Promesas del este (David Cronenberg, 2007)

“Lo que hay es lo que hay”. Esta es una frase en ocasiones bastante común hoy en día, nos acostumbramos a oírla en voz de otros y también nosotros mismos la emitimos; denota conformismo y resignación, abandono de toda posibilidad de mínima protesta. Ante una situación de crisis, ante un contexto de apatía social, a veces el ciudadano se vuelve un escapista de los problemas y complicaciones, y de todo posible intento necesario de alternativa, pues ello implica siempre riesgos. Pero lo cierto es que lo que hay podría seguramente ser de otra manera, aunque cueste que nuestros ojos se abran a ello. Por ese motivo podemos disfrutar de ficciones que nos dibujen figuras heroicas capaces de representar ese riesgo encarnado, ya sea en una mujer capaz de arriesgarse por defender la memoria de una inocente, salvaguardando el futuro de una recién nacida, como en un agente de la ley que sacrifica todo su ser para descender a las profundidades del círculo mafioso ruso. Estos dos personajes, Anna (Naomi Watts) y Nikolai (Viggo Mortensen), representan el aspecto que hace distinta a esta Promesas del este; mientras el cine sobre delincuencia acostumbra a ahondar en una representación de las “familias” o estructuras de las organizaciones criminales, esta película de David Cronenberg pone en primer plano la posibilidad de lucha, de contraataque, de intento de sanación de lo podrido. Por ese motivo he querido recordar esta película ahora que ya han pasado varios años de su estreno, porque envejece que da gusto verla y uno nunca se cansa de volver a su historia una vez y otra y otra. Esta historia se aleja de los clásicos films de El Padrino o Uno de los nuestros, y se acerca más a películas como Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), pues Cronenberg, ya claramente alejado de su etapa de género fantástico (Vinieron de dentro de…, Videodrome, La mosca, Existenz), pone el punto de mira en unos individuos que, arrojados al abismo, tienen la determinación y la valentía de intentar hacer llegar un poco de luz a tanta oscuridad.

Por lo tanto, Promesas del este es una película de mafia distinta, centrada en un microcosmos de dolor, frustración, esperanza y resplandeciente heroicidad. El elenco de actores que eleva la historia hasta límites insospechados envuelve esta dramática historia con suma consistencia; dejando a un lado los citados Mortensen y Watts, se debe hacer mención especial a Vincent Cassel y Armin Mueller-Stahl, los dos hacen un trabajo espléndido. Tras Una historia de violencia, y al igual que en ella, Cronenberg demuestra tener como cineasta un magnífico control del ritmo, del tempo cinematográfico y sobretodo de la emoción contenida en cada fotograma rodado, así como también de una obsesión sin tapujos en mostrar la violencia en un intenso grado de expresión visual, dándole una extremada relevancia y mostrándola como una elevada categoría estilística. Es muy clara la cuestión de cómo el cineasta se desbanca de la opción cinematográfica de dejar en off aquello precisamente más violento y terrible, esta cuestión es la más provocativa y la que más polvareda crítica levanta; sin embargo visualmente él ya consigue justificarse dejando claro que necesita mostrar todo lo que hay. Se ha reflexionado mucho sobre este aspecto de la violencia mostrada sin tapujos, que no es para nada una exaltación de la violencia, no vayamos a confundir hambre con ganas de comer. Sin embargo, y para no reiterar una reflexión ya extremadamente desarrollada, lo que está claro es que hay un aspecto de la película que enlaza directamente con nuestra sociedad de los últimos años, estos años de crisis, resignación y apatía.

“Lo que hay es lo que hay”. En nuestra sociedad hemos vivido durante años convertidos en una negación de la posibilidad, es decir, una sociedad que parecía aceptar lo dado como hecho inamovible y eterno, hasta que, como ya está ocurriendo a día de hoy, llegamos al límite y no nos queda otro remedio que reaccionar. Un ejemplo es la economía, algo con lo que convivimos teniéndolo en un nivel similar a como entendemos el clima: algo que sucede pero que no forma parte de nuestra esfera de control humano (me hace gracia cuando en la tele se habla de “el mercado” como si fuera un ente poderoso sobrehumano). Algo parecido ocurre con otras esferas de nuestra sociedad, una de ellas es la delincuencia: la mafia, prostitución, trata de blancas, etc. Ante este panorama la postura del ciudadano medio es aceptarlo, tragarlo, porque claramente es lo que hay. Al fin y al cabo en circunstancias extremas a veces el ser humano generalmente no es ningún alma caritativa, ningún ángel salvador, ningún héroe de capa roja; en esas circunstancias el ser humano es un superviviente, se dictamina el “sálvese quien pueda” (aunque por suerte siempre encontramos sorpresas agradables). Lo bueno de la ficción es que nos puede ofrecer lecciones más o menos maniqueas y simbólicas de lo que el ser humano podría ser (la figura arquetípica del héroe); en Promesas del este Nikolai (Mortensen) es un hombre que lo abandona todo, se introduce en el estómago del monstruo, en las profundidades del horror y convive con él hasta el punto de formar parte de él, solo para al final poder sanarlo, iluminar esa oscuridad. Este hombre es ese héroe que nos da una lección a todos y dice “lo que hay no tiene porque ser así, se puede intentar hacer que sea de otra manera”.

En el desenlace de Seven (David Fincher, 1995), justo antes de cortar a los créditos finales, el detective Somerset (Morgan Freeman) hace un comentario final: “Ernest Hemingway escribió una vez que el mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar. Yo estoy de acuerdo con la segunda parte”. Esta Promesas del este es una de esas películas que vale mucho la pena volver a ver si hace tiempo que la tenéis olvidada; es un film que estremeció y sacudió en su estreno a los espectadores, que se mantiene en nuestras retinas, y que es claramente una de las mejores películas de los últimos años. Pero, más allá de que las razones de ello sean su estilo violento y descarnado, también uno de los elementos que la hace tan especial es su capacidad para dibujar esta heroicidad rebelde de no querer aceptar que algo que sabemos que debería sanarse no puede cambiarse. Tanto el personaje de Anna como el de Nikolai pelean férreamente cuando tienen oportunidad por salvaguardar esa esperanza de rebeldía; es en la secuencia final en la que Nikolai consigue convencer a Kirill (Cassel) de que no asesine al bebé cuando Anna y Nikolai emiten un silencioso pero potente grito con sus actos, un grito que sencillamente se pone del lado del detective Somerset: este mundo es un lugar por el que vale la pena luchar.

Xavier Torrents Valdeiglesias

Y también en la web Videodrome (David Cronenberg, 1983), Una historia de violencia (David Cronenberg, 2005)

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2 respuestas a Promesas del este (David Cronenberg, 2007)

  1. Juan dijo:

    Una de las películas más accesibles de Cronenberg. Buenas actuaciones e interesante historia. Me ha gustado el análisis, especialmente el párrafo final. Saludos.

    • Xavi Torrents dijo:

      Gracias por el comentario Juan! La verdad es que el texto al final lo convierto en casi casi una declaración de amor a esta película jeje, una de las mejores de la filmografía de Cronenberg y, deacuerdo contigo, una de las más accesibles también. Es de esas que la tienes de las más visibles en la estantería porque sabes que vas a querer verla muchísimas veces 🙂
      un saludo!

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