Les extraordinàries aventures de Francesc Pujols (Sebastià Roig, Toni Benages, Editorial Males Herbes, 2015)

pujolsCAPEstas fueron las palabras que pronunció el genio del surrealismo Salvador Dalí, catalán universal donde los haya, durante una conferencia ofrecida en Nueva York: “Proclamo Francesc Pujols –el mejor y el más grande amigo de Gaudí–, que nadie sabe quién es, como el más grande genio filosófico de nuestro tiempo”. Fíjense que llevamos tres genios en cuatro líneas; o si nos guiamos estrictamente por su reconocimiento solamente dos, Salvador Dalí y Antoni Gaudí. ¿Quién diantres es el tercero en discordia? ¿Quién es ese Francesc Pujols al que Dalí consideraba el filósofo más grande de nuestra era?

Pues olvídense de obtener respuesta a estas preguntas aquí, pero intentaré trazar cuatro lineas anecdóticas y desordenadas sobre su persona para que quede claro que no tengo nada claro quién fue. Francesc Pujols sigue siendo un gran desconocido –incluso en Cataluña–, pese al esfuerzo que han puesto intelectuales y artistas de todo pelaje. Y es que Pujols, que nació en 1882 y murió en 1962, continúa siendo a día de hoy un personaje inclasificable, incómodo para muchos, todavía a la expectativa de un mínimo consenso académico y al que a menudo se cita mal y fuera de contexto. El inmortal Josep Pla, que en 1931 escribió un libro sobre su pensamiento titulado El sistema de Francesc Pujols. Manual d’Hiparxiologia (1) acompañó su publicación con este gancho publicitario: “el escritor menos leído de Cataluña, explicado por el escritor más leído de Cataluña”. El libro fue un auténtico fracaso. Cuando la República agonizaba y Pujols se vio obligado a emprender el duro camino del exilio, fue alojado temporalmente en Prada de Conflent por el músico y compositor Pau Casals, otro genio universal incontestable. Se arriesgó a regresar, en 1942, y pasó un mes en la cárcel Modelo de Barcelona antes de salir en libertad para recluirse voluntariamente en la Torre de les Hores, su casa de Martorell (2). Pompeu Fabra, ingeniero y filólogo a quien debemos la normativa moderna del idioma catalán, le llamó “El chófer de Dios” poco después que ganara los Jocs Florals (Juegos Florales) (3) en 1903, con su poema Idil·li (Idilio), incluido en su único libro de poesía, Llibre que conté les poesies d’en Francesc Pujols (Libro que contiene las poesías de Francesc Pujols) –que por cierto, contó con un elogioso prologo del gran poeta del Modernismo, Joan Maragall–.

Francesc Pujols y la Escalera de la vida, eje central de su pensamiento.

Francesc Pujols y la Escalera de la vida, eje central de su pensamiento.

¿Y si se rodeó siempre de genios, no sería él mismo un genio? Hay muchos Pujols, tantos como gente conoció –y conoció muchísima– y tantos como gente lo ha reivindicado a posteriori –también muchísima– (4). Inconformista, liberal, republicano, dandy, surrealista inconfeso, filósofo, gran conversador, cómico, provocador y poeta –tampoco ha faltado quien le ha calificado de cantamañanas–. Su máxima aspiración era abarcarlo todo, su gran obsesión, crear una ciencia de ciencias que explicara el pensamiento catalán desde Ramón Llull hasta Francesc Pujols –así mismo lo expresó– y a la vez un sistema filosófico-religioso que fuera capaz de explicar el mundo. Con tal fin dedicó horas de estudio y reflexión en la Torre de les Hores, ataviado con su bata –decía que la filosofía se tenía que hacer en bata–, y de ello surgieron algunos de sus libros de cabecera. Fuese quien fuese y fuese lo que fuese, su talento quedará paradójicamente enterrado por los que le rodearon, y también por él mismo y su vertiente más humorística. Gran tertuliano y orador, Francesc Pujols acostumbraba a apoyar sus teorías y pensamientos con multitud de anécdotas, chistes y pinceladas cómicas que le acercaban a la gente de a pie pero que seguramente le alejaron de la seriedad de académicos e instituciones. Él propio Pujols, dejó escrito en su Concepto general de la ciencia catalana (Concepte general de la ciència catalana, 1918), que algún día comprenderíamos “la razón que tenía su autor, que, riendo riendo, decía las cosas más serias que se pueden decir”.

Convertir a un personaje tan singular y desconocido como Pujols en un antihéroe de cómic nos puede parecer algo chocante, pero no mucho más que cuando el escritor y director de cine Nicholas Meyer convierte al doctor Sigmund Freud en personaje de novela –y película– en Elemental, Doctor Freud o el guionista Mark Frost (Twin Peaks) hace lo propio con el escritor Arthur Conan Doyle, “héroe de acción” en su best-seller La lista de los Siete. Y a eso mismo apunta Sebastià Roig, guionista del cómic que tenemos entre manos, cuando pone como ejemplo la película Abraham Lincoln: Vampire Hunter en el prólogo del mismo. Caminos ya transitados por la cultura popular anglosajona pueden conducir a escenarios totalmente frescos y renovados cuando los aplicamos a la nuestra, y nos pueden ayudar a profundizar sin prejuicios en personajes cercanos que merecen la pena. Otro tema es que una editorial esté dispuesta a lanzarse tan alegremente a publicar un tebeo tan imposible como este, pero eso ya es un problema exclusivamente de la gente de Males Herbes y su impresionante proyecto editorial –tan inclasificable e interesante como el mismo Francesc Pujols–.

