Tiburón (Steven Spielberg, 1975)

“Pienso en una etapa de mi vida en la que era mucho más joven de lo que soy ahora. Creo que era más valiente porque era más joven, o porque era más estúpido. No estoy seguro de cual. Por eso, cuando pienso en Tiburón, pienso en valor y estupidez. Y pienso en esas dos cosas existiendo bajo el agua”.

Steven Spielberg

Tiburón (Jaws, 1975) es una de las películas más relevantes de la historia del cine. Dejó huella e influyó notablemente en otras producciones que esperaban conseguir el mismo efecto magnético sobre la audiencia. Pero la historia de su creación y rodaje fue todo menos sencillo. Las dificultades técnicas fueron constantes y el enorme reto que supuso realizarla recayó sobre un joven director de 27 años que dirigía su segundo largometraje para el cine. Esta crónica de vicisitudes y problemas resulta interesante en contraposición a los magníficos resultados que consiguió el film. Y eso resultó posible porque, a pesar de los contratiempos, fue realizada con profesionalidad por un director visionario que suplió su inexperiencia por una creatividad prodigiosa. Descubramos, pues, la intrahistoria de Jaws

El origen de la película se encuentra en una novela inédita de Peter Benchley, que llegó a las manos de los productores David Brown y Richard D. Zanuck, gracias a los contactos editoriales que tenían. Seducidos por la fuerza del material, adquieren los derechos de adaptación. Los propios productores admitieron, años después, que de haberla leído dos veces probablemente se hubieran echado atrás ya que habrían sido más conscientes de las enormes dificultades que entrañaba reproducir lo que había quedado expuesto en esas páginas.

Steven Spielberg acababa de debutar en la dirección con Loca Evasión (Sugarland Express, 1974) y, dado que el film había sido producido por el tándem Brown-Zanuck, visitaba con frecuencia su oficina para ver si tenían algún otro proyecto que pudiera interesarle. En una de sus visitas le entregan un ejemplar de Jaws que Spielberg lee en un fin de semana. Curiosamente, ve en ese draft similitudes con Duel (El diablo sobre ruedas), el brillante telefilm que dirigió en 1971. De alguna manera, establece una analogía entre el camión asesino que persigue al protagonista y el tiburón depredador. Sin plantearse más cosas, se ofrece para dirigir el film y los productores dan inicio a la pre-producción.

El propio Peter Benchley escribe la primera versión del guión y cuando lo entrega a Spielberg se desentiende completamente del material asumiendo que, a partir de aquel momento, deben ser otros los que decidan qué camino tomar en cuanto a la orientación del argumento. El director trata de hacer su propia versión del script pero se da cuenta de que necesita ayuda en el proceso. Es entonces cuando David Brown trae a Howard Sacklerquien, acuciado por otros trabajos, pide expresamente que no se le acredite como guionista pues disponía de poco tiempo para dedicarle a la película. Sin embargo, a pesar de que su contribución no pudo ser extensa, se considera que fue fundamental para dar estructura a un guión que, hasta entonces, estaba bastante descabezado.

En el mes de febrero de 1974 el guión aún no estaba terminado y Universal presionaba cada vez más a los productores para que iniciaran el rodaje. Spielberg se saca entonces un as de la manga y encomienda a Carl Gottlieb, que estaba contrado como actor, para que termine el guión. Gottlieb había trabajado de guionista en televisión y también fue corrector de libretos para varios estudios. Consideró imprescindible recortar la trama para centrarse más en los personajes focalizando la atención en el suspense.

Una escena fundamental en esta dinámica de profundización en los personajes es, sin duda alguna, la del monólogo de Quint en que explica la historia del USS Indianapolis. Inicialmente, fue Howard Sackler el que concibió el monólogo pero era demasiado corto puesto que solo se extendia un pequeño párrafo. Fue entonces cuando Spielberg consulta a su amigo George Lucas y éste le recomienda a John Milius. El de Missouri acomete el texto y lo amplía significativamente aunque, cuando llega a las manos de Robert Shaw, éste realiza varias correcciones. Así pues, el monólogo es fruto de las aportaciones de Shaw, Milius, y Sackler.

