus intenciones al presentarse como un episodio de una serie ficticia llamada «The Paradox Theatre» (es genial ver como buscan sinónimos para que su intro sea-pero-no-sea igual a la de «The Twilight Zone») y nos muestra el extraño suceso ocurrido una noche en la pequeña localidad de Cayuga (nombre por cierto de la productora de Rod Serling), Nuevo México, en los años 50. Mientras la mayoría de lugareños están contemplando un partido de baloncesto la soñadora telefonista Fay Crocker (Sierra McCormick) y el espabilado pinchadiscos local Everett (Jake Horowitz) comienzan a investigar un raro sonido que interfiere la señal de radio local, lo que les llevará a descubrir un secreto enterrado relacionado con visitantes de otros mundos. No tiene mayores intenciones que ser un agradable «remember» de un modelo de narración procedente de otra época (de hecho hasta puede excusar cierto deje televisivo al pretender ser un claro homenaje) y como tal funciona pero que muy bien, en especial por la buena dinámica entre sus dos protagonistas, prototipos de «los chicos sanos de la pequeña población estadounidense» que descubren una verdad demasiado grande para su pequeño mundo. Es una película con el sello Amazon, así que imagino que es cuestión de tiempo que se deje ver por la plataforma.

Seberg, de Benedict Andrews, terminó por resultar decepcionante pese al interés de su historia (el apoyo que prestó Jean Seberg a los Panteras Negras a finales de la década de los 60 y su posterior persecución soterrada por parte del FBI). Andrews se empeña en fotografiar a la Seberg de Kirsten Stewart desde todos los ángulos y no queda ninguna duda de que está completamente enamorado de su imagen: mucho menos puede decirse de su descripción psicológica, de la que apenas muestran ángulos y que da no elabora lo suficiente el relato para no interpretar a la protagonista de Juana de Arco como poco más que una inconsciente caprichosa. Además establece tanto tópicos –el agente del FBI bueno interpretado por Jack O’Connell que se enamora de un modo muy parecido al director de la peli, apenas del retrato de la actriz poniendo en peligro su propio matrimonio, el poli fascistoide interpretado por Vince Vaughn que de tan unidimensional ya ni resulta creible…-que aunque uno no sepa nada del tema sabe de sobras por cuáles senderos va a recorrer la narración.

La mejor defensa es un ataque (“The Art of Self-defence”) vuelve a reunir como pareja protagonista a Jesse Eisenberg e Imogen Potts, recientemente vistos en la TwilightZonesca “Vivarium” de Lorcan Finnegan. Se trata de una comedia de tintes extravagantes en la cual Casey, un joven retraído y tranquilo es atacado una noche volviendo a casa y decide a partir de ese momento entrar a formar parte de una academia de karate para endurecer tanto su físico como su carácter. Pero su Sensei (Alessandro Nivola) resultará tener sus propios planes con sus nuevos adeptos. La película de Riley Stearns (del cual pudo verse “Faults” hace ya cinco ediciones) ejecuta con gracia una inteligente sátira sobre ciertos roles masculinos asumidos, muchas veces, por las propias obras de ficción que han alimentado un cierto tipo de conductas, y que a su vez pueden servir para disfrazar algunos deseos bastante siniestros. Es curioso cómo logra oscurecer su tono en su último tercio sin perder fuelle y revelándose como una comedia negra, menos ligera (sin dejar de serlo) de lo que parecía en un principio.

No todo el mundo puede conseguir que le produzcan un guion semi-biográfico que sirva como terapia contra el síndrome de estrés post-traumático: pero Shia LeBeouf, el antaño joven prodigio de Hollywood llamado a ser una de las grandes estrellas de la pasada década y que se quedó por el camino debido a sus excesos y que se reconvirtió posteriormente en un artista de perfomances artísticas –tan polémicas en muchos casos como sus escándalos previos- sí puede, y firma el libreto de Honey Boy, dirigido por Alma Har’el. Narra la infancia de Otis (Lucas Hedges), un futuro de actor de Hollywood que pasó los años de aprendizaje previos a la adolescencia de motel en motel en compañía de su padre James (el propio LeBouf), un ex presidiario severo e intransigente siempre con un pie a punto de recaer en el alcoholismo y que no por amar a su hijo deja de provocarle unos ataques de ansiedad debido a su carácter impetuoso que repercutirán en su conducta cuando sea adulto. Aunque de lejos parecía el capricho de una estrella venida a menos, no es la obra cargada de auto-indulgencia que uno podía pensar (aunque tenga un poco de ello) y está filmada con sensibilidad y convicción. Y si no sirve a LeBouf para hacer cicatrizar viejas heridas de su pasado, sin duda podrá hacerlo para reconducir su carrera como actor, dada la solvencia y seriedad con la que afronta el rol del sosías de su padre.

