Ahora me ves… (Now you see me, Louis Leterrier, 2013)

Comparar esta película con la magnífica El truco final (The Prestige, Christopher Nolan, 2006) es un claro insulto a la segunda. Nada de lo que tiene el gran film de Nolan puede encontrarse en la película de Louis Leterrier. En serio, absolutamente nada (lo digo porque en más de un sitio he visto la comparación, lo cual no tiene ningún sentido). Ahora me ves se trata de una propuesta totalmente distinta, centrada únicamente en crear un espectáculo pirotécnico lleno de giros y más giros de guión disfrazados con un ritmo vertiginoso, con la esperanza de que el espectador se quede clavado en el asiento hasta su final sorpresa. La coherencia en la trama y los clarísimos agujeros de guión no están trabajados ni siquiera con preocupación porque desde el principio la película no juega a eso, sino a sorprender, a fascinar y a cautivar, como todo buen truco de magia. El problema es que Ahora me ves no es para nada un buen truco de magia, puesto que para que ello suceda primero se debe hipnotizar al espectador con la puesta en escena y la actuación: y en este film esos elementos son superficiales, vaporosos, zafios y absurdos. Como se suele decir, se trata de una película muerta, sin alma, de la que nos olvidaremos tan pronto se enciendan las luces de la sala.

Si el objetivo es ser espectáculo visual en tanto que montaña rusa, el objetivo está cumplido a manos de un Louis Leterrier acostumbrado ya a este tipo de trabajos en Transporter 2, El increíble Hulk y Furia de titanes. Pero el problema es que estas películas jugaban únicamente a eso, mientras que Ahora me ves parece querer ir un peldaño más arriba y hablarnos del oficio de mago, de la codicia humana e incluso de la posibilidad de que los seres humanos nos ayudemos entre nosotros de forma caritativa en tiempos de crisis como los de hoy en día. Ahí es donde el film se estrella estrepitosamente contra una pared, puesto que la ridiculez de la trama y de los constantes giros de guión hace que cuando Ahora me ves quiere ponerse seria a nosotros se nos escape la risa o sencillamente nos dé completamente igual. Por ese motivo cuando el clímax de la película llega con todo su esplendor, con toda su luz, con esa repetitiva banda sonora y con toda su épica, no tiene el efecto deseado, puesto que lo único que consigue es que veamos más espectacularidad. Y realmente ese instante debería ser un momento casi de éxtasis y celebración para el espectador medio precisamente por esa temática de Robin Hood moderno que llega en el momento justo para ayudar y dar esperanza a la sociedad. Lo que consigue la gratuidad y efectismo del guión es que al llegar ese momento todo resulte irrisorio, ridículo.

Otro elemento de la película que llama la atención y que da ganas de verla es el reparto lleno de estrellas: Mark Ruffalo, Morgan Freeman, Michael Caine, Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Mélanie Laurent, etc. Pues bien, desgraciadamente el trabajo de la mayoría de ellos se podría resumir en el de Ruffalo: correcto pero con ese medio gas de no importarle mucho el proyecto y darle todo bastante igual. Por ese motivo Morgan Freeman hace de Morgan Freeman, el grandioso Caine pasa totalmente desapercibido y Harrelson intenta deleitarnos (sin éxito) con sus chistes y frases sarnosas. Cada uno a lo suyo, sin mucha gracia, sin nada de intensidad, como si estuvieran fichando, cobrando y yéndose a tomar una copa después del curro. Peter Travers de la revista Rolling Stone comentó en su crítica de este film: “Se necesita una cierta magia negra para que el talento de un buen grupo de actores desaparezca frente a tus ojos”; pues sí, no hay mejor forma de resumirlo. Solamente cabe destacar el trabajo de Jesse Eisenberg que, aunque también está por ahí sin importarle mucho nada, siempre nos entretiene y divierte con su verborrea, inteligencia y genialidad a balazos dialógicos, perfectamente utilizadas en la inolvidable La red social de David Fincher y bien aprovechadas aquí en un par de escenas, sobretodo la del interrogatorio, seguramente uno de los mejores momentos del film. Y sí, destacaré también a Mélanie Laurent, pero desgraciadamente no porque haga una interpretación para recordar, puesto que su papel de agente de la Interpol es de las cosas que menos nos creemos de la trama, sino porque la actriz es una maravillosa, única y (aquí sí) mágica belleza.

El film ha tenido buen éxito mundialmente y se prepara secuela, aún sin fecha confirmada y sin reparto, pero repitiendo Leterrier en la dirección. Bueno, peores cosas hemos visto y veremos. Poco más que decir, Ahora me ves es entretenimiento, espectáculo y efectismo bastante zafio, bastante vaporoso, de ése que se te olvida al poco rato de verlo. Y, teniendo en cuenta el reparto que se ha reunido y las temáticas de las que parece querer hablar, el film es un fracaso en ese sentido. En un momento de la película el agente Rhodes (Mark Ruffalo) comenta “no tengo tiempo para estas tonterías de magia”, pues eso.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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