Con el guión definido, Spielberg se dedica a formar los equipos de rodaje mientras supervisa el casting del film. Los documentalistas submarinos Ron y Valerie Taylor empiezan a rodar a tiburones reales en el sur de Australia y, en Los Angeles, el director y los productores deciden que la estrella del film debe ser el tiburón y optan por contratar a buenos intérpretes pero tampoco a estrellas, evitando un gran dispendio económico.

Spielberg elige a Roy Scheider para el papel del sheriff Brody ya que siempre había querido trabajar con él tras ver French Connection. George Lucas le aconseja a Richard Dreyfuss, con quien había trabajado en American Graffiti, para el rol de Hooper. En cuanto a Quint surgen varias opciones. Spielberg le ofrece el papel, en primer lugar, a Lee Marvin quien no se mostró interesado. La segunda opción fue Sterling Hayden, que no pudo aceptar por estar trabajando en otro proyecto. Finalmente, los productores proponen a Robert Shaw, que acaba dándole al personaje un aura aboslutamente icónica.

Como lugar de rodaje se elige la isla de Martha’s Vineyard, en la costa de Massachussetts, convirtiendose en la primera producción que se localizó allí. La isla disponía de una gran ventaja técnica ya que estaba rodeada por 20 kilómetros de fondo arenoso que no rebasaba los 9 metros de profundidad. Era ideal para instalar el tiburón mecánico permitiendo rodar tanto escenas en la costa como en la supuesta alta mar (durante la fase final de la película).

The shark is not working… the shark is not working…”

Esta frase se estuvo repitiendo durante meses a través de los walkies que llevaban los técnicos que trabajaron en Jaws.

Rodar una película de la dificultad técnica de Tiburón, con los medios de 1974, resultó una experiencia tremendamente difícil y extenuante para el equipo del film. Steven Spielberg procuró insuflar entusiasmo entre sus colaboradores aunque, interiormente, era consciente de que existía la posibilidad de que la película no pudiera tirar adelante.

Por suerte, Brown y Zanuck, veteranos productores con muchas batallas a sus espaldas, nunca se dieron por vencidos y jamás pensaron en detener la producción. Y eso fue porque sabían perfectamente que si paraban quizá el estudio no les permitiría continuar. Había que seguir en marcha aunque eso implicara tener un dispendio económico superior al previsto.

Se construyeron tres tiburones mecánicos para la película. El taller del veterano Bob Matteytrabajó, codo con codo, con el diseñador de producción, Joe Alves, en la creación de sistemas de articulado que permitieran a los ingenios funcionar. Las pruebas en tierra fueron buenas, los tiburones funcionaban correctamente pero el problema llegó al sumergirlos en el Atlántico. El agua se filtraba por más sitios de los esperados y dañaba constantemente los elementos internos de las maquinarias.

Eso se tradujo en una ralentización constante del plan de rodaje por las sucesivas reparaciones que debían realizarse. Spielberg rodó todo lo que pudo y filmó la mayoría de las escenas, incluyendo las que aparecía el tiburón parcialmente, durante el verano de 1974. En la secuencia inicial, deseaba impactar y aterrorizar al espectador buscando una propuesta original que incluía no mostrar en ningún momento al gigantesco escualo. Así fue como filmó una escena memorable que se convirtió en la más monstruosa que se había visto hasta el momento. Y todo eso valiéndose de diferentes ángulos de cámera subacuáticos, la interpretación de la sufrida Chrissie Watkins, y un mecanismo que agarraba constantemente a la nadadora cumpliendo perfectamente las funciones de una criatura de las profundidades que no vemos, de forma completa, hasta pasada la mitad de la película.

Pasaron cuatro meses sin poder rodar con el tiburón mecánico completo. No fue hasta septiembre cuando finalmente se escuchó: “The shark is working… the shark is working….”

El equipo se lanzó al océano para rodar gran parte de las escenas del enfrentamiento final de los tres protagonistas, a bordo del Orca, con el tiburón blanco que aterrorizaba las aguas de la isla Amity.