En Swallow contemplamos con un pavor paulatinamente mayor a medida que avanza su metraje la historia de Hunter (Haley Bennett), un ama de casa que recién acaba de quedarse embarazada. Parece vivir una vida de ensueño, rodeada de lujos y con un marido de familia acomodada, pero algo en su interior empieza a aflorar y a torturarla y se transforma en una obsesión por consumir objetos. Sin importar que cada vez resulten más grandes y afilados. Al aflorar su trastorno, también caerán muchas de las caretas que llevan puestas los que la rodean y casi la empujarán a quitarle la suya. El debut en el largometraje de Carlo Mirabella-Davis es particularmente brillante en la primera mitad de su relato, está filmado con inteligencia para transmitir tanto angustia como comprensión por el personaje principal del relato, a la que vida con ejemplar cuidado y delicadeza Haley Bennett. Quizá en su parte final peque de esa manía tan hollywoodiense de dar “respuestas sencillas a preguntas complicadas”, pero la construcción de la obra y sus fuertes pilares logran que la sensación final sea muy positiva. Probablemente la mejor de todo el Festival.

La buena recepción que recibió Répertoire des villes disparues de Dénis Côte, con premio incluido, es un completo misterio para mí. En una pequeña y remota localidad canadiense muere un muchacho en un accidente que no termina de esclarecerse nunca si en realidad era un suicidio. A partir de ese momento el pueblo se verá sumergido en el extrañamiento absoluto, con apariciones fantasmales, levitaciones y otras pérdidas de toda lógica. Se visualiza un intento de hablar del vaciamiento de los pueblos en detrimento de las ciudades (aunque no me quedó muy claro que se tratara de una crítica, la verdad). Pero, sinceramente, el estilo de su director me pareció tan arenoso, visualmente tan pobre –independientemente de que intente plasmar una cierta naturalidad- y su relato tan impenetrable que se me atragantó al poco de empezar.

The Sound of Silence de Michael Tyburski, tiene un inicio de lo más prometedor y curioso. Peter Lucian (Peter Sasgaard) es un afinador de sonidos que es capaz de encontrar en los hogares de la gente disonancias que provocan alteraciones emocionales o en el organismo y que desembocan en ansiedad, insomnio o estrés. Además, tiene un proyecto, que es el de diseñar un mapa de New York en base a el tono que emite su geografía. Pero al conocer a Ellen Chasen (Rashida Jones, a esta mujer hay que quererla más) su manera de entender la existencia (que es bien peculiar) se trastoca, al no poder resolver su problema. Está bien escrita, y aunque le falta apretar un poco más el retrato psicológico de su protagonista –aunque está bien diseñado el retrato que viene y va ser ser uno contra el mundo a no está en sus cabales cuál péndulo-, casi por miedo a resultar antipática, se deja ver con interés. La película, por cierto, fue una de aquellas que se vio perjudicada de verse en la sala 1 de los cines Girona: no es la primera vez que pasa pero la ausencia de brillo ocasionaba que en muchas escenas nocturnas no se viera prácticamente nada. Ojalá tomen cartas en el asunto, porque algunos pases terminaron siendo un verdadero suplicio.

Javier J. Valencia

PALMARÉS FESTIVAL AMERICANA 2020

PREMIOS EN LA SECCIÓN NEXT:

  • Premio Jurado Joven: Swallow

PREMIOS EN LA SECCIÓN TOPS:

  • Mención especial por el jurado ACCEC: The Beach Bum
  • Mención especial por el jurado ACCEC: Honey Boy
  • Premio por el jurado ACCEC: Répertoire des villes disparues

PREMIOS DE LA SECCIÓN DOCUMENTALES: 

  • Premio del público: Martha: A Picture Story

PREMIO AL MEJOR CORTO:

  • Premio del público: Milton

PREMIO AL MEJOR LARGOMETRAJE:

  • Premio del público: Saint Frances

 

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