Especial cine de montaña (8): Vértigo (Vertige, Abel Ferry, 2009)

vertigeEsta película francesa con la que se estrenó en el largometraje el cortometrajista Abel Ferry, narra el desafortunado día de montaña que querían pasar cuatro amigos realizando una vía ferrata en Croacia. Para los habituales al subgénero slasher esta película no apunta nada nuevo, pero me pareció bien documentada a la hora de narrar un día de escalada dominguera para una cordada habitual (una cordada es el grupo de personas que comparte actividades de escalada o relacionadas), no por el encadenamiento de desgracias que les ocurren, sino por la logística y preparación que describe.

El director rápidamente nos sitúa sobre las relaciones entre los personajes, lo que hace previsible a los pocos minutos cuáles van a ser los puntos de fricción entre ellos, y es que los compañeros de cordada es mejor que no tengan cuentas pendientes, y de tenerlas, mejor dejarlas en el maletero del auto antes de iniciar la escalada. Nadie quiere tener al otro extremo de la cuerda alguien que no es de su confianza. Aun así, la primera parte del film, más centrado en el desarrollo de la vía ferrata es emocionante y, para mi gusto, consigue dar más miedo que la segunda parte del largo. El grupo acomete una vía ferrata que encuentran cerrada, pero igualmente deciden hacerla saltándose las advertencias señalizadas y toda prudencia. No es de extrañar entonces que se encuentren con un equipamiento en roca en malas condiciones que les pone varias veces en peligro de muerte, regalando al espectador sustos y tensiones –que para eso está viendo una película de terror– muy bien escenificados y coreografiados. Tengo que añadir que por un detalle técnico una de las chicas no debería haberse salvado en el puente, pero no voy a revelar más para no hacer spoilers. –A ver vosotros os percatáis de a que detalle me refiero–.

vertigeferrata

Hasta aquí bien, el ritmo es adecuado, buenas interpretaciones, diálogos concretos y acertados.

Todo se vuelve más manido y aburrido en la segunda mitad, cuando podemos poner forma definida al miedo. Lo que ocurre a partir de ese momento es demasiado previsible, demasiadas veces visto y carente de toda originalidad. Se acaban los sustos y la tensión, sabes lo que va a pasar –a no ser que sea el primer slasher que has visto–.

No es una película que te deje huella ni de la que puedas extraer nada significativo a debatir. Es un film correcto, de las de comer palomitas en el sofá durante apenas una hora y veinte minutos que seguramente no recordarás mañana, pero que tampoco son perdidos, son simplemente un entretenimiento.

Laia Olivares

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