Skyfall (Sam Mendes, 2012)

Buscarle la continuidad a Bond obviamente es jugar a golpearse una y otra vez la cabeza contra el mármol sin más finalidad que la de hacerse daño. Hasta la llegada de Craig, hay que suponer que la saga vivía de continuos retcons, en los cuales uno debía de hacer el esfuerzo de suponer que el pasado siempre se reconstruía en pos del actor que interpretaba al agente sustituyendo al anterior y actualizando constantemente su pasado. Más allá del componente lúdico del asunto en realidad importaba más bien poco, puesto que las aventuras del agente siempre sucedían en un constante presente y las referencias al ayer eran más bien meros guiños o referencias. (1)

Todo eso cambió con la apasionante Casino Royale, la cual exploraba en la psicología trazada por Ian Fleming del agente secreto en sus primeros días y que resultaba sorprendentemente fiel a una novela de irresistible encanto pulp pero absolutamente loca (y la película sigue fiel al libro con su golpe de efecto al quitar al villano de en medio no precisamente gracias a la astucia del héroe, o en sus ganas de no querer terminarse nunca y dar vueltas y vueltas hasta terminar tres veces). Pero claro, la temporalidad era otra totalmente distinta. Se presentaba el reto de mostrar a un Bond que todavía no era agente doble cero en los primeros compases del film, con la característica de que estaba sucediendo en nuestros días, cuando la guerra fría nos suena a algo añejo y creemos que Sean Connery siempre fue un señor mayor. Para el arco del personaje, la temporalidad no tiene significado, y de ahí hago referencia al “túnel del tiempo” que ha significado esta trilogía. Para cuando salga del mismo, Bond por fin estará listo, y todos los elementos reconocibles habrán vuelto a ocupar su sitio, desde Q hasta los martinis (y otros que no puedo desvelar para no fastidiarles algunas sorpresas del film). Termina dando la sensación de que una vez terminada Skyfall, Bond se pondrá en marcha para enfrentarse al Dr. No. Todo finaliza para volver a comenzar…

Si en Royale se nos presentaba a un agente inexperto, excesivamente rudo, a punto de descubrir la traición femenina que le marcará de por vida, en Skyfall ha habido un lapso en la cual se nos indica que ya empieza a estar talludito y un tanto mayor para el trabajo de agente secreto. De nuevo, la temporalidad importa poco, sea joven e inexperto, o mayor y un tanto hastiado, todavía no ha sido definido. La película, muy significativamente, empieza con la muerte de Bond (la enésima), la cual por supuesto no es tal y nos servirá para darnos a entender que sin su trabajo, el cual necesita como el oxígeno para dar rienda suelta a su adicción a los subidones de adrenalina, su existencia carece de sentido. Y también para dar otra vuelta de tuerca a esa (en esta entrega, más bien presunta) misoginia. M también vale para “madre” y eso es lo que significa el personaje interpretado (no es necesario a estas altura que subraye aquello de con “su solvencia habitual”, supongo) por Judi Dench. Y M también ejemplifica ese extraño amor que siente Bond hacia su madre patria, a la cual parece ignorar y pretender que está en el juego solo por dar rienda suelta a su apasionado individualismo, pero que le hace correr hacia casa en cuanto un atentado terrorista muerde al MI6, lo único a lo que Bond parece sentir como un hogar. (2)

La búsqueda del hogar perdido y de encontrar su propio significado y lugar en el mundo termina siendo el viaje de Bond en Skyfall, y para ello se tendrá que enfrentar con una perversa versión de si mismo. Y en este caso no hablamos de un exagente que se torció por el camino y renegó de su misión como pudiera serlo Sean Bean en GoldenEye, si no que el villano de doble nombre (dos caras) interpretado por Javier Bardem es un participante más en el espectacular psicodrama de acción que es el film. Todo en Silva/Tiago Rodríguez es una versión desdibujada del doble cero, desde lo más obvio (su gusto para la ropa y el tan comentando peinado del actor canario, el cual resulta ser totalmente coherente con la lógica interna del perverso cuento) hasta lo no tan aparente (el verdadero rostro del personaje), pasando por su sexualidad (quizá el “paso definitivo” de esa misoginia que tienen los agentes del MI6 cuando pierden definitivamente el afecto hacia su “madre” M). Silva ha sido dibujado con bastante cuidado para convertirse en el reflejo oscuro del agente, y lo demuestra con hechos y no con palabras (y también con una lograda interpretación de Bardem, el cual ha ido esquivando el mainstream en los últimos tiempos, pero un villano de Bond es un caramelo muy goloso, y si es de estas características no digamos ya). Su imagen será definitiva en la parte final del “cuento”, cuando la historia parezca tomar el cuerpo de fábula, y conducidos por un Aston Martin surgido de la cueva de los tiempos viajemos al pasado. Allí Silva se convertirá definitivamente en el lobo feroz, y soplará y soplará…

