V Edición Festival Americana 2018– Crónica

El Festival Americana nació en febrero de 2014, cuando esta página contaba con tan solo un añito y medio de vida, y hemos asistido a cada una de sus ediciones, viéndolo evolucionar y convertirse en una de las citas más ineludibles año tras año para los cinéfilos de la ciudad condal. Y una vez más hemos estado ahí, disfrutando de un certamen cuyo nivel cualitativo suele ser bastante alto –aunque este año ha estado un poco por debajo de ediciones anteriores-.

Como en la pasada edición, nuestra crónica se dividirá en el repaso de los títulos más destacados vistos en la sección Americana Next (dedicada a los nuevos valores del cine indie americano) y una segunda entrega dedicada a repasar la sección Americana Tops (centrada en directores consagrados).

Americana Next

Una turbia y por momentos incómoda caja de muñecas rusas es The Strange Ones, de Lauren Walkstein y Christopher Radcliff. Un joven y un niño viajan por carreteras secundarias en busca de una cabaña perdida en el bosque donde poder desvanecerse del mundo. Pero sus nombres no son los que dicen tener, ni tienen el vínculo familiar que aseguran, y lo que ha provocado su huida está oculto bajo un sórdido secreto. Buen debut de la pareja de realizadores ante una propuesta más incómoda de lo que parece a primera vista, y resuelta de manera aún más incómoda, en la que parecen querer escarbar cada vez mayor profundidad en el detonante que originó su viaje y en el perturbador carácter psicológico del niño (interpretado por un despierto James Freedon-Jackson).

The Endless

Imaginad una serie de televisión que tiene un planteamiento de lo más sugerente posible pero a medida que avanzara la trama que menos te interesara del relato terminara siendo la única: algo parecido le pasa a The Endless, que tiene una poderosa primera mitad que juega con las posibilidades acerca de la secta de la que formaron parte en el pasado los dos protagonistas y ese ser que habita en los bosques, en la oscuridad… para luego convertirse en una historia más cercana a la ciencia ficción que al terror que da la sensación de que es algo así como la unión un tanto forzada de dos guiones diferentes. Interesante y destacable en cuanto a lograr por momentos una buena atmósfera a pesar de sus pocos medios, pero a la vez deja la sensación de oportunidad perdida. Dispara por un lado en una dirección en la cual sus directores Aaron Moorehead y Justin Benson parecen luchar por poner otro ladrillo en su propio universo generado a partir de su previa Resolution (2012), con la que hay bastantes conexiones –que no terminan de estar bien resueltas para todos aquellos que no la vieron- y por el otro en el drama de sus protagonistas, pero no termina de hincarle el diente del todo a ninguna de las dos.

No es que Dayveon tenga particularmente nada de malo: se trata de la un poco ya resabida propuesta indie que narra las vivencias del adolescente cuyo nombre da título al film que se une a una banda a la cual perteneció su hermano antes de morir a tiros, y ello poco a poco le irá acercando al mundo del crimen muy a su pesar. Lo que ocurre es que a estas alturas tratar de adornar con cierta inocencia el hecho de unirse a una de estas gangs como pretendiendo que nunca se va a manchar ni ver envuelto en problemas resulta a estas alturas ya un poco increíble, por muy joven que sea el protagonista y por mucho que su director Amman Abbasi intente transmitir en su decisión una suerte de cuestión de honor familiar. David Gordon Green, Jody Hill y el genial Danny McBride apadrinan la propuesta.

Dayveon

Dentro de las sesiones gratuitas patrocinadas por Movistar + pudo verse Dave Made A Maze, de Bill Watterson, que narra la historia de un artista que construye un laberinto con cajas de cartón en su casa y se pierde en su interior, y su novia y amigos tienen que ir en su búsqueda. Se sitúa un poco en la línea de la ganadora al premio del público en la edición anterior (y de la edición 2016 del Festival de Sitges) Swiss Army Man, al tratarse de una obra que narra un viaje interior de auto-descubrimiento fantasioso con un cierto aire hipster, pero la verdad es que realizada con apenas una décima parte del talento desplegado en aquella. No resulta ni graciosa –salvo en algún que otro momento concreto- ni entrañable –aunque lo intenta con todas sus fuerzas-, y el mundo interior de su protagonista es, en fin, algo totalmente aleatorio, no se percibe interés en tratar de trazar un mapa de su psicología, solo ideas más o menos ingeniosas. Protagonizan intérpretes relativamente conocidos especialmente en el mundo de la comedia, como Nick Thune, Adam Busch, Stephanie Allynne o Scott Krinsky, ninguno de ellos en su mejor día.

