The Babadook (Jennifer Kent, 2014)

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Amelia perdió a su marido en un accidente y tiene que compaginar su trabajo con cuidar de Samuel, su hijo de seis años. El niño vive angustiado porque está convencido de que un monstruo le acecha por las noches, y su comportamiento se vuelve cada vez más violento e impredecible. La situación da un vuelco cuando en la casa donde viven aparece un extraño libro, titulado “El Babadook”, y Samuel asegura que la criatura que en él se describe es la misma que quiere matarlo. Amelia no le cree, pero poco a poco, siente una extraña presencia a su alrededor y empieza a sospechar que los miedos de su hijo quizá sean algo más que fantasías…

Vaya por delante que Babadook es una de las películas de terror más sugerentes y redondas de los últimos años. Ni mucho menos es la obra maestra que algunas voces defienden, pero resulta innegable que estamos ante un sólido debut en la dirección que reúne, a priori, todas las condiciones para convertirse en un film de culto con el paso del tiempo.

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La mayor parte del mérito cabe atribuírselo a la labor de su directora, la actriz convertida en cineasta Jennifer Kent, responsable también del guion. Bajo el disfraz de una típica y tópica “película con monstruo”, sustentada sobre los no menos trillados miedos infantiles al hombre del saco, Kent realiza una cruel disección de la vida familiar en general y de las relaciones materno-filiales en particular. El retrato de una sufrida madre atormentada por la muerte de su marido, angustiada por una sexualidad reprimida y superada por la responsabilidad de educar a un niño tremendamente problemático, roza lo magistral y transmite una inequívoca sensibilidad femenina, dotando de una marcada personalidad al conjunto. El resultado es un film deliberadamente ambiguo: puede verse (y disfrutarse) como una historia de terror sobrenatural al uso, pero también como una obra enmarcada en el más puro terror psicológico. El espectador ávido de emociones fuertes se inclinará por la primera opción y no saldrá defraudado, mientras que el aficionado más exigente encontrará indudables puntos de interés acogiéndose al segundo planteamiento. Pero ambos son válidos, y la película está narrada con la suficiente habilidad para que se complementen mutuamente.

Mención aparte merece otro de los grandes pilares del film: la dirección de actores. Babadook incluye la mejor interpretación de un niño actor (Noah Wiseman) vista en el género fantástico en mucho tiempo, y cuenta con una deslumbrante Essie Davis en el papel protagonista, trabajo que le valió un merecidísimo Premio a la Mejor Actriz en el pasado Festival de Sitges. Pero no nos engañemos: el elemento más memorable y que sin duda calará entre el público es el villano de la función, el “Babadook” titular. El monstruo en sí es un triunfo de diseño, y nos lo presentan por primera vez en las ilustraciones de unsiniestro libro en formato pop-up,de esos que tantos recuerdos nos traen a los que fuimos niños en los ochenta. Una mezcla entre Freddy Krueger, los personajes góticos a lo Tim Burton y el Cesare del clásico expresionista El gabinete del Dr. Caligari, entre otros. Más escalofriante cuanto más reconocible y familiar nos resulta su aspecto.

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Comparada en cuestiones de estilo con el reciente cine de James Wan (los paralelismos argumentales con Insidious son bastante evidentes), el aficionado con buen ojo podrá encontrar, a poco que rasque su superficie, muchas otras referencias igualmente estimulantes: desde el cine de David Lynch hasta el del primer Roman Polanski, pasando por Poltergeist, Candyman e incluso un homenaje expreso a Las tres caras del miedo de Mario Bava, película que la protagonista está viendo por televisión en una determinada escena. Este entramado de guiños, unido a la indefinición temporal del film (Internet y teléfonos móviles conviven con televisores de tubo y coches de líneas angulosas), consigue aunar lo clásico con lo moderno sin apenas chirriar en el proceso.

Y digo apenas, porque es comprensible que algunos encuentren insatisfactoria la representación visual del Babadook, resuelta con efectos artesanales que resultan muy artificiales (por mucho que Jennifer Kent haya afirmado que ésa era precisamente su intención). Asimismo,el tramo final peca de estar un tanto alargado y no puede evitar caer en algunos efectismos innecesarios durante el clímax, pero un epílogo soberbio e inquietante se encarga de redimirlos. En cualquier caso, todos ellos son males menores eclipsados por la honestidad de su propuesta, que se basa en anteponer la atmósfera a la sangre y el suspense al susto fácil.

De seguir por este camino, Jennifer Kent tendrá mucho que decir en el futuro mientras otros maestros del terror agotaron sus ideas hace décadas. ¡No os la perdáis!

Francisco Gabaldón

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