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Gracias a Les extraordinàries aventures de Francesc Pujols, nuestro singular filósofo pasa de la existencia contemplativa a la acción trepidante con un equilibrio virtuoso. Y además, lo hace acompañado de un interesante desfile de secundarios ilustres, que van desde el enorme poeta J. V. Foix, gran aficionado a la aviación, hasta la espiritista Margarita Calafell; pasando por el naturalista Francesc Darder o el pintor Ramon Pichot. Siempre, como veremos, buscando la vertiente más peculiar, mágica y desconocida de cada personaje. A lo largo de cinco narraciones breves, que van de 1912 a 1930, el cómic se sumerge en el periodo de la primera guerra mundial y el de entreguerras y la consiguiente explosión cultural y librepensadora que se vivió en Cataluña con la llegada de las vanguardias europeas y el pensamiento social y político revolucionario.

El guionista, Sebastià Roig, ha parido aventuras para todos los gustos. Historias de fantasmas de pintores vanguardistas que no encuentran descanso; invasiones extraterrestres combinadas con la efervescencia radiofónica de los primeros años 20, la llegada de las doctrinas ocultistas a Barcelona –y la gran acogida que tuvieron– o la pasión por el naturalismo y la ecología de la época son aprovechadas para flirtear con las historias de monstruos de la Universal, la magia negra, los mad-doctors y los clásicos cuentos de horror. Lovecraft y Bram Stoker mezclados con la candidez de las primeras aportaciones de la literatura catalana a la ciencia ficción y el terror de finales del siglo XIX y principios del XX. Y por si fuera poco, todo ello profusamente aliñado con indisimuladas dosis de sexo y cachondeo padre.

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El dibujante, Toni Benages, un habitual de los festivales fantásticos y de terror de nuestro país, director del Cryptshow Festival de Badalona –que este año encara ya la 10a edición–, pone especial atención en transmitir el ambiente de la época gracias a un estilo clásico, de trazos limpios y elegantes. Los detalles están muy cuidados, la publicidad de la época, los objetos, la ropa, los medios de locomoción y la arquitectura. Todo está documentado y trasladado al papel con minuciosa dedicación. Benages se detiene en dibujar el barrio chino de la Barcelona de los años 30 con el mismo esmero con que acomete la Cataluña rural de Banyoles y su misterioso lago –si, yo también soy de los que disfrutaban con el programa Catalunya Misteriosa de Sebastià d’Arbó–.

A la hora de poner “peros”, solo decir que la cosa se me hace corta. Vamos, que quiero más. Ya hemos visto de lo que son capaces estos dos con la ayuda de una editorial tan inexplicable como Males Herbes, ahora solo espero ver a Pujols enfrascado en algo más extenso (por pedir que no quede). Quiero volver a encontrarme con este emperador Trajano de la filosofía (Dalí dixit). El que dedicó los últimos años de su vida a vivir en su Torre de les hores como si todo el año fuera verano, merece salir de tanto en cuanto de su ostracismo para luchar contra las fuerzas del mal y contarnos un poquito más de su envidiable manera de ver este mundo –loco, loco, loco– que nos rodea.

Notas:

(1) Francesc Pujols construyó un sistema filosófico llamado Sumpèctica o Ciència del Concret (Ciencia de lo Concreto), que más tarde rebautizaria como Hiparxiologia o Ciència de l’Existència (Ciencia de la Existencia). Al final la llamó Pantologia o Ciència del Tot (Ciencia del Todo).

(2) La Torre de les Hores es una mansión o torre señorial catalana de finales del siglo XIX ubicada en el municipio de Martorell (Baix Llobregat). Fue construida por el padre de Pujols (Isidre Pujols Bofill) entre 1888 y 1890. Durante el exilio de Francesc Pujols fue saqueada y parcialmente destruida pero a su retorno, en 1942, Pujols la convirtió en residencia fija hasta su muerte (1962). Actualmente es la sede de Fundación Francesc Pujols i Morgades.

(3) Importante certamen literario catalán que en su versión contemporánea cuenta con más de 150 años de historia (se recuperó en 1859), tan solo interrumpida por la Guerra Civil. Durante las dictaduras de Primo de Rivera (1923-1930) y Francisco Franco (1939-1975) se continuó celebrando en el exilio, en diferentes ciudades americanas y europeas, bajo el nombre de Juegos Florales de la Lengua Catalana.

(4) Se mencionan algunos en la reseña, pero en la actualidad también encontramos un buen numero de artistas que se han reivindicado como seguidores, admiradores o sencillamente conocedores de Pujols. Algunos de los más conocidos a nivel mediático son músicos como Pau Riba, Jaume Sisa, Quimi Portet, Pascal Comelade, Marcel Casellas o Roger Mas, que le han dedicado canciones, discos y espectáculos diversos.

Dani Morell

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