Americana Tops

Lucky

Lucky, de John Carroll Lynch, prometía ser un título especial en cuanto a la postre terminó por ser el canto de cisne de la carrera del gran Harry Dean Stanton, fallecido en septiembre del 2017 a los 91 años de edad, y no decepcionó. Se le puede achacar el clásico defecto que algunos ven en las películas dirigidas por actores, donde se deja trabajar al reparto a su gusto aunque implique saltarse el tempo de algunas escenas. Pero la verdad es que en este caso no solo no molesta, sino que tratándose de la última vez, es casi necesario para contemplar al gran protagonista de Paris, Texas dando vida a un rol a su medida a la perfección. Su personaje, un hombre de fuerte carácter y costumbres monótonas, sufre un desmayo y, a pesar de sobrepasar los 90 años de edad, descubre por vez primera que su tiempo en el mundo es limitado y tiene que empezar a pensar en su adiós. Mantiene un agradable tono ligero gran parte de su metraje pero  el par de momentos en los que entra el drama por la ventana (el recuerdo que asalta al personaje de cuando mató a un ruiseñor de niño, y la memoria de guerra del personaje de Tom Skerrit) son profundamente conmovedores. Carismática aparición de David Lynch interpretando a un hombre en busca de su tortuga que adapta su filosofía de vida al signo de los tiempos que marcan su vida, casi una metáfora de la propia obra. Una hermana, quizá menor, pero encantadora de principio a fin, de The Straight Story – Una historia verdadera.

Venía precedida por el éxito de su pase en Sundance, donde ganó el premio a la mejor ópera prima, y no decepcionó: Ingrid Goes West narra la historia de una stalker interpretada por Aubrey Plaza obsesionada con las redes sociales que se fabrica una falsa identidad para hacerse amiga de una estrella de Instagram a la que da vida Elizabeth Olsen. Dicho así parece que esté hablando de un thriller, pero nada más lejos: se trata de una comedia con un toque oscuro en la que Plaza se mete en la piel –por enésima vez- de una mujer neurótica con su peculiar registro que hará las delicias de sus fans –entre los que me incluyo- y en la que muestra una versión de la actualidad bastante siniestra en lo referido a la neurosis que provocan en cierta población las redes sociales: algo así como una versión en tiempo presente del episodio Nosedive de Black Mirror. Solo hace dos años de su emisión y ya ha dejado de representar el futuro.

No suelo considerar que un mal final estropee la visión de conjunto de una película, por lo general, si el viaje que ha llevado hasta el mismo es almenos satisfactorio. Pero hay excepciones, y Gemini, de Aaron Katz, es una de ellas. Una estrella de Hollywood interpretada por Zoe Kravitz es presuntamente asesinada en su mansión y las sospechas recaen en su asistente personal y mejor amiga, que tiene que improvisar como buenamente puede una investigación para esclarecer lo sucedido y limpiar su nombre. La pobre Jill (interpretada con total convicción por Lola Kirke) se convierte muy a su pesar en una esforzada heroína noir que tiene que completar una azarosa travesía nocturna por las calles de Los Angeles descartando sospechosos y esquivando a la policía. Pero la resolución final es tan irritante, convierte toda la aventura en una protagonista en una estupidez tal, que Gemini se hunde irremediablemente en la categoría de tonta anécdota, y ni siquiera plásticamente tan golosa como la habían vendido.

Gemini

A uno de los directores más interesantes en la actualidad de la escena independiente norteamericana lo descubrí precisamente en este mismo Festival hace cuatro ediciones. Se trata de Alex Ross Perry y fue con Listen Up, Phillip, y partir de entonces traté de seguir sus pasos tanto hacia adelante como atrás y descubrí algunas perlas de su filmografía como The Color Wheel o Queen of Earth, aparte de seguir dejándose caer en el presente Festival aunque fuera en la categoría de actor como el año pasado con la deliciosa Joshy. Este año acudió personalmente al Americana a presentar su nueva obra y la Filmoteca de Barcelona le dedicó una retrospectiva. Por desgracia, su nueva cinta, Golden Exits, no termina de funcionar. Cuando Gwendolyne (Emily Browning), una joven australiana, llega a Nueva York para trabajar como ayudante de archivista con Nick (Adam Horovitz de Beastie Boys, en un papel que parece pensado para Martin Freeman), revolucionará el pequeño microcosmos de amigos y familiares del pequeño entorno donde habitan. Todos los personajes darán rienda suelta en escenas de diálogo–la mayor parte de ellos enfocados como un cara a cara entre matrimonios, hermanos y hermanas o aspirantes a amantes- a la soledad interior que llevan dentro, alterados por un efectó dominó sentimental que pasa de uno a otro. Pero aunque es loable el intento del –siempre interesante- director de poner un microscopio en el corazón de sus protagonistas –desde la esposa de Nick, interpretada por Chloe Sevigny, hasta una vieja amistad de Gwendolyne al que da vida Jason Schwartzman- para después pasar el resultado de su investigación por el filtro de un amplificador emocional, no todos los personajes terminan por despertar el necesario interés para resultar una experiencia especialmente emotiva. Eso sí, reparto de aúpa donde cada uno de sus protagonistas tiene espacio para poder explayarse (completan el reparto Mary-Louise Parker, Analeight Lipton y Lily Rabe).

En Weirdos, de Bruce MacDonald, Kit y Alice (interpretados por las promesas Dylan Authors y Julia Sarah Stone), una pareja de novios adolescente deciden escapar de su casa e ir a la de la madre de él, en la Costa Este de Canadá, en el marco de un continente americano afectado por el final de la guerra del Vietnam. Pero los intereses de Kit parecen ir en una dirección opuesta a los de su pareja, mientras que recibe consejos por parte de su Andy Warhol espiritual interior, y su madre (Molly Parker), una artista bohemia, se revelará como una persona con graves problemas emocionales. Una road movie sencilla y sensible, pero quizá un tanto insustancial, mantenida a flote por su dúo protagonista.

The Rider

La mejor película de todo el Festival llegó al final: The Rider, de Chloé Zhao, es una suerte de dramatización de la vida real (sus protagonistas son todos sosías de las identidades de sus actores en la vida real) que narra las vivencias de un jinete de rodeo que ha sufrido graves lesiones en la cabeza tras un accidente practicando dicho deporte y debe replantearse su existencia en el corazón de la América profunda, donde el éxito y la masculinidad tienen unos rasgos muy marcados. Zhao filma su obra con delicadeza y mucho, mucho talento, logrando un vínculo entre la narración y el espectador muy poderoso aunque para el segundo el mundo del rodeo pueda parecer un espectáculo llegado del planeta Marte. The Rider tiene los momentos más conmovedores vistos durante todo el Festival, tanto en las escenas en las que casi se torna un documental que narra como el protagonista doma a caballos salvajes, como el momento en el que da un último paseo con su animal antes de despedirse de él, incapaz de seguir cabalgando. Una verdadera joya.

Palmarés V Edición

Premio del Jurat Jove: Flesh and Blood (Mark Webber)

Resultado de la votación del público:

Jane    4,68 (Premio del público)
Lucky    4,49
World of Tomorrow (Ep. I +II)    4,46
Patti Cake$    4,42
Brigsby Bear    4,36
Gook    3,97
Dina    3,92
The Rider    3,9
Weirdos    3,87
Ex Libris    3,81
Ingrid Goes West    3,76
Saturday Church    3,71
The Endless    3,69
Don’t Think Twice    3,67
The Work    3,62
Menashe    3,59
Flesh and Blood    3,37
Beach Rats    3,34
Golden Exits    3,27
Lemon    3,11
Sylvio    3,09
Gemini    3,05
The Strange Ones    3
Dayveon    2,62

Crónicas de ediciones anteriores:

Festival Americana 2014, Festival de cine independiente norteamericano (Oscar Sueiro & Javier J. Valencia)
II Edición Festival Americana (1º parte): Americana Next (Javier J. Valencia)
II Edición Festival Americana (2º parte): Americana Tops (Javier J. Valencia)
III Edición Festival Americana 2016 (Javier J. Valencia)
IV Edición Festival Americana – Presentación (Javier J. Valencia)
IV Edición Festival Americana 2017– Crónica (Javier J. Valencia)

Javier J. Valencia

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