Marvel Gold- Escuadrón Supremo #1-2 (1985, Panini, 2009)

Squadron_Supreme_(Earth-712)“Todo cambiará para que todo vuelva a ser como antes” es uno de esos mantras que los que llevamos años leyendo cómics de superhéroes ya damos por sentados. Por muchas super crisis galácticas secretas en la hora cero que la editorial de turno nos intenten colar de manera anual, sabemos que las cosas volverán a su cauce a unos meses vista. El status quo de un mundo superheroico tiende a la inmutabilidad y al final, nada ni nadie es sagrado ni está exento de resurrección ni de los “donde dije digo digo Diego”.

Hace años, antes de la aparición de The Authority, Ex Machina u otros títulos que juegan con la capacidad de los superhéroes de alterar permanentemente su entorno, las historias de este tipo quedaban relegadas a mundos alternativos o experimentos mensuales como Elseworlds o What If?.

Es interesante ver como un año antes de que dos obras clave como son Watchmen y Batman- El regreso del señor de la noche pusieran el género patas arriba con sendos argumentos que destruìan el citado status quo, Mark Gruenwald hizo una especie de “ensayo general” de éstos en una colección limitada de doce números. Algo debía de flotar ya en el ambiente, o más bien lo que había era una sensación de libertad al aferrarse a los miembros del Escuadrón Supremo, que nunca fueron unos superventas más allá de la coña inicial.

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Creados por Roy Thomas y Sal Buscema en Avengers # 69 (Oct. 1969) como el Escuadrón Siniestro, el grupo era una versión supervillanesca de la Liga de la Justicia de DC Comics; personajes como Hiperión (Superman), Doctor Espectro (Linterna Verde), Halcón Nocturno (Batman) o el Zumbador (Flash) no dejaban lugar a dudas sobre la influencia. Thomas acabó re-introduciendolos como héroes y Mark Gruenwald recurrió después a la magia de la retro-continuidad (siendo como era un experto a niveles obsesivos) para descartar al Escuadrón Siniestro como “copias malvadas” de los anteriores.

La situación tras los hechos acaecidos en Defenders # 112-114 (Feb. Mar. 1971) en los que el grupo causaba el caos en los Estados Unidos al ser controlados por una inteligencia extraterrestre es el punto de partida que Gruenwald usa para narrar esta maxiserie. Con una población destruida y que desconfía de ellos, el Escuadrón decide hacer lo que ningún grupo de superhéroes ha hecho jamás: dejar de combatir el crimen y ser proactivos, tomándose un año entero para gobernar los Estados Unidos y erradicar el crimen y la pobreza. No todos los miembros del escuadrón estarán de acuerdo con este ambicioso proyecto y Halcón Nocturno será el primero en dejar el grupo, poniendo en marcha un plan secreto para pararles los pies.

Lo más interesante de esto es que Gruenwald nunca acaba de dejar la narrativa superheroica para hablar de temas realmente polémicos y dignos de la ciencia ficción literaria más clásica. ¿Es lícito implantar una dictadura y eliminar las armas por muy buenas que sean nuestras intenciones? ¿Dónde está el límite del control social? ¿Seríamos capaces de “lavar el cerebro” a nuestros semejantes si con ello mejoramos su existencia? Entre los amoríos y peleas esperables en la Marvel de esta época, Gruenwald introduce elementos escalofriantes como la máquina de condicionamiento mental creada por el inventor del escuadrón, Pulgarcito, que traerá no pocos problemas al ser usada por uno de los miembros del equipo con malas artes para que su ex novia vuelva con él. Antiguos supervillanos son “reconvertidos” a héroes y admiten que sus mentes están más equilibradas y que no sufrieron dolor alguno… pero están condicionados a obedecer las órdenes de Hiperión y los suyos sin discusión alguna. Menos explorado pero igual de interesante es el tema del método de criogenización ideado por Pulgarcito para salvar a la población de las enfermedades incurables, en el que el paciente queda criogenizado (se intuye que de manera “poco opcional”) hasta que los médicos del futuro puedan encontrar una cura para él.

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Los primeros seis números de la serie se enfocan en la creación del nuevo orden mundial del escuadrón y los problemas que éste genera dentro del grupo, así como sus propios dramas personales como los de Nuke, cuyos poderes radioactivos están matando lentamente a sus padres o el mal uso de la máquina de control mental por parte del Arquero Dorado, así como la infructuosa búsqueda de la cura para el cáncer por parte de Pulgarcito. Mientras todo esto tiene lugar, se nos van mostrando los intentos de Halcón Nocturno por reclutar bajo su mando a los únicos villanos que tienen sus mentes libres con el objetivo de desbancar el proyecto utópico de sus antiguos compañeros. Tras un poco inspirado -pero imagino que editorialmente necesario- cruce con la colección del Capitán América en la que Halcón Nocturno pide ayuda a los Vengadores pero estos se niegan a intervenir, los siguientes seis números se centran en las traiciones internas del grupo, primero por la suplantación de Hiperión por su doble maligno (y explícitamente bastante salido, no para de citar sus encuentros con Titania y la Princesa Poder) y luego por la infiltración del grupo de Halcón Nocturno, que siendo como es al final se le va de las manos. La pelea final está llena de héroes y villanos muertos, en coma o sin poderes, dejando un panorama desolador que es muy consecuente con todo lo que ha ido pasando.

Aunque la serie no está exenta de los clásicos tics de la Marvel de Jim Shooter, en especial los consabidos resúmenes-flashback de las dos primeras páginas sobre el número anterior, Gruenwald, ayudado por el excelente dibujo de John Buscema y (los números de Bob Hall y en especial los de Paul Neary son algo más sosos, pero funcionales) consiguió montar una saga de proporciones épicas que rompía con lo establecido y en cuyas páginas anidaban las semillas que darían su fruto más de veinte años después en la célebre Civil War. Lástima que la edición española por parte de Panini no acabe de estar a la altura, ya que aunque los dos números contienen interesantes extras de diseño de personajes, el no reunir la colección en un solo tomo ni incluir la novela gráfica que hizo de secuela a ésta, Death of a Universe, como sí se hizo en Estados Unidos, le hace perder bastantes puntos.

Si en 1985 lo más épico que podía hacer Marvel eran las Secret Wars, que, en boca del propio Shooter eran simplemente una guía para “que los niños sepan cómo jugar con sus muñecos”, Gruenwald utilizó sus “figuras de acción” de una manera más atrevida y no dudó en romperlas si hacía falta.

Víctor Castillo

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