Los Proyectos Manhattan Vol.1-3 (Planeta, Jonathan Hickman – Nick Pitarra, 2013-2014)

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La imaginación es más importante que el conocimiento, pues el conocimiento tiene límites, mientras que la razón abarca todo el mundo, estimula el progreso y da luz a la evolución – Albert Einstein

Ciencia agresiva. Como concepto, como motor que mueve la maquinaria de este extraordinario cómic, como reflejo del pasado en el espejo del futuro. Ciencia muy agresiva.

La fabricación de la bomba atómica era un proyecto más entre muchos. Había una guerra contra nazis y japoneses pero también se combatía contra el comunismo. Entonces los políticos se lanzaron a los brazos de la generación de científicos más brillantes que había existido nunca. Les dijeron “inventad” y cuando empezaron ya no pudieron detenerse. Oppenheimer era un psicópata que devoraba a sus víctimas para acumular conocimientos, Richard Feynman un narcisista que planteaba dilemas morales a los actos de sus compañeros sólo porque amaba el sonido de su voz, Fermi ni siquiera era humano, Einstein era un habitante de otra dimensión que había suplantado al creador de la teoría de la relatividad,… Les dieron dinero y libertad y nos trajeron el futuro. Lo que pasa es que nadie se enteró. Lo mantuvieron en secreto. Triunfaron y fracasaron. Fueron más lejos que ningún humano antes. Y todo lo hicieron por la causa, por la ciencia.

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Con estos mimbres (realidades paralelas, viajes interestelares, gobiernos en la sombra, radioactividad o ingeniería genética) el guionista Jonathan Hickman crea una historia muy divertida y, en ocasiones, desasosegante. El humor negro y el gusto por la caricatura conviven con un relativismo moral salvaje. Porque aquí no hay moraleja tras los fuegos artificiales. Cuando los personajes de Los Proyectos Manhattan hablan sobre ética, no lo hacen para invitarnos a reflexionar… simplemente es un mecanismo narrativo más, una bonita pompa de jabón que vuela por el aire hasta que estalla sin dejar nada a su paso. Al igual que sus personajes, nosotros, los lectores, corremos hacia delante impulsados por una fuerza invisible.

Hickman, uno de los niños bonitos de la actual Marvel, se marca para Image un cómic enfermizo y genial, donde forma y fondo casan a la perfección. Con una libertad insultante da rienda suelta a todas su marcas de estilo. Decompressive storytelling, masonería, narrativa fraccionada, citas falsas, diagramas, tramas que se abren constantemente mientras se cierran otras o quedan suspendidas indefinidamente… forman un atefacto complicadísimo y a la vez tremendamente comprensible. Como una bomba atómica.

El dibujo de Nick Pitarra luce en el diseño de personajes, pero también en el de un imaginario de invenciones y tecnologías fantásticas. Mientras, el trabajo de la colorista, Jordie Bellaire, destaca por su simplicidad y claridad, con un uso de los colores primarios (azul y rojo) magistral.

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Quien haya leído los cómics más comerciales de Hickman (Los 4 Fantásticos o Los Vengadores) se dará cuenta de lo más maravilloso de Los Proyectos Manhattan, su carácter metareferencial. Un guionista extraño, constreñido por la leyes del mercado cuando trabaja para una gran compañía, decide hacer un cómic salvaje y brutal para una editorial independiente sobre unos genios constreñidos por el mundo académico a los que se les da total libertad para hacer las cosas más increíbles. Es aquí donde se sobrepasa la línea que separa la bueno de lo genial.

Porque Los Proyectos Manhattan puede ser un cómic sobre un grupo de personajes históricos comportándose como psicópatas, pero también un canto de amor a la libertad. Radical y agresivo. Como la ciencia. Como una bomba atómica.

Qué es el mundo aparte de sueños rotos y hombres destrozados… Algo que merece mucho la pena tener – Richard Feynman

Daniel Lasmarías

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