XTRO (Harry Bromley Davenport, 1983)

Tras el visionado de E.T El Extraterrestre, Harry Bromley Davenport debió preguntarse algo más o menos así: “Como quedaría esto mezclado con Alien, el Octavo Pasajero y un drama social británico al uso?” Gracias a Dios, la Providencia o lo que sea, Harry se puso manos a la obra y acabó facturando la que posiblemente sea la explotación más extraña de la película de Ridley Scott, o era de la de Spielberg? Sea como sea, XTRO es una de las películas más bizarras de la época clásica del videoclub y solo por eso merece un visionado.

Sam (Philip Sayer) y su hijo Tony (Simon Nash) están jugando apaciblemente en la casa que tienen en la campiña inglesa cuando una extraña luz oscurece el cielo y una fuerza invisible y por lo tanto más fácil y barata de representar hace desaparecer a Sam. Tres años después la mujer de Sam, Rachel (Bernice Stegers), ha reconstruido su vida con un fotógrafo, Joe (Danny Brainins) ya que cree que Sam les abandonó por alguna pelandrusca. Nada más lejos de la realidad; Sam ha vuelto a la Tierra en la forma de un asqueroso alienígena cuadrúpedo que mata a una pareja de viajeros y luego viola a una chica que vive cerca del lugar donde ha aterrizado. Esta acaba pariendo entre horribles dolores a Sam, que la destroza entera saliendo de ella en su forma adulta. Tony empieza a tener sueños proféticos sobre el regreso de su padre, cosa que empieza a asustar a Rachel.

El papá intergaláctico llega a la ciudad y procede a poner patas arriba el núcleo familiar; afirma no recordar donde ha estado, Joe no lo traga, la niñera de Tony (una guapísima Mariam D’Abo, Chica Bond en Alta Tensión) sospecha que miente y Rachel no sabe que pensar. El hecho de que Tony lo pille comiéndose los huevos de su serpiente de terrario tampoco ayuda. Poco después Sam le revelará sus intenciones; quiere llevárselo a su mundo, pero para ello tiene que cambiarlo, por lo que le implanta unas esporas que le otorgan poderes psíquicos. A partir de aquí, las jugarretas de Tony a familiares y vecinos se vuelven cada vez más macabras, convirtiendo sus juguetes en armas y a su niñera en una incubadora de huevos extraterrestres, mientras que Sam empieza a urdir un plan para separar a la familia y poder huir con su hijo.

Da la impresión de que para esta película Bromley Davenport tenía en su mente una serie de escenas chocantes y extrañas y el tema del drama familiar está simplemente ahí para unirlas con un hilo más o menos coherente (menos que más, en este caso). A esto hay que añadir un aspecto gris y deprimente típico de un drama de la Inglaterra de Thatcher y una música electrónica compuesta por el propio director, que pese a ser absolutamente ratonera y por momentos risible, ayuda muchas veces al ambiente tétrico de la película. Y por cierto, XTRO tiene dos finales a cada cual más deprimente y asqueroso, que varían dependiendo de la edición visionada. Más vale olvidarse de la española en DVD, ya que incluye uno de los dos, pero cortado. Lo más preferible es hacerse con el antiguo VHS o con una edición internacional para disfrutar de este clásico de la asquerosidad británica. Y mantenerse alejado de las secuelas, eso mejor para otro momento en este espacio.

Victor Castillo

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