The Dark (John Fawcett, 2005)

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Tras sufrir una crisis en la relación con su hija Sarah, Adele se la lleva con ella a la casa de su ex-marido James, situada en lo alto de un remoto acantilado en Gales. Pero Sarah desaparece tras caer de la cima del acantilado. James dirigirá la búsqueda de la niña mientras Adele empieza a obsesionarse con la presencia de ella por los oscuros rincones de la casa, hasta que aparece en su cama Abigail, una niña que según parece falleció muchos años atrás, haciendo real una leyenda sobre un lugar llamado “The Dark”, donde van a parar los muertos y del que se puede regresar si se hace un sacrificio humano…

A pesar de que su carrera como director se compone ma yormente de trabajos televisivos –entre los que destacan sus aportaciones para series de corte fantástico como  la producción de Steven Spielberg Abducidos o la estupenda Orphan Black, de la cual es también productor-, el mayor impacto que había conseguido el canadiense John Fawcett, especialmente entre los seguidores del género fantástico, fue Ginger Snaps, película que logró un núcleo de admiradores bastante amplio intentando revisar el mito de la licantropía acercándolo al público adolescente con bastante inteligencia, y que logró estirar su éxito con una secuela bastante apañadita y una precuela ya un tanto floja.

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Las virtudes y los defectos en esta película se dividen de un modo notable. Entre las primeras –que ganan a los segundos desde el punto de vista de un servidor, pero por una diferencia poco notable- se puede encontrar, destacando por el resto, la creación de una atmósfera de lo más apropiada para este cuento de fantasmas inspirada en las leyendas gaélicas, destacando la hermosa fotografía de Christian Sebaldt, las buenas interpretaciones en especial de la pareja de protagonista, una Maria Bello en plena forma y un Sean Bean que encarna en esta ocasión a un noble padre que pasa por más de un momento de angustia. También el diseño de los personajes es bastante acertado, no hay simple mensaje moralista en la historia que se nos cuenta, y es que el amor no siempre todo lo puede, o quizá se deje una pequeña puerta ambigüa y con mala uva sobre los verdaderos sentimientos que oculta en su interior Adele, mientras que con un poco de malicia se nos presenta a la hija de los protagonistas Sarah como repelente y estúpida, mientras que la fantasmita Ebrill resulta encantadora. Aquí, como he coincidido en comentarios con otros espectadores de la película, hay un cierto deseo de que, teniendo en cuenta que se está observando una obra de ficción, sea el personaje muerto en vida quien se salga con la suya, aunque no sea éticamente la opción más “correcta”. Pero he aquí la paradoja del uno de los vivos por uno de los muertos que incluye el mito de Gales. Los muertos también son víctimas, y aunque no tengan derecho a inmiscuirse en las vidas de los vivos, si un fantasma en edad infantil conserva su inocencia no tiene por qué tener conciencia del mal que puede estar haciendo, a la vez de que también es una víctima inocente. Y esta trampilla de Fawcett y el guionista Stephen Massicotte de acercar más a un personaje que al otro resulta bastante interesante. Y añadir también un viaje interdimensional que es vital para el desenlace de la película, que resulta bastante sugerente: por fin ver un personaje que atraviesa la puerta entre los dos mundos. Por otro lado decir que aquí ni director ni equipo técnico se esforzaron en exceso para darle un look mínimamente distintivo a esa otra dimensión –tiene un cierto olor a baratillo la cosa-.

Los defectos, por desgracia, son los habituales en este tipo de producciones destinadas a un público mayoritario. Las subidas de volumen para dar énfasis a escenas de sustitos, además de ser un pegote de lo más irritante y que solo sirven para disimular la impotencia de crear una escena que transmita pavor –hay mucha diferencia entre asustar y aterrorizar- empiezan a ser una costumbre demasiado molesta en las películas de terror actuales, así como buscar la clásica muerte del personaje secundario que uno ya se huele a la milésima de segundo de verle aparecer en pantalla que pasado un rato será un cadáver solo para intensificar la sensación de peligro aparente. Para ser una película de terror, funciona bien precisamente en los elementos más cercanos al cine de intriga psicológica o al drama, pero no termina de destacar en el género al que pertenece, siendo en los aspectos terroríficos donde resulta más vulgar. Demasiadas concesiones para una película de una duración corta  que evitan que destaque por encima de la media.

Javier J. Valencia

(Versión editada y revisada de un texto publicado originalmente en Pasadizo durante el año 2006)

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