¿No está siendo todo este discurso para un cierto tipo de espectador absolutamente terrorífico? “Eh, oiga, todos esos rollos de la búsqueda de la identidad y de encontrarse a si mismo en el pasado estarán muy bien para Bergman, pero yo he venido a ver una de tiros!”. Oh, no sufra. Como he comentado antes, las piezas poco a poco van a ir encajando una por una. Tras despedirse de la acción sucia durante la introducción de la película, en una alucinante persecución por Estambul (un último y definitivo vistazo al rollito Bourne que tuvo por momentos en sus dos entregas previas la saga con Craig), vuelven a aparecer como en un sueño las localizaciones exóticas de golpe: lujosos casinos en Macao, maravillosos rascacielos en Shangai, espectaculares y muy bien dirigidas y montadas (lo siento, Marc Foster, tu flaqueza en este aspecto fue demoledora) escenas de acción, mujeres de una belleza indescriptible (Bérenice Marlohe quita el hipo, y viene muy bien acompañada de Naomi Harris –no duden que volveremos a verla- ), persecuciones trepidantes, explosiones, tiroteos… La película no olvida en ningún momento a qué franquicia pertenece y sigue dándole a su publico lo que quiere ver, pero con el cuidado de ofrecer “algo más” que ha venido haciendo últimamente, algo que en el año 2006, al menos a mi particularmente, me dejó con la boca abierta tratándose de la que hasta entonces consideraba la saga más conservadora de la historia. (3)

Y a la tercera, se cerró el ciclo. El viaje ha finalizado, pero no en forma completa, solo en una primera etapa. Como su protagonista indica está en el negocio de la resurrección, y esta por fin se ha visto completada. Un sendero que tuvo su primera fase en el (parece lejanísimo) 2006 con Casino Royale y tuvo su continuación (pretendidamente un paso adelante, pero en más de un sentido un paso en falso, al querer estar tan irremediablemente unida a su predecesora) con Quantum of Solace. La transformación se da por finalizada en los últimos minutos de metraje, pero Bond ya ha atravesado el túnel del tiempo (acertadamente recreado en el segmento final de la acción) y el futuro se convierte en pasado cuando salga reconvertido, por fin, tras ocho años de metamorfosis, en el agente que siempre habíamos conocido. Lo admito, añoraré esta extraña etapa de su vida.

Notas:

(1) Ejemplar me resulta comentar la de Moore (en Vive y deja morir) dejando flores de su esposa fallecida en una entrega anterior protagonizada por Lazenby (Al servicio secreto de su majestad) y después erradicando para siempre a Blofed, líder de Spectra y villano de multitud de entregas previas, de la faz de Tierra. Todo en el teaser, apenas en diez minutos, muy espectacular y significativo, pero realmente solo en el sentido de querer romper con el pasado más que querer trazar un arco con el personaje.

(2) Incluso en el detalle de que Bond muestra sincera preocupación en más de un momento por Ronson, el agente herido durante el espectacular teaser, en más de un momento del film, como si se tratara de un miembro de su familia, probablemente un “hermano simbólico”.

(3) Por si les pica la curiosidad sobre el entusiasmo que me provocó en su momento Casino Royale, aquí les dejo un texto escrito en el año 2006 tras el visionado de la misma

Javier J. Valencia

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Una respuesta a Skyfall (Sam Mendes, 2012)

  1. Laura dijo:

    Em va agradar molt

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