The Open House (Matt Angel, Suzanne Coote, 2018)

The Open House parte de la base de una pérdida familiar. Del vacío que deja alguien importante en nuestras vidas cuando nos lo arrebatan por un trágico accidente. A partir de ese instante, la mente queda a merced de la locura, la paranoia, el descontrol, algo que puede llevar a depresiones y a enfrentarse a los peores temores de uno mismo. Matt Angel y Suzzane Coote, los directores y guionistas de la película, construyen su historia alrededor de ese concepto y de los peligrosos que puede ser para la estabilidad de una persona. Juegan a ese juego que instauró The Blair Witch Project a finales de los 90; acerca de si lo que uno está viendo, a veces, es real o no. Es a partir de ese momento en el que The Open House se presenta como un thriller con aires de terror que termina convirtiéndose en un home invasion con aires de Wolves at the Door.  Pero, para su desgracia, pone demasiado a prueba la paciencia del espectador al querer alargar demasiado el detonante propiamente horror que la convierte en precisamente aquello que busca, un home invasion, y eso la lleva a generar situaciones que son totalmente prescindibles y que están bañadas por unos diálogos que a veces no tienen trascendencia alguna. Se puede tratar a The Open House como una especie de experimento con el que Angel y Coote han intentado variar la fórmula del subgénero sobre el que se mueve. Sin embargo, a pesar de que la intención pueda ser benigna, el resultado es algo caótico. Tanto en estructura, como en tratamiento del producto.

En el ámbito de las interpretaciones, no hay demasiado a destacar. Ni para bien, ni para mal. El protagonista, Dylan Minnette, que es quizás el más reconocido por su ya bastante completa carrera que abarca desde largometrajes como No Respires o Pesadillas, a series como Por trece razones, aquí no consigue aquí un efecto con fuerza suficiente como para provocarnos empatía. O un sentimiento similar que haga que, en el fondo, nos preocupemos por él y por la situación por la que está atravesando a nivel personal. Aparte de tener que lidiar con los ¿paranormales? sucesos que ocurren en su nuevo hogar, no tiene muchos más quehaceres en pantalla. Por otro lado, sendos directores tienen sus papelitos en el film para hacer sus apariciones estelares y rellenar un poco el bulto para que la historia no quede solo reducida a dos personajes. Pero ni con esas consiguen levantar The Open House. Es un film que bebe demasiado de otros referentes que esconde en su interior y no saca una personalidad propia como otros home invasion o thrillers. Su principal pecado es querer manejar ambos géneros al mismo tiempo para que la cinta parezca un producto de Netflix original y distintivo del resto. Y eso se convierte en un arma de doble filo que termina siendo más perjudicial que favorable.

The Open House termina siendo un producto con unas bases referenciales muy marcadas, pero con un potencial escondido sin desarrollar. Como la relación que se establece con los protagonistas que habitan la casa con la oscuridad del sótano, el principal foco que emana problemas en su nueva etapa. Puede que si se hubiera fijado más en Los extraños que en Silent House, le hubieran ido mejor las cosas.

Xavi Mogrovejo

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