Surveillance (Jennifer Lynch, 2008)

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Tras un asesinato múltiple en una inhóspita carretera de una pequeña población norteamericana, dos agentes del FBI interrogan a los supervivientes del delito e intentan reconstruir los hechos. Cada uno aportará su punto de vista hasta ir esclareciendo el brutal crimen…

La carrera de Jennifer Lynch iba viento en popa entre 1990 y 1991. A pesar de su juventud la por entonces escritora y poetisa norteamericana había colocado un best-seller en las listas del New York Times, El diario secreto de Laura Palmer, spin-off de la serie de televisión Twin Peaks, y hacía sus pinitos como guionista televisiva en la serie Misterio para tres (“Friday 13th The Series”). Sin embargo, el batacazo tanto en taquilla como de crítica que significó Mi obsesión por Helena (Boxing Helena”, 1993) la dejó sin proyectos, ni productores interesados en ficharla, y lo más básico en estos casos, sin ganas por su parte para ponerse detrás de las cámaras. Y así durante 15 años…

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Para su retorno a la gran pantalla, Lynch se encargó de escribir, a medias con Kent Harper, una historia con un cierto toque de las que suele dirigir su padre, no cortándose un pelo para incluir elementos familiares: la pequeña localidad norteamericana, los agentes del FBI excéntricos y con afición por el café, el crimen sin resolver que resulta mucho más retorcido de lo que parece a simple vista, la carretera sin (aparente) final… La introducción de estos elementos es un arma de doble filo, ya que algunos espectadores conocen los trucos de la familia, y este Surveillance en ocasiones funciona realmente bien y atrapa, por momentos, pero en otras parece que tanto la puesta en escena como fragmentos de la historia sean meras imitaciones de las constantes del cine de Lynch padre.

Sorprenden algunos aspectos de este título. Primero, debido a algunos de los excesos de algunos personajes prácticamente nada más empezar el film. Lo cierto es que cuando se rodea un guión de personajes excesivamente pintorescos el resultado probablemente dará de sí escenas de comedia, aunque sea bastante negra en este caso, pero prácticamente ninguno de ellos pone “cordura” en su entorno. En ocasiones parece que va a ser el personaje de Julia Ormond, en otros el de Michael Ironside, pero ninguno termina de representar la estabilidad (y mucho menos un Bill Pullman un tanto pasado de revoluciones): al final la que parece la cabeza más puesta en su sitio resulta ser la niña superviviente del crimen, Stephanie (Ryan Simpkins). Segundo, la reconstrucción del suceso, que incluye los mejores momentos del film y son lo más interesantes, pero que también abusa en exceso de ser tramposo: en algunas escenas, los personajes mienten como cosacos pero la cámara te muestra la verdad de los sucesos, este es un recurso inteligente (y una pista sobre su desenlace) por que da a entender que en realidad la reconstrucción está hecha desde el punto de vista de un tercero, que puede estar presente y visualizando la jugada mientras el interrogado cuente su sarta de mentiras o medias verdades. Pero en otras ocasiones no es así, son las escenas donde es imposible que haya terceros, en esos casos la directora tiene más interés en continuar con el estilo de “te muestro la verdad y te cuento una mentira” aunque sea a costa de la coherencia interna de su relato.

Bobbi (Pell James)

Bobbi (Pell James)

Si bien, y a pesar de los pesares, es en la reconstrucción del crimen donde más interés oculta la historia, la cosa flaquea bastante más cuando el eje de la narración gira en torno a la relación de los agentes del FBI con los diferentes testigos, parcela del film a la que le falta fuerza en el libreto para mantener en vilo al espectador. Respecto a su presuntamente sorprendente giro final… apuesto a que un porcentaje mayor a la mitad de los lectores sería capaz de adivinarlo habiendo visionado apenas veinte minutos del film.

El resultado final es una obra simpática, muy pequeña y poco trascendente, pero con algunos momentos brillantes. Se alzó, contra todo pronóstico, con el galardón a mejor película en el Festival de Sitges 2008 (año donde había perlas como Déjame entrar o Eden Lake) en una decisión que fue muy discutida en su momento; más allá de lo acertado o no de la decisión, en el documental de Penny Vozniak Despite the Gods (2012) se revelaba que dicho premio fue clave para que Lynch no abandonara para siempre su carrera como directora tras una mala experiencia rodando una película de terror en la India: una decisión acertada, ya que volvería en el 2012 con la muy interesante (y recomendable) Chained y desde entonces se ha reinventado como directora habitual de serie de TV como The Walking Dead, Wayward Pines o American Horror Story.

Javier J. Valencia

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