La escena en que vemos, por primera vez, la magnitud de la bestia a la que se enfrentan parte de una premisa teóricamente intrascendente. Quint ordena a Brody lanzar carnaza para atraer al tiburón. El policía se queja por tener que ocuparse de tan poco agradable tarea y empieza a tirar la mercancía sin mirar al agua. En ese momento, hace su entrada el escualo emergiendo y mostrando su poderosa mandíbula, para luego desaparecer súbitamente. Spielberg concibió la escena para generar más pánico en el espectador, que se encontraba aparentemente relajado ante un momento en el que no esperaba un impacto tan fuerte.

Cuando Brody vuelve a la cabina, aterrorizado, le dice a Quint: “You’re gonna need a bigger boat”. Una frase que resume, en sí misma, todo lo ocurrido y lo que está por venir. Una frase que quizá no se le habría ocurrido a ningún guionista. En este caso, la película se aprovechó de la creatividad del propio Roy Scheider que improvisó esa respuesta sin saber que quizá había dado con una de las sentencias más recordadas del film.

Sin embargo, las dificultades técnicas no dejaron de suceder. Mientras rodaban el momento en que el tiburón pasa por debajo de la quilla del Orca, arrastrando varios bidones, el mecanismo subacuático de arrastre encalló con el barco generando una rotura en el casco que ocasionó su hundimiento. Hubo que construir, a toda prisa, un segundo Orca cuyo destino final era también irse a pique siguiendo la premisa del guión.

Cuando se tuvo que afrontar cómo sería el final del film, Spielberg y Benchley tuvieron una conversación bastante tensa. El director quería un final apoteósico y le parecía que la conclusión prevista en el guión no tenía la contundencia necesaria. Spielberg defendía la idea siguiente: “he tenido al público pegado a la pantalla durante dos horas. Los voy a tener en mis manos y aceptarán cualquier cosa que les ofrezca aunque sea poco plausible. La audiencia se está preparando para ver algo aún más fuerte al final y, si no lo obtienen, el film no triunfará”. Benchley expuso su criterio como estudioso de los tiburones y afirmó que ningún escualo se traga una bombona y después estalla por los aires. Obviamente, su lejanía respecto al lenguaje cinematográfico y a las necesidades de la audiencia, no le hacían el mejor asesor posible para una película de estas características.

Una vez concluido el rodaje, el film llegó a las manos de la experta montadora, Verna Fields, y se hizo un pase de prueba en Austin que no acabó de convencer al público asistente. Y era normal porque faltaba un elemento fundamental: la música.

Steven Spielberg admiraba a John Williams desde que empezó a trabajar en Hollywood. Su sueño se cumplió cuando pudo contar con él para la banda sonora de Loca Evasión. Tras colaborar y trabar una fuerte amistad, decidió que todos sus films contarían con la música del gran maestro. Y en Tiburón, esa contribución no pudo ser más trascendente.

Williams creó una partitura con un leitmotiv basado en la repetición progresiva y acelerada de dos notas, encajando perfectamente con el elemento aterrador que Spielberg había diseñado. La combinación del sonido de pánico de los personajes y la música, formó un recuerdo colectivo. Un efecto que quedó grabado en la memoria de la audiencia.

Pasados los años, Spielberg afirmó que Tiburón fue una buena película para ver pero no para hacer. En los sucesivos proyectos, trató siempre de tener bien atado el tema técnico antes de proceder al rodaje. Eso le ha convertido, con el paso de los años, en un director que nunca sobrepasa los días previstos de filmación. Una cualidad que distingue a muy pocos y que es compartida por otro genio: Clint Eastwood.

David Brown recuerda la sensación del público el día del estreno del film en Los Angeles: “Los gritos empezaron en el minuto 1, y nunca desaparecieron por completo a lo largo de la película. Habíamos conseguido lo que queríamos”.

La cinta fue la primera de la historia en superar los 100 millones de dólares de recaudación y laAcademia reconoció el esfuerzo realizado con tres premios Oscar (banda sonora, montaje, y sonido).

Spielberg empezó a trabajar, poco después, en un guión propio cuyo título era Encuentros en la Tercera Fase…

Néstor Company

 

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