Elle (Paul Verhoeven, 2016)

elle01El gato, el gato y su mirada. Elle empieza así: una mujer es brutalmente violada mientras su gato la observa impasible, sin hacer nada (más adelante la protagonista se lo reprochará cariñosamente). Paul Verhoeven nos lo pone fácil: el gato somos nosotros (el espectador/voyeur), el gato es él (el director/Dios) o el gato es la protagonista (la mujer felina/Diosa). Sobre estos tres conceptos orbita la película. También nos habla de feminidad, de perdón y de familia. Pero en realidad Elle nos está hablando de gatos. Y aquí Verhoeven no esconde sus cartas.

Elle empieza con una violación brutal (y habrá más), nos hablará de un asesino en serie católico y de infidelidades y traiciones. Pero Elle ante todo es una comedia. Y lo es porque Verhoeven ha querido que lo sea. Cuando se analiza la obra del veterano director holandés es indispensable comprender que él no escribe los guiones de sus películas (o que si reescribe algo lo hace partiendo de un material anterior de otra persona). Y sin embargo en pocos casos como Verhoeven es más evidente su faceta de autor, siempre nadando entre el cine comercial y otro más personal, siempre en los límites de lo convencional pero sin dejar de aspirar a llegar al gran público. Verhoeven es un autor que no escribe sus películas, pero que las dota de una visión que las hace suyas. Se apodera de ellas. Como los gatos que se adueñan de una casa al entrar en ella. Como el gato que devora al pájaro que se estrella contra nuestra ventana. Siempre el gato.

elle02A Verhoeven le gusta reírse. Por ejemplo, en Robocop lo hace durante toda la película, a carcajadas. También le interesan otros temas: el cristianismo (tiene publicado un maravillosos libro sobre Jesús de Nazaret), la familia, el sexo y la mujer como heroína. Es evidente que es eso lo que le atrajo del guión de David Birke (adaptando una novela de Philippe Djian). Pero a todos esos temas (que son sus temas, de los que lleva hablando las últimas tres décadas) él les añadió su mirada. Posiblemente sin cambiar mucho del guión, colocando la cámara hacia un gato o dirigiendo a los actores (maravillosa Isabelle Huppert) convierte lo que podría haber sido un thriller erótico del montón en un comedia (en absoluto ligera).

Así empieza la comedia: con una violación. Luego, en una fiesta, la protagonista le contará a su vecino cómo su padre se convirtió en un asesino en serie. También veremos trozos de un documental perturbador sobre esos crímenes, donde la mirada del director nos coloca entre la visión impúdica de la sangre y el horror de lo que apenas llega a intuirse. Y una cena de Navidad, con una familia destruida por aquel padre perturbado y que se ha rehecho como ha podido. Porque, entre risas (algunas de puro espanto) de eso parece ir Elle, de cómo la única manera que tiene un familia de salvarse es a través del perdón. De eso parece ir, porque ya hemos dicho que Verhoeven no esconde sus cartas, pero no está claro que no haga trampas.

elle03Verhoeven juega con nosotros como un gato juega con un ovillo. ¿Es Michèle, la protagonista, una buena persona? Mujer de éxito (en un mundo íntegramente masculino), con un pasado traumático, con rencor en la sangre, mentirosa, cruel en ocasiones y con algún que otro problemilla más. ¿Nos cae bien? ¿Es la visión que Verhoven tiene de la mujer moderna? ¿Es Elle una película feminista? ¿Es Elle machista? Y Verhoven sigue moviendo el ovillo con una media sonrisa en la cara.

La película nos dice que el perdón es la única vía hacia la salvación. Pero si es así, hay que tener en cuenta que todo es perdonable, incluso lo imperdonable. Es fácil perdonar una infidelidad, ¿pero 27 asesinatos o una violación? ¿Se puede perdonar que una vez tu marido te pegara? Son preguntas que se hace Verhoven. Son preguntas incómodas. Si el perdón es bueno, si el perdón es cristiano, no deberíamos perdonar también lo imperdonable.

elle04Y ahí está la conversación final entre Michèle y su vecina ultra católica. Más brutal que cualquiera de las escenas de sexo de la película (que no son pocas) y a la vez tan extraña y definitoria de una película en la que el tono lo es todo. Un tono difícil, siempre en el filo, pero que no cae nunca en lo ridículo.

Por eso Elle es necesaria. Porque plantea preguntas interesantes. Algunas no tienen respuesta, muchas son incómodas, pero es evidente que no es en absoluto un film complaciente. Y sin embargo, es muy divertido. Porque Verhoven ama que el público vaya a ver sus películas y ama desafiarles hasta los límites de lo admisible. Lo que no está claro es que ame a sus personajes. O sí. Como no está claro si los gatos son capaces de amar a sus dueños.

Daniel Lasmarías

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