Especial: El proyecto de la bruja de Blair (1) (The Blair Witch Project, Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999)

blairCAP_01En cuestión de cine de terror, a finales de los 90 tuvieron lugar dos hechos fundamentales que sirvieron de revulsivo para lo que había sido una década un poco gris, marcada sobre todo por el neo-slasher generado por las respuestas al éxito de Scream (1996, de Wes Craven) y el retorno del género a la gran pantalla (decadencia de la cultura del videoclub) con mayores presupuestos (pero películas más comerciales, menos audaces). Esos dos hechos que nos devolvieron la vidilla fueron, naturalmente, el descubrimiento del cine asiático con The Ring (Ringu, 1998, Hideo Nakata) como llave, y… El proyecto de la Bruja de Blair. La importancia de El proyecto… ha sido motivo de controversia desde el principio. Nadie discute su éxito comercial objetivo, incluso está unánimemente aceptada su influencia sobre la actual corriente de found footages y mockumentaries (lo que ya no es tan unánime es la valoración que se hace de ello). Pero sus cualidades intrínsecas, su valor artístico y narrativo y su tremenda aportación a la historia no ya solo del género, sino de los medios narrativos audiovisuales son cuestiones que aún levantan ampollas y urticarias. A lo largo de los años he venido manteniendo una y otra vez la misma conversación con diferentes fans (o haters, más bien en este caso), que si bien aportan matizaciones muy oportunas, no se dan cuenta de que no son suficientemente significativas y no le restan ni un ápice de valor como título experimental inequívocamente innovador. Sí, ya lo he dicho: El proyecto de la Bruja de Blair es una película experimental que abrió una brecha.

blair_01

“En octubre de 1994, tres estudiantes desaparecieron en los bosques de Burkittsville, Maryland, mientras rodaban un documental. Un año después, se encontró esta película”

Con el anterior texto arranca una de las películas más rompedoras de la historia del cine. Habiéndola visto una vez más antes de afrontar este artículo, admito que es una película difícil por la serie de renuncias y combinación de limitaciones que supone la elección de su formato. Su mareante movimiento de cámara es incómodo y hace que a ratos no se distinga bien qué está pasando, y tiene un tramo, recién llegados al bosque, que puede resultar pesado. Este tipo de película puede serlo cuando opta por el realismo. Es algo con lo que no tiene que lidiar la estupenda Monstruoso (Cloverfield, 2008, de Matt Reeves), al fin y al cabo es una monster movie; sin embargo es el reproche más veces repetido en la también muy interesante y acertada Paranormal Activity (Oren Peli, 2007), uno de sus descendientes aventajados y con cosas que aportar, arriesgada en su apuesta por describir lo anodino que rodea (en caso de que fueran reales) estos casos paranormales (¿o es que alguien se cree que en los lugares en los que pasan cosas de difícil explicación los objetos vuelan y danzan como en la habitación de Robbie y Carol Anne en Poltergeist?).

En contraste, El proyecto de la Bruja de Blair tiene también aciertos objetivos tan claros que hacen de ella una película a ratos muy escalofriante. Mucho se hablado de sus últimos diez minutos y sobre todo de su final, que crearon una tendencia en el cine de terror contemporáneo que persevera hasta nuestros días. Pero igualmente podríamos señalar detalles aparentemente menores, como esa niña que tapa la boca a su madre cuando trata de hablar de la bruja (un hallazgo producto de la más pura serendipia, como suelen los mejores) o el sugerente personaje de Mary Brown, que ni siquiera está interpretado por una actriz profesional, sino por Patricia DeCou, una lugareña de Burkittsville que respondió a un anuncio de los directores pidiendo ayuda para organizar la filmación de la película allí…

blairrrrr

Sea como fuera, la gran aportación de El proyecto de la bruja de Blair, el motivo de su inmensa potencia, reside en haber rasgado el telón de la pantalla y haber sido capaz de venir a nuestro lado, creando un pleno multimedia y multidimensional envolvente que transgrede con todo lo que se había hecho narrativamente hasta el momento. Para organizar las razones por las que hago esta afirmación organizaré la información en tres ejes que creo que son los que sucesivamente dan el extraordinario valor que tiene esta extraña, de apariencia sencilla y sin embargo muy compleja, y estos tres ejes disruptivos son, naturalmente, la condición de la bruja Blair de plausible falso documental, sus rompedoras técnicas al plantear el rodaje, y su marketing integrado a todos los niveles. Estas tres cosas, llevadas hasta sus últimas consecuencias, son las que la han convertido es un experimento, en una experiencia cultural completa.

