L’Alternativa, 19è Festival de Cinema Independent de Barcelona

Ya ha terminado la décimo-novena edición del festival y la sensación que me queda es más que positiva. La selección de películas ha sido exquisita, en calidad y en variedad. Conciliar el trabajo con el amor al arte es complicado y no he podido asistir a tantas proyecciones como quisiera, pero en todo momento he sentido un cariño y un respeto por el cine y sus autores que generaba un clima envidiable de enriquecimiento sano.

Para empezar, cuesta encontrar a quien trate el documental como cine, como una película, sin hacer diferenciaciones, y este festival lo hace. Y en algunas ocasiones la línea que separa la ficción de la no ficción es muy fina, o transparente, o se rebasa, y ese juego es maravilloso, especialmente cuando dejas que el espectador juegue solo.

L’Alternativa da por hecho que su público es inteligente y tiene inquietudes, no se preocupa por lo críptico de su programación, se enamora de sus films, y así lo transmite para enamorar también al espectador. Esa es su gran virtud. Además, el microcosmos del CCCB me parece idílico para todas las actividades que se organizan.

La película inaugural fue Ne Change Rien, de Pedro Costa, y la presentó la actriz y cantante Jeanne Balibar, ya que él no pudo venir. Si conocéis el cine de Pedro Costa, ya sabréis que tiene su propio ritmo. Planta la cámara y observa. El tiempo de cada uno de sus planos siempre está por encima de lo que se le supone aun teniendo en cuenta su estilo habitual. Pero tiene una mirada especial con la que consigue hipnotizar al espectador. En esta película vemos los ensayos de Jeanne Balibar con su grupo musical, sus clases de canto lírico, una opereta fuera de campo… y de alguna forma, me atrapó el respeto por la constancia, la profesionalidad y la música. Todo ello fotografiado en un blanco y negro con alta relación de contraste y unos encuadres brillantes en los que puedes explorar todos esos minutos que el portugués nos ofrece sin cortes. Una delicia.

Para la jornada siguiente me programé 5 Broken Cameras, una película documental en la que Emad, un operador de cámara palestino, narra cinco años de resistencia contra el muro que separa su pueblo cisjordano de los asentamientos israelíes. Él forma parte de esa resistencia y relata desde dentro y en primera persona esa situación de asedio político-militar.

Es un privilegio poder contar una historia desde sus entrañas, pero para ello, el autor se juega la vida continuamente. De hecho, algún compañero de conflicto muere por un disparo de un soldado, y la cámara estaba ahí, a escasos metros para inmortalizar la injusticia.

Además del valor documental que tiene esta película por estar en primera línea durante cinco años, encontramos también valiosos valores cinematográficos. Las cinco cámaras que usa el narrador para explicar su historia y que dan título al film, sirven como signos del paso del tiempo, casi como elipsis. Cada una con su formato, del analógico al digital, representan la evolución del “mundo exterior”, mientras Cisjordania sigue anclada en el tiempo. A su vez, paralelamente, crece el hijo de Emad mostrándonos también el conflicto desde el punto de vista de un niño, que tiene que crecer con visitas intimidatorias de militares, con la hospitalización de su padre por una paliza, la muerte de un amigo de la familia y el odio y rabia que todo ello genera. Como os decía; un testimonio privilegiado.

Por último, para el día siguiente, fui a la proyección del documental N-VI (Nacional 6), de Pela del Álamo. Escogí esta película porque me interesaba especialmente, apelaba directamente a mi morriña. N-VI recorre la carretera nacional que une Madrid con Coruña, por la que he pasado muchas veces en mis viajes a Galicia. La construcción de la nueva autovía, relegó al olvido a la Nacional Sexta, y con ella, a todos los restaurantes, bares y gasolineras que poblaban el paisaje.

El documentalista se detiene un rato en algunos de estos parajes, y también en algunas casas. Plantea unas preguntas que no escuchamos y deja hablar a la gente variopinta que nutre de vida al relato. Y lo hace con humildad, sin avasallar, dejando los silencios necesarios para que el personaje tome la iniciativa. La pregunta es sólo un punto de partida para llegar a la esencia del interlocutor.

El ritmo es pausado y contemplativo, coherente con el panorama desangelado y el vacío que ha dejado la nueva autovía. Un buen documental, que demuestra que su autor va con la lección bien aprendida y sabe hacer uso de algunas de las claves del género.

Hasta aquí mi paso por L’Alternativa y quedándome con muchas ganas de más, espero con ilusión la edición del año entrante. Solamente el Festival Punto de Vista (Pamplona), colmará mis ansias de un cine tan exclusivo de certámenes con tan buen gusto y miras tan abiertas.

Oscar Sueiro

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