Miedo en la noche (Fear in the Night, Jimmy Sangster, 1972)

Peggy, poco antes de mudarse con su marido a una inhóspita escuela inglesa, es asaltada en su casa por un hombre con una mano artificial enguantada, pero no logra reconocer a su agresor ni éste deja señales de haberla atacado. Dudando de su propia salud mental, la mujer volverá a encontrarse a su asaltante entre las paredes del deshabitado instituto…

Se suele considerar habitualmente que con la entrada de la década de los setenta la Hammer entró en una decadencia creativa y comercial que acabaría terminando con ella. Sin embargo el paso del tiempo ha ido revalorizando bastantes obras de gran calidad que aún daría de sí el Martillo Británico durante estos años oscuros, como El Dr. Jekyll y su hermana Hyde (Doctor Jekyll and Sister Hyde, 1971) o Captain Kronos, Vampire Hunter (1974). Pero tanto en su época dorada como en sus últimos y menos destacados años, siempre hubo una serie de títulos menos conocidos y con menos renombre, que con los años han ido sufriendo el desconocimiento para las nuevas generaciones y que aún esperan ediciones en DVD para ser recuperados (en España, me refiero).

El título que nos ocupa se presenta en estos años de menos pegada de la Hammer y aunque no merezca ni mucho menos el calificativo de clásico de la productora, tampoco merece ser engullido por el agujero negro del olvido. Jimmy Sangster había demostrado su habilidad a la hora de dejarse los dedos escribiendo libretos y de sus manos salieron algunos de los guiones más recordados de la productora, y a principios de los 70 por fin saltó a la dirección con títulos –no excesivamente destacables- como El horror de Frankenstein (The Horror of Frankenstein, 1970) y Lust for a Vampire (1971). He aquí uno de los peores defectos del film: a pesar de la habilidosa trama argumental que presenta y de sus sorprendentes giros –que treinta años después se nos pueden presentar un tanto previsibles-, no se logra mantener del todo la atención del espectador a la pantalla, alargando demasiado las escenas de charlas entre los personajes de Ralph Bates y Judy Geeson, o utilizando un estrambótico montaje que, aunque resulta curioso, no termina de traducirse del todo convincente.

Otro de los inconvenientes que sufre la película proviene de uno de los personajes secundarios, el profesor Carmicheal, interpretado como siempre soberbiamente por Peter Cushing, el cual es sin duda el más interesante del film. Una de las revelaciones de la historia gira en torno a él y a su relación con los fantasmas que encierra la escuela debido a una tragedia que causó accidentalmente y provocó la muerte de varios alumnos. Por desgracia, la película se centra más en Peggy –mucho menos interesante, a pesar de la también muy adecuada interpretación de Judy Geeson y de unos intentos por revelarnos algo más sobre ella y de sus crisis nerviosas a través de una serie de flashbacks, colocados de un modo un poco chocante en medio de la trama, en los cuales conversa con su psiquiatra- que en Cushing, y apenas vemos unas simples pinceladas del extraño comportamiento de Carmicheal a lo largo del film, un tema que guardaba un potencial enorme. Mencionar a ambos actores, por cierto, implica resaltar el par de escenas que comparten, y que son de lo mejorcito del largometraje: Su primer encuentro, en el cual Peggy descubre el secreto de las extrañas voces de estudiantes que se escuchan a lo largo y ancho de la Escuela, con un angustioso momento en el cual el cabello de ella queda enganchado en la mano mecánica del profesor; y la persecución de uno al otro, que con la resolución final puede resultar un tanto forzada si uno se para a pensar en las consecuencias de las acciones de ambos personajes, sobre todo de Carmicheal, lo cual no por ello le resta intensidad ni efectividad.

No merecen quedarse aparte Joan Collins y Ralph Bates de ser destacados; en gran parte, la película funciona por su cuarteto protagonista, y si Geeson en su papel de angustiada mujer al borde de la enajenación, y Cushing dando vida a un hombre que ya ha atravesado tiempo atrás las barreras de la cordura resultan los más destacables, Collins parece ensayar aquí el papel de pérfida manipuladora que perfeccionaría con los años y con los que se ganaría la fama mundial, mientras Ralph Bates resulta bastante inquietante, logrando dar la sensación de que su personaje ya esconde algo nada más comenzar la película, de un modo que por cierto recuerda bastante al que había utilizado antes John Cassavettes a la hora de interpretar el papel de Guy Woodhoyse en La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1969). Es sobre todo gracias principalmente a su cuarteto protagonista por lo cual Miedo en la noche no cae en la mediocridad; los cuatro terminan por saber hacer a sus personajes interesantes, y convierten a la película en un thriller sólido con un par de momentos brillantes.

Javier J. Valencia

(Artículo originalmente publicado en la web Pasadizo en el año 2006)

 

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