A) Falsa realidad.

La condición de falso documental de El proyecto de la Bruja de Blair no supone una innovación, en eso tienen razón sus objetores. Bueno, en realidad, y en cierto modo, el padre de todo esto fue Orson Welles ya en 1938, con su versión radiofónica de La guerra de los mundos de H.G. Wells. Si lo que buscamos es el precedente en el cine, y dejando a un lado los fraudulentos montajes de Frederick Cook cuya intención no era narrativa sino otra (adjudicarse hazañas que no había realizado), ya había experimentos en este sentido en la TV de los 50, como aquel del programa Panorama (1957) de la BBC sobre un lugar en Suiza en donde cosechaban espaguetis de unos extraños árboles (y la gente se lo creyó, a pesar de lo surrealista del tema). Sin dejar la BBC, que durante décadas fue la cadena de TV de vanguardia por excelencia, en los años 60 destacó Peter Watkins con rompedores trabajos (Culloden, El juego de la guerra (The War Zone, 1965), Punishment Park, La Commune, etc) de alto contenido alegórico y político. Hasta que en 1973 otra vez Orson Welles retoma el liderazgo de la historia con su Fraude (F for Fake), posiblemente el primer ejemplar cinematográfico maduro de este género que acabaría llamándose mockumentary. Le seguirían This is Spinal Tap (1984, de Rob Reiner), Zelig (1983, de Woody Allen)… y tantos otros hasta nuestros días.

Ya dentro del género de terror (y sus aledaños, sobre todo exploitation), no olvidemos que en 1975 el matrimonio de cineastas Michael y Roberta Findlay habían tratado de hacer pasar por real lo que no era más que una película gore cutre: Snuff, que pese a su perfil artístico bajo (o nulo) tiene el mérito de haber anticipado un esquema parecido al de Holocausto caníbal (se supone que la película es un reportaje de investigación en Sudamérica en busca de películas snuff, hasta que encuentran una en la que una chica resulta descuartizada y que, naturalmente, es incluida como el metraje final), y también se adelantó al aplicar tácticas de marketing de guerrilla (como pagar a actores para que protestasen ruidosamente ante los medios por la película: ya se sabe, escándalo = circo mediático = publicidad). Idea, la de tratar de exacerbar el morbo por medio del argumento de supuesta realidad, en realidad totalmente fingida, que también ejercitó el género mondo, que en sus mejores muestras fue una parcela sensacionalista y preparado del documental (o de la no-ficción, denominación que me gusta más para esta clase de películas), pero que en su apogeo no dudó en adentrarse en el montaje grand guiñol, mezclando entre los pasajes documentales otros totalmente ficticios, como en la famosísima escena del león de Hombres salvajes, bestias salvajes (Ultime grida dalla savana, 1975, de Antonio Climati). Y por supuesto, llegamos a Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980, de Ruggero Deodato), hija del mondo y del canibalesco, referencia con la que no pocas veces se ha referenciado El proyecto de la bruja de Blair.

blair_02

Holocausto caníbal no solo explotaba el mockumentary en su modalidad found footage, sino que también destacó por su estrategia de marketing para vender la película como si tuviera partes documentales reales. Los actores, por ejemplo, firmaron como cláusulas de sus contratos que durante el año siguiente al estreno de la película no podrían aparecer en ningún medio, ni en otras películas, TV, prensa, etc. Se pretendió alimentar la aureola de que el contenido found footage era real, y que por lo tanto aquellas personas estaban realmente muertas. La táctica se volvió en contra de Deodato y los productores, que fueron arrestados en Milán, la película confiscada, y tuvieron que dar muchas explicaciones y acreditar la naturaleza ficcional de su film y el paradero de los actores para ser liberados de los cargos. A pesar de eso, en todo el mundo muchas personas no llegaron a enterarse de la exculpación hecha por los autores, y siguieron creyendo en la veracidad de Holocausto caníbal, algo además muy reforzado por la brutalidad (esta sí) autentica que la película exhibe contra distintos animales. En España la revista sensacionalista Interviu alimentó la controversia publicando un reportaje fotográfico titulado “Comidos en su propia trampa”, con una breve columna de texto que venía a decir que la película que estaba a punto de estrenar Alianza Cinematográfica Española (la distribuidora en nuestro país) mostraba escenas reales de muerte y canibalismo. En la España de 1980 funcionó y fue todo un bombazo. Nada como el morbo…

blair_03

En España se volvió  a repetir esta baza en 1982, usando como vehículo al programa La puerta del misterio de Dr. Jiménez del Oso, cuando se emitió el telefilm británico Alternativa 3 (1979) como si fuera un reportaje de investigación auténtico, sin avisar de que era un falso documental. (Nota: muchos años después repitió una vez más la jugada Iker Jiménez, cuando le dedicó un espacio en uno de los programas de las primeras temporadas de Cuarto milenio al inconcluso –que sepamos- Ataúdes de luz de Nacho Cerdá).

A raíz de El proyecto de la Bruja de Blair el género se ha visto intensificada esta corriente, pero por supuesto entre Holocausto caníbal y ella hubo otras muchas iniciativas, entre las que destacan las oscuras Manson Family Movies (1984, de John Aes-Nihil) o UFO Abduction (The McPherson Tape) (1989, de Dean Alioto), el célebre y archicomentado Ghostwatch, Lesley Manning, 1992) de la BBC reverdeciendo su faceta experimental, la imprescindible Ocurrió cerca de su casa (C’est arrivé près de chez vous, 1992, de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde) o The Last Broadcast (1998, de Stefan Avalos y Lance Weiler), que es sin duda de todas ellas la que más se parece a la Bruja Blair, tan solo un año antes que ella. UFO Abduction, por cierto, tuvo un remake el mismo año en que salía The Blair Witch: Alien Abduction: Incident in Lake County, fue trasmitido por la cadena de TV UPN, con resultados similares al del Ghostwatch de la BBC, muchos espectadores que se la creyeron a pies juntillas.

Es decir, que Daniel Myrick y Eduardo Sanchez ni estaban solos, ni inventaron el falso documental. ¿Son éstas películas que engañan al espectador? Toda narración ficcional tiene un componente de engaño consentido, el espectador/oyente desea vivir la historia de una manera emotiva como si fuera real, al menos durante el trascurso del relato. Es como el cosquilleo que siente el cuerpo cuando está en una montaña rusa, y de una manera muy primaria siente que se va a precipitar al vacío. En realidad, en todo momento sabes que no es así, a veces simplemente confías en ello, otras veces el montaje es más o menos obvio, pero la duda es necesaria, y el juego es todavía más divertido en directa proporción a ésta. Si la fuerza emotiva de las historias está a menudo en su credibilidad, el falso documental es la culminación lógica, antes de llegar a la realidad virtual,  de los objetivos del cine de inmersión total del espectador.

En el caso de El proyecto de la Bruja Blair, la idea se fue urdiendo desde los tiempos de estudiantes de Daniel Myrick y Eduardo Sanchez, allá por 1993, con lo que tuvieron tiempo para darle bastante forma. Ellos tuvieron claro desde el primer momento que la inmersión en la realidad ficcional (bonito oxímoron) debía expandirse más allá de la sesión de proyección. Más aún: que la mejor manera de lograr la financiación para el proyecto era comenzar por sumergir en la leyenda ya a los mismos productores, y de paso utilizarlos como experiencia teaser.

El ficticio Rustin Parr

El ficticio Rustin Parr

Myrick y Sanchez no solo urdieron una historia, sino que la apoyaron documentalmente. Así se inventaron a Rustin Parr, un solitario asesino pedófilo que en 1941 confesó haber asesinado siete niños, por lo que fue juzgado y condenado a muerte. En los interrogatorios y entrevistas que se le hicieron, Parr dijo que desde unos años antes oía una voz dentro de su cabeza que no paraba de atormentarle y de mandarle que hiciera cosas. La voz fue identificada con Elly Kedward, una mujer que fue condenada por bruja en el siglo XVIII en el pueblo de Blair. Acusada de haber secuestrado a varios niños, sus conciudadanos la colgaron en el bosque y dejaron su cuerpo allí. Poco después éste desapareció. Rustin Parr aseguraba haber tenido encuentros en el bosque con una extraña mujer que vestía ropas largas y oscuras. La voz de la mujer había comenzado a ordenar a Parr que comenzara a hacer cosas, al principio sencillas, y finalmente que secuestrara niños y los matase. El pueblo de Blair se llama actualmente Burkittsville, y Parr había secuestrado ocho niños, de los cuales solo uno había conseguido escapar: el pequeño Kyle Brody, que acabó sus días en una institución psiquiátrica, afectado por la experiencia. Parr siguió siempre la misma metodología: capturaba a sus víctimas de dos en dos, y torturaba y asesinaba a uno de los niños mientras obligaba al otro a permanecer de cara a la pared, escuchándolo todo. “Rustin Parr”, el nombre del personaje, es un anagrama de “Rasputín”, así como “Elly Kedward” es un anagrama de Edward Kelley, un conocido ocultista del siglo XVI del círculo de John Dee.

blairrrr

Pero Myrick y Sanchez hicieron algo no tan habitual en el falso documental, desarrollaron material faximil de apoyo que daba soporte a toda la historia. Seleccionaron fotografías y las trataron, crearon periódicos de época artificialmente envejecidos, etc. Destaca un ejemplar de Washington Press de los años 40 que daba la noticia sobre la detención y confesión de Rustin Parr, así  como recorder de otros periódicos coetáneos. A continuación, tomaron todo ese material como referencia documental y filmaron un reportaje documental de 16 minutos: The Blair Witch Project: The Story of Black Hills Disappearances. Este primer falso documental en corto sirvió de teaser ante los posibles inversores. Crearon una productora con el propósito de impulsar desde ella su proyecto, y la llamaron Haxan Films, con sede en Orlando (Florida), de donde eran la mayoría de sus fundadores, entre los cuales, además de Myrick y Sánchez, se encontraban sus ex compañeros de clase Gregg Hale, Robin Cowie y Michael Monello, a la postre productores de la película. Obviamente el nombre de su productora lo tomaron de la fundacional película Haxan (1922) de Benjamin Christensen, que a su manera también era un pseudo-documental pionero.

blairmissing

Cuando se presentaban ante alguien para tratar de atraer financiación para el proyecto le enseñaban The Blair Witch Project: The Story of Black Hills Disappearances, los periódicos, las fotos y recortes sobre Rustin Parr… y obviamente les contaban también que la gracia de todo esto era que, pareciendo tan real… sin embargo era solo una película de terror, la película de terror definitiva.

Esta estrategia para atrapar la atención de los inversores fue reutilizada una y otra vez, posteriormente orientada a la atención del público. Todo lo relacionado con los tres protagonistas y con su desaparición fue documentado y referenciado con una minuciosidad que en sí misma ya era todo un falso documental… multimedia.

Javier Ludeña

Especial: El proyecto de la bruja de Blair (2)

Especial: El proyecto de la bruja de Blair (3)

Especial: El proyecto de la bruja de Blair (4)

Especial: El proyecto de la bruja de Blair (5)

Esta entrada fue publicada en Cine Terror y etiquetada . Guarda el enlace permanente.