The Dark Knight Returns Part 1 (Jay Oliva, 2012)

Allá por el año 1986 Frank Miller publicó la que iba a ser llamada la mejor historia de Batman jamás contada: The Dark Knight Returns. El cómic se centraba en un Bruce Wayne ya anciano, retirado de su vida de justiciero nocturno, viviendo en una Gotham asediada de criminalidad y violencia. En esa tesitura, y descubriendo que él mismo no es nadie sin su alter ego, Bruce volvía a enfundarse el traje de murciélago y se enfrentaba por última vez a la delincuencia, a sus viejos enemigos e incluso a algún viejo amigo. Este cómic no sólo es uno de los mejores de toda la historia de Batman, sino también uno de los mejores de la historia de las novelas gráficas. Pues bien, nos llega ahora la primera parte de esa historia convertida en un largometraje de animación. La pregunta es clara: ¿está a la altura de su material original? Vaya que sí. Podemos recordar grandes films de animación que en estos últimos años hemos podido ver como grandes adaptaciones de los tebeos en los que se basan (Batman: Red Hood o Batman: Año Uno), sin embargo hay que admitir que este The Dark Knight Returns Part 1 ha superado con creces las expectativas, convirtiéndose en una película excelente.

¿Cómo contar una historia que todos los fans de Batman conocen perfectamente? ¿Cómo hacer que resulte interesante? ¿Cómo lograr que el espectador la vea de principio a fin sin que le resulte todo ya archiconocido? El director Jay Oliva no ha cometido errores en ese sentido; el realizador, creador de Young Justice y Green Lantern: Emerald Knights, se ha centrado precisamente en mantener el tono, la atmósfera y los diseños del cómic original. Sin darse ninguna licencia arriesgada. Ha ido a lo seguro: el Batman de aquel cómic de Frank Miller era una enorme bestia, vieja pero tremendamente musculada, que al ponerse el traje se convertía en un monstruo con ojos blancos que aplastaba a golpes a sus enemigos. En el film se mantiene dicha figura exageradamente animal del hombre murciélago, e incluso mezclando eso con una animación amena, fresca y moderna, Oliva consigue que la acción desenfrenada y las violentas peleas estén totalmente imbuidas de una poderosa energía que potencia la figura de Batman como animal de la noche. La pelea final con el jefe de los mutantes es una auténtica excelencia en cuanto a coreografía, tonalidad y violencia desenfrenada. Ése es el Batman de aquel cómic del 86: una bestia justiciera que quiere acabar de una vez por todas con aquello que no pudo cuando era joven. Ciertamente la Gotham City de esta versión animada es ligeramente más moderna y contemporánea al mundo de los años 2000, recordando un poco a la urbe fría y metalizada de la saga de Nolan, alejándose así de la estética ochentera del cómic de Miller. Sin embargo mantiene el tono crepuscular de la historia original, ese tono de civilización en su ocaso, en su caída libre hacia la putrefacción de la delincuencia. El elemento gótico sigue apareciendo pues, acentuándose ligeramente con cada nueva aparición del murciélago.

“Lo que yo buscaba era usar el mundo criminal que me rodeaba para retratar un mundo que necesitaba un obsesivo, hercúleo y casi maníaco genio para poner orden. Pero esa era solo una parte del trabajo. Guardé mi veneno más asqueroso, no para el Joker o para Dos Caras, sino para las sosas y complacientes cabezas parlantes que escribían penosas crónicas sobre los enormes conflictos de la época”. En estas palabras de Frank Miller vemos que de eso era de lo otro de lo que trataba su cómic: de cómo las noticias televisivas tergiversaban, inventaban, condenaban, premiaban o destruían la realidad de la que estaban, teóricamente, informando. El telenoticias como el arma de inventar la verdad que más interese a la audiencia. En esto el largometraje de Jay Oliva ha sido también bastante fiel al cómic original, manteniendo muchas escenas de debate televisivo, de informativos diarios, etc. Obviamente en un metraje de 75 minutos no es posible incluir todas y cada una de las viñetas que en el cómic de Miller trataban este tema. Aún y así, las escenas incluidas sirven como homenaje a aquel gran trabajo de crónica de las inventivas y globalizadoras crónicas de la televisión americana, así como también perfilan aún mejor la atmosfera de caos social que se vive en la Gotham de ese futuro desolador y destructivo.

Por último, hay que hacer mención obligada a la magnánima banda sonora del film. Christopher Drake (Batman: Año Uno) compone una música excelente para envolver una película con una tonalidad potentemente densa en adrenalina, drama, valentía y heroísmo. Como si de una violenta corriente de agua se tratara, la sinfonía va creciendo en intensidad a lo largo del metraje, recordando en muchos instantes el score de Hans Zimmer de la saga cinematográfica, hasta llegar a un clímax de fuerza y emoción, de pasión y honor, culminando justo en el desenlace en el que una sonrisa diabólica nos despide hasta la segunda parte. En definitiva, una gran película de animación de Batman, una maravillosa adaptación de uno de los mejores cómics que pueden y podrán leerse jamás, y una excelente forma de disfrutar durante un rato de todo aquello que nos apasiona del universo del hombre murciélago. No es que sea bueno que la veáis o que debierais verla, es que si os gusta Batman TENÉIS